Estas semanas se ha escuchado mucho el nombre de Ángeles Alvariño, una oceanógrafa española pionera en su sector. Por desgracia su nombre ha resonado en todas las noticias, no con motivo de actos de homenaje o reconocimiento a su trayectoria, sino porque pone nombre al barco que sigue buscando los cadáveres de Anna y su padre, Tomás Gimeno, presunto autor de su asesinato y el de su hermana mayor, Olivia, cuyo cuerpo fue hallado la semana pasada.

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El buque del Instituto Español de Oceanografía lleva semanas peinando el océano en busca de los cuerpos, sin embargo, pocas personas conocen la historia de Ángeles Alvariño (La Coruña, 1916-California, 2005). 

Oceanógrafa, zoóloga y profesora española, Alvariño fue precursora en la investigación oceanográfica mundial, y entre sus logros está el descubrimiento de 22 especies de organismos marinos. En 2015, diez años después de su muerte, fue la primera mujer investigadora elegida por la Real Academia Gallega de Ciencias (RAGC) para la celebración del Día de la Ciencia en Galicia. 

Retrato de Ángeles Alvariño. Anxo Miján Maroño Wikimedia Commons

Nacida en Ferrol e hija del doctor Antonio Alvariño Grimaldos, Ángeles siempre destacó por su inteligencia y curiosidad por aprender de lo que le rodeaba. A los tres años ya leía y aprendía solfeo y piano. Se interesó especialmente por las ciencias, lo que le llevó a Madrid en 1934 para iniciar sus estudios en Ciencias Naturales.

Entonces llegó la guerra civil y la universidad cerró, por lo que aprovechó ese tiempo para mejorar su nivel de francés y empezar a aprender inglés, algo que sería fundamental para el desarrollo de su carrera en Estados Unidos. 

Tras la guerra pudo retomar sus estudios universitarios y se licenció en 1941. Durante unos años trabajó como profesora de biología, zoología, botánica y geología en colegios universitarios de Ferrol, su tierra natal.

En 1940 se casó con Eugenio Leira Manso, capitán de la Marina de Guerra Española y Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. El matrimonio tuvo una hija en 1942, María de los Ángeles Leira Alvariño, que se acabó convirtiendo en una conocida arquitecta y urbanista.

Primeras investigaciones

En 1948 la familia volvió a Madrid después de que Eugenio fuera destinado al Instituto Español de Oceanografía (IEO), donde Ángeles se incorporó como becaria. Pese a que oficialmente la institución no admitía a mujeres, hicieron una excepción con Ángeles en 1950, debido a la calidad de sus trabajos de investigación. Más tarde, en 1952, se sacó por oposición una plaza como bióloga en el Centro Oceanográfico de Vigo del IEO, donde empezó a estudiar el zooplancton, que acabó convirtiéndose en una de sus especialidades.

Tal y como explica, Mujeres con Ciencia, sus primeros trabajos en el IEO abarcaron temáticas muy diversas, pero destacó su obra Los quetognatos del Atlántico, distribución y notas esenciales de sistemática, publicada en 1969. En ella recopilaba datos obtenidos entre 1952 y 1965 y describía una treintena de especies, acompañadas de ilustraciones detalladas y notas complementarias.

Previamente, en 1953, comenzó su andadura internacional con una beca del British Council con la que realizó investigaciones sobre zooplancton en el Laboratorio de Plymouth. Derribando muros, Ángeles se convirtió en la primera mujer a bordo de un barco británico de investigación en calidad de científica. 

Salto a EEUU

Más tarde recibió una subvención de la Comisión Fullbright para continuar sus investigaciones sobre zooplancton en el Instituto Oceanográfico Woods Hole de Massachusetts. Durante este tiempo trabajó bajo la tutela de Mary Sears, una reconocida zooplanctóloga experta en sifonóforos y presidenta del primer congreso oceanográfico de los Estados Unidos.

Ángeles Alvariño desarrolló gran parte de su carrera profesional en Estados Unidos y pasó por el Instituto Scripps de Oceanografía de California, tras ser recomendada por Sears. Allí permaneció hasta 1970 analizando miles de muestras de plancton de distintos océanos. Entre otras, estudió la especie de Sagitta scrippsae, recién descubierta y una indicadora muy útil de las aguas frías procedentes del Norte (Corriente de California). Al mismo tiempo, trabajó en el estudio de la repercusión en las corrientes y la dinámica oceánica, y se doctoró en Ciencias por la Universidad de Madrid.

En los años siguientes se mantuvo en constante evolución y pasó por instituciones de reconocido prestigio como el Southwest Fisheries Science Center (NOAA), donde ocupó el cargo de Bióloga Investigadora. Es autora de una gran cantidad de artículos y describió 22 nuevas especies planctónicas, dos de las cuales llevan su apellido: el quetognato Aidanosagitta alvarinoae y la hidromedusa Lizzia alvarinoae

También recibió numerosos nombramientos académicos de universidades como la Universidad Federal de Panamá, el Instituto Politécnico Nacional de México, la Universidad Nacional Autónoma de México o Universidad de San Diego, en estas dos últimas realizó estancias como profesora asociada o visitante.

En los últimos años de trabajo se dedicó además a promocionar la historia científica de España y escribió el libro España y la primera expedición científica oceánica

Se jubiló oficialmente en 1987, pero siguió trabajando durante años como científica emérita, publicando los resultados de sus investigaciones y colaborado con expediciones organizadas por todo el mundo. 

En febrero de 2012, en el Astillero de Armon Vigo, fue botado el buque oceanográfico Ángeles Alvariño amadrinado por su hija. El barco entró en servicio en julio de ese año y está dotado de una avanzada tecnología para la investigación. Por desgracia, ahora es conocido por tener que cumplir un papel importante, pero muy duro: encontrar los cádaveres de Anna y Tomás, cuya desaparición tiene en vilo a España desde hace más de un mes.