Fundadora de la compañía.

Fundadora de la compañía. Estée Lauder.

Magas-Mujeres en la Historia

Estée Lauder aprendió a formular cosméticos en un establo y levantó un imperio: los secretos de su método

La neoyorquina empezó aplicando sus cremas en los salones de belleza y regalando muestras gratuitas.

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Juanita Pérez
Publicada

Mucho antes de que el concepto de "empoderamiento" inundara los manuales de negocio, una mujer nacida en 1908 en Nueva York, llamada Josephine Esther Mentzer —conocida universalmente como Estée Lauder— ya estaba dictando las reglas del juego.

Su destino no se forjó en grandes despachos, sino en la observación silenciosa de su tío químico.

En el laboratorio improvisado que él instaló en el establo trasero de su casa, ella aprendió a formular cremas para la piel y su aplicación de forma profesional y descubrió que la belleza era una ciencia, pero venderla un arte.

Estee y Joseph H. Lauder en un baile de la Cruz Roja en The Breakers en Palm Beach.

Estee y Joseph H. Lauder en un baile de la Cruz Roja en The Breakers en Palm Beach.

El valor de la iniciativa

Su trayectoria es la crónica de una intuición infalible. Tras casarse con Joseph Lauter, se mudó a Manhattan y optó por llevar su apellido.

Sin embargo, fue adaptado cambiando una de las letras para suavizar su pronunciación y también con el fin de reforzar posteriormente la marca de su negocio. Así surgió Lauder.

El escenario donde se movió Estée no fueron las grandes avenidas, sino las sillas de los salones de belleza. Mientras las mujeres esperaban bajo los secadores, la estadounidense les aplicaba sus fórmulas, convencida de que el contacto directo era la llave del éxito.

E inventó un método infalible. Tenía la certeza de que la forma más adecuada para vender sus productos era dándoles una muestra gratis a sus clientas potenciales, para así mostrar los resultados en cada una de ellas y, adicionalmente, explicar el funcionamiento del mismo.

Lanzó oficialmente junto con su esposo la compañía en 1946, pero no fue hasta un año más tarde cuando recibieron su primer pedido importante, realizado por parte de la compañía Saks Fifth Avenue. Tuvo un valor de venta de, aproximadamente, unos 700 €.

Con su talento innato para las ventas y para saber qué es lo que desean las mujeres, Estée Lauder transformó la expectativa de compra en un espacio único, donde se le daba atención especial y excepcional a cada clienta, tradición que se conserva hasta la actualidad.

Además, implementó el obsequio por la compra, iniciativa de publicidad que impulsó mucho más la marca, creando una diferencia muy notoria en el mercado.

La revolución del perfume cotidiano

Las neoyorquinas guardaban sus fragancias para momentos especiales, pero la empresaria quería que cada una pudiera tener su propio perfume para el día a día, y no solo en una fecha específica. Por eso, lanzó al mercado el aceite de baño Youth-Dew.

Fue catalogado como un perfume para la piel. Este lanzamiento se caracterizó por sus olores florales con mezcla de rosas, jazmín, vetiver y pachulí. Fue allí cuando sus innovaciones tomaron rumbo al éxito empresarial.

Con este movimiento, democratizó el lujo olfativo y transformó la adquisición de cosmética en una experiencia de atención excepcional y personalizada, una tradición que la firma preserva casi un siglo después.

Foto de archivo de la empresaria.

Foto de archivo de la empresaria.

Un legado de detalle y dinastía

Estée y su marido se dedicaron a educar a sus hijos en torno a la empresa familiar, por lo que Leonard y Ronald se involucraron en el crecimiento del negocio, enfocados siempre en el factor diferencial de la innovación. Tres generaciones después, esta tradición sigue intacta.

La pionera del mundo de la cosmetología estuvo siempre presente en la apertura de sus tiendas y, adicionalmente, trabajó en cada punto de venta durante una semana para realizar la preparación de sus empleados ante las técnicas de venta, la utilización de los productos y demás aspectos de calidad.

Algo que siempre mantuvo en su marca fue la atención al detalle, siendo ella misma quien investigaba las opiniones de los productos entre sus consumidores.

Tras su éxito dentro de la industria, estuvo al frente de la creación de cinco nuevas marcas, como son Aramis, Clinique, Prescriptives, Lab Series y Origins, con la premisa de la elaboración de alta calidad.

Estée falleció en 2004, pero su legado no se mide sólo en cifras de facturación, sino en la confianza que infundió en millones de mujeres.

Se marchó dejando una lección eterna: la verdadera luz, esa que define la actitud, nace de la mezcla perfecta entre la ciencia de una crema y la fuerza de la propia convicción.