Foto del carrusel final del desfile.

Foto del carrusel final del desfile. Firas Abdullah | EFE

Moda

Chanel sacude la rutina con su última colección de Alta Costura convirtiendo el Grand Palais en un jardín de cuento

Matthieu Blazy se sumerge en la fantasía de los cuentos infantiles con su última propuesta sin perder de vista el ADN de la maison.

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A pesar de que Chanel está recorriendo el mundo de la mano de Matthieu Blazy, su hogar sigue siendo París. Y, en concreto el Grand Palais, cuyo camino siempre recuerda gracias a un rastro de migas reinterpretadas en forma de joyería y tweed, reescribiendo el cuento de Hansel y Gretel. Añadiendo otro capítulo a la historia de la firma.

Ante los presentes, de forma física y telemática, un jardín de ensueño que hace confundir la Alta Costura de otoño-invierno 2026/2027 con la primavera-verano.

Al igual que Alicia accedía al País de las Maravillas con su caída por la madriguera del Conejo Blanco y un tornado arrastraba a Dorothy al mundo de Oz, los invitados a descubrir esta nueva historia de la maison han entrado en la mente del director creativo de la casa mediante una vegetación descomunal que también hacía referencia al mundo de fantasía de las historietas infantiles.

En cada salida, en cada segmento, la esencia del creativo se funde con la del atelier, demostrando que lo de sus propuestas previas no fue casualidad, sino ideas tan bien confeccionadas como las prendas y accesorios que confirman que lo que define al savoir-faire de Chanel está de vuelta para quedarse.

Los estilismos y diseños que van desfilando se contonean al ritmo de la tendencia —en este caso impuesta, nueva— y de los guiños que hacen que la mente no sólo se vea inmersa en la literatura infantil, sino en un repaso al recorrido de la maison.

La cadera, punto de inflexión en Chanel.

La cadera, punto de inflexión en Chanel. Firas Abdullah | EFE

Los cortes, que siguen apareciendo a la altura de la cadera, recuerdan a los años 20 y 30 del siglo pasado. Algunos peinados se suben a ese mismo carro.

Los sombreros —que se convierten en paja y hacen que las modelos se asemejen al espantapájaros de El Mago de Oz, sólo que sin ninguna pieza menos— trasladan la mirada a la década de los 80 y los 90, cuando nombres como Cindy Crawford o Claudia Schiffer se movían tal y como marcaban los dictados de Karl Lagerfeld. Pero también a algunos de los looks más icónicos y reconocibles de la propia Coco Chanel.

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KESPIMA260707_1003744313280 Reuters

La música, que arranca con la banda sonora de El señor de los Anillos, se integra de forma perfectamente medida en la pasarela, aquí todo es Alta Costura: desde los bordados y encajes que crean los pequeños detalles del exuberante jardín hasta las organzas, mucho más delicadas de lo que el tejido en primera instancia parece permitir.

En cualquier momento se avecina la salida de las princesas que dibujaban las aspiraciones de la infancia. Sin embargo, en su lugar comienzan a sonar una serie de órdenes robóticas que parece que invitan a despertar del sueño, al que sólo le quedan ya unos minutos.

Para soñar, Chanel.

Para soñar, Chanel. Firas Abdullah | EFE

La persona, así, se deshumaniza, pierde el contacto con la infancia. La joven adultez no es más que un trámite adjetivado para engañar el paso del tiempo, que siempre logra su victoria.

No obstante, una melodía familiar, aunque ya lejana, rebota en el Grand Palais: se trata de Kiss Me, de Sixpence None The Richer, un soniquete que llevó en volandas muchas de esas producciones de los 90 y comienzos de los 2000 que invitaron a soñar a las generaciones que ahora parecen derrotadas, engañadas por la broma de la vida.

Conforme se van dejando atrás las órdenes y la canción se cuela en la sala, las modelos van deshaciéndose de capas, desnudándose de forma simbólica ante los asistentes.

Y cuando el registro musical cambia de nuevo, pasándose al country y respirando cierto aroma norteamericano aun estando a miles de kilómetros de distancia del país de Dorothy, el cuento llega a su fin.

Y el negro y el blanco se funden, como los dos cisnes antagonistas que parecen estar destinados a entenderse. Y llega la novia, en cuya estética también se funde este tándem, esencia de la firma, ahora ejecutada por Blazy.

La novia de Chanel, un clásico de sus desfiles de Alta Costura.

La novia de Chanel, un clásico de sus desfiles de Alta Costura. Firas Abdullah | EFE

La ovación que recibe el director creativo —cuya estética deja claro que él es un mero invitado y que es su visión la que viene a dejar huella, no su persona— es la prueba fehaciente de que la maison ha encontrado su nueva voz. Una en la que conviven los tres tiempos y que se aleja de la Alta Costura más comercial que se promovía no hace mucho.

En la presentación, la fantasía se revela como una especie de vía salvadora ante la rutina. El tiempo de ocio es el que salva la memoria y la identidad, el que ayuda a establecer discursos propios y aleja la alienación.

Ahora, el público ha despertado del sueño, pero ya tiene una pista sobre qué hacer para, mediante unas migas, regresar a casa.