Piezas del desfile de la colección Women's FW26 de Moschino.

Piezas del desfile de la colección Women's FW26 de Moschino. Página oficial de Moschino

Moda

De los 'bloomers' a la bicicleta: la historia oculta detrás de los 'balloon jeans', los icónicos pantalones de moda en 2026

La silueta abombada lleva casi dos siglos demostrando que el volumen nunca ha sido solo una cuestión estética, sino también una forma de libertad.

Más información: De Dior a Coperni y Balenciaga: la tendencia globo que devuelve el protagonismo al volumen en faldas, vestidos y pantalones

Isabel Yuste Tosina
Publicada

Hoy los conocemos como balloon jeans, barrel jeans o harén. Cambian de nombre según la época, pero todos comparten una misma silueta: amplia, redondeada y ajustada en el tobillo. Lo curioso es que detrás de esa forma aparentemente nueva se esconde una historia que comenzó mucho antes de las pasarelas actuales.

Lo interesante es que esta no es sólo una historia de tendencias. Detrás de esos pantalones hay casi dos siglos de mujeres, diseñadores y movimientos culturales que entendieron el volumen como una forma de libertad.

Porque la moda no siempre avanza estrechando las siluetas. A veces, como sucede ahora, avanza dándoles espacio.

Cuando moverse fue una revolución

La historia comienza a mediados del siglo XIX, en Nueva York. Amelia Bloomer dirigía The Lily, una de las primeras publicaciones escritas por y para mujeres. Allí defendía el sufragio y la reforma social, pero terminó pasando a la historia por algo mucho más inesperado: un pantalón.

El diseño no era suyo. Se lo debía a Elizabeth Smith Miller, que comenzó a llevar uno amplio, recogido en los tobillos, bajo una falda más corta. Le permitía caminar, subir escaleras y realizar tareas cotidianas con una libertad que no permitían las pesadas capas del vestido victoriano.

Bloomer lo defendió en sus páginas y lo llevó a la calle. La prensa terminó bautizándolos con su apellido: los bloomers.

La reacción fue inmediata y feroz. Hubo caricaturas, editoriales indignados y chistes sobre mujeres que querían vestirse como hombres. La prenda se convirtió en una amenaza porque cuestionaba algo aparentemente pequeño, pero profundamente político: quién tenía derecho a moverse con comodidad.

Bloomer acabó dejando de utilizarlo en público, agotada por la polémica y convencida de que el escándalo podía distraer la atención de otras reivindicaciones. Pero la idea ya había echado raíces: el confort podía ser un símbolo de emancipación.

La bicicleta terminó su misión

A finales del siglo XIX apareció una aliada inesperada y definitiva: la bicicleta. Montar con corsé, enaguas y una falda hasta los tobillos no era solo incómodo, también podía ser peligroso.

Viñeta 'La 'nueva mujer' y su bicicleta', de mediados del siglo XIX.

Viñeta 'La 'nueva mujer' y su bicicleta', de mediados del siglo XIX. Library of Congress

Muchas mujeres recuperaron entonces los pantalones amplios bajo faldas más cortas. Lo que antes había sido una provocación política se convirtió en una necesidad práctica. El vestido debía adaptarse al movimiento y no al revés.

La sufragista Susan B. Anthony llegó a afirmar que un vehículo de dos ruedas había hecho más por la emancipación de las mujeres que cualquier otra cosa: no era sólo un medio de transporte, era autonomía.

Oriente llega a París

Medio siglo después, la moda recuperó aquella misma intuición desde un lugar completamente distinto. Paul Poiret liberó a las mujeres del corsé y, hacia 1910, presentó unos bombachos inspirados en una visión occidentalizada de Oriente: fluidos y muy alejados de la rigidez que todavía dominaba el armario femenino.

El impulso llegó también del escenario. Los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, con Léon Bakst diseñando decorados y vestuario, llevaron a París una estética saturada de color, estampados y volúmenes inesperados.

Poiret trasladó aquella fantasía a sus colecciones y a sus célebres fiestas. Nacieron así sus pantalones harén.

Diseño de Paul Poiret.

Diseño de Paul Poiret. Wikimedia Commons a través del Museo Metropolitano de Arte (Met) de Nueva York.

Ya no era activismo. Era alta costura. Pero la silueta seguía contando una historia parecida.

También contenía una contradicción. Aquella libertad se construía desde una mirada europea que convertía Oriente en fantasía. La moda ganaba movimiento mientras simplificaba culturas enteras. La historia de una prenda rara vez avanza sin zonas incómodas.

Cuando el cuerpo dejó de ser el molde

Durante décadas, la silueta abombada apareció y desapareció. Regresó en distintos momentos bajo nombres diferentes, pero en los años 80 adquirió un significado nuevo.

Issey Miyake, Rei Kawakubo y Yohji Yamamoto cuestionaron desde Japón la idea occidental de que la ropa debía dibujar, corregir o sexualizar el cuerpo. Los pliegues, las asimetrías y las proporciones exageradas permitieron imaginar una feminidad que no necesitaba definirse por la cintura. Por primera vez, el cuerpo dejaba de ser el centro del vestido para convertirse simplemente en quien lo habitaba.

A comienzos de los años 2000, el harén volvió unido a la estética bohemia. Perdió parte de su carga intelectual, pero conservó su capacidad para romper con el pantalón ceñido.

Del archivo a las pasarelas

La prueba de que esta silueta ha vuelto a lo grande está en los desfiles de 2026. Altuzarra la convirtió en una de las claves de su colección de primavera/verano, con botines y cazadoras de cuero, mientras Michael Kors, Balmain y otras firmas presentaron sus propias versiones, desde las más estructuradas hasta las ligeras y casi transparentes.

Diseños presentados recientemente por Altuzarra, Balmain y Michael Kors.

Diseños presentados recientemente por Altuzarra, Balmain y Michael Kors. Página web de Altuzarra/Getty Images

El otoño no se ha quedado atrás. Chloé lo devolvió a la pasarela en sedas fluidas y volúmenes tan amplios que, en algunos looks, parecían faldas. Moschino y Cult Gaia también incorporaron pantalones globo a sus colecciones.

La tendencia ha saltado enseguida a la calle. Zara, H&M, Mango, Massimo Dutti, Reformation y Madewell ya ofrecen interpretaciones en algodón, lino y denim.

El barrel jean es su versión más cotidiana. Mantiene la curva exterior y el bajo estrecho, pero sustituye la teatralidad del harén por la resistencia del vaquero. Es reconocible, agradable y lo bastante extraño como para renovar un armario lleno de modelos rectos.

Por qué vuelve ahora

No es casualidad que los balloon jeans reaparezcan precisamente ahora. Después de la pandemia, muchas personas descubrieron que no estaban dispuestas a volver a vivir dentro de prendas incómodas. El athleisure normalizó las siluetas relajadas y la moda de género fluido cuestionó que existiera una única manera de vestir el cuerpo.

También ha cambiado la relación con la talla. Frente a décadas de diseños que obligaban al cuerpo a adaptarse, una nueva generación exige ropa capaz de acompañar sus movimientos y sus transformaciones.

Quizá por eso resulta tan actual una silueta nacida hace casi dos siglos. Porque, aunque cambien los nombres o las tendencias, seguimos utilizando la ropa para responder a las mismas preguntas: cómo queremos movernos, cómo queremos habitar nuestro cuerpo y cuánto espacio estamos dispuestos a ocupar.

Cuando una prenda gana volumen, casi siempre es porque alguien, antes, ganó libertad.