Nada Lottermann para Hoss Intropia.
Nada Lottermann y el arte de volver a Hidra: "La isla no es sólo un lugar que fotografío, es un lugar que entiendo"
La fotógrafa considera este mágico rincón de Grecia como su segundo hogar.
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Hay destinos que se convierten en tendencia durante una temporada y otros que permanecen para siempre en la memoria de quienes los descubren. La isla de Hidra pertenece a esta segunda categoría.
Suspendida en el golfo Sarónico, lleva décadas ejerciendo una atracción silenciosa sobre escritores, artistas, músicos y viajeros. Ajena al ruido de los coches y al ritmo acelerado de las grandes ciudades, es un imán para la gente que busca algo más que un paisaje de postal.
Allí encontraron refugio figuras como Leonard Cohen y sigue existiendo una forma distinta de medir el tiempo, una que invita a observar antes que a consumir. Nada Lottermann, fotógrafa y directora creativa de Voices & Places para Hoss Intropia, nos invita a descubrirla.
Para ella y su familia, la isla representa su "segundo hogar". La relación comenzó hace 20 años, cuando ella y su marido decidieron casarse allí. Desde entonces, el viaje estival se ha convertido en un ritual familiar que trasciende el descanso.
Es el lugar donde recuperan el silencio, donde sus cuatro miembros encuentran un espacio compartido y donde la creatividad parece surgir de manera natural.
Rincones de Hidra.
Su vínculo con este sitio tan especial protagoniza una de las conversaciones de Voices & Places, el proyecto de Hoss Intropia que explora cómo determinados lugares terminan formando parte de la identidad de las personas.
En el caso de Lottermann, el atolón no aparece como un escenario para fotografiar, sino como un paisaje íntimo que ha transformado su manera de mirar.
La afirmación adquiere un significado aún más profundo cuando habla de sus raíces. "Soy mitad griega y creo que el idioma es una parte muy importante de cómo descubrimos las historias y de cómo las vivimos", cuenta.
Para ella, las lenguas son mucho más que una herramienta de comunicación: "Siempre me han encantado; cada una se siente como una historia y una canción en sí misma".
Esa sensibilidad atraviesa también su forma de trabajar. "La isla no es solo un lugar que capturo, sino un lugar que entiendo a través de su ritmo, su gente y su idioma", sigue.
En un momento en el que el turismo parece reducir los destinos a una sucesión de imágenes compartidas en redes sociales, la fotógrafa reivindica el valor del tiempo.
El suyo con este lugar tan entrañable no se mide en escapadas, sino en más de dos décadas de regresos continuados. "Su increíble calma y sencillez siguen inspirándonos cada año", comenta.
Voices & Places de Hoss Intropia.
Esa inspiración tiene mucho que ver con la posibilidad de detenerse. Tanto ella como su marido desarrollan profesiones creativas y encuentran en esta ubicación de la geografía helénica el contrapunto perfecto a la intensidad de la vida urbana.
"A veces necesitamos una larga pausa de todo lo que ofrece una gran ciudad", explica. Lejos de perseguir una agenda repleta de actividades, busca precisamente lo contrario: "Aquí es maravilloso aburrirse, no hacer nada más que comer, dormir, nadar y, de vez en cuando, conocer a personas fascinantes".
No resulta extraño que este paraíso griego haya sido, durante generaciones, un refugio para artistas. Al preguntarle si aquella energía creativa continúa viva, Lottermann responde sin dudar. "Tiene un magnetismo especial, sobre todo para las personas sensibles y creativas", añade.
Para ella, el secreto reside en una mezcla de emociones aparentemente opuestas. "En ella conviven la melancolía, la alegría y una innegable sensualidad. Creo que esa combinación resulta increíblemente seductora", sigue.
Más que ofrecer inspiración de forma explícita, la isla invita a adoptar otra actitud frente al mundo. "Te invita a bajar el ritmo, observar y simplemente sentir", afirma. Y concluye con una idea que resume tanto su experiencia como la de tantos creadores que han pasado por allí: "Creo que eso es precisamente lo que buscan los artistas".
Su profesión le ha llevado a inmortalizar numerosos destinos para editoriales y campañas internacionales, pero trabajar en Hidra supone una experiencia distinta. No porque sea más fotogénica que otros lugares, sino porque el conocimiento acumulado durante tantos años elimina cualquier barrera entre la fotógrafa y el paisaje.
"La mayor diferencia es que conozco esta tierra al detalle", asegura. Lejos de caer en una respuesta sentimental, insiste en el aspecto práctico de esa familiaridad.
La mágica isla de Hidra.
"No es una respuesta romántica, sino muy práctica. Producir una sesión en un lugar tan mágico resulta increíblemente fácil y relajado porque conozco cada rincón, cada luz y cada ritmo del sitio", confiesa.
Esa intimidad con el territorio no elimina la sorpresa. Todo lo contrario. "Podría fotografiar aquí una y otra vez sin aburrirme jamás. Siempre hay algo nuevo por descubrir, incluso en lugares que he visto un centenar de veces", cuenta.
Una afirmación que resume uno de los grandes privilegios de volver siempre al mismo lugar: comprobar que son la mirada y el momento, más que el paisaje, los que nunca dejan de cambiar.
Si hubiera que condensar esa relación emocional con esta parte de Grecia en un único instante, la directora creativa no elegiría una playa escondida ni un rincón especialmente fotogénico. Su recuerdo favorito sucede antes incluso de desembarcar.
"Para mí es el momento en que el ferry entra en el puerto", comenta. La escena se repite verano tras verano y, sin embargo, conserva intacta su capacidad de emocionar. "Cada vez siento que me abraza. Me relajo al instante y todavía siento mariposas en el estómago. Es la sensación de llegar a casa".
Al imaginar la fotografía definitiva sobre lo que representa la isla, tampoco piensa en un paisaje vacío ni en un atardecer perfecto. La imagen que escogería es mucho más sencilla y, precisamente por eso, más elocuente.
"Veríais a mi familia en algún lugar de Hidra, todos sonriendo exactamente de la misma manera", continúa. Lo importante no sería el escenario, sino la expresión compartida. "Nuestros ojos brillarían porque los cuatro hemos encontrado un lugar que amamos por igual".
En una época en la que viajar suele asociarse a descubrir continuamente nuevos destinos, la historia de Nada Lottermann propone una idea diferente: que el verdadero lujo quizá no consista en ir siempre más lejos, sino en encontrar un lugar al que regresar.
Voices & Places de Hoss Intropia.
Un sitio capaz de seguir despertando la curiosidad después de 20 años y donde la inspiración nace, simplemente, de caminar despacio, escuchar el idioma, reconocer la luz y sentir, una vez más, que se está en casa.
Y eso, más que una postal de verano, es una forma de entender el mundo.