De izquierda a derecha, una modelo con un diseño de Solo Fortunata y la creadoras de contenido Sara Fructuoso y Eme de Amores.

De izquierda a derecha, una modelo con un diseño de Solo Fortunata y la creadoras de contenido Sara Fructuoso y Eme de Amores. Solo Fortunata, @sarafructuoso y @emedeamores

Moda

Del clavel al 'street style': los códigos del neochulapismo madrileño para vestir la esencia de San Isidro

Conforme se acercan las fiestas, las dudas sobre el traje tradicional, que ahora se renueva, crecen. Aquí, una guía de estilo detallada.

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Mayo es el mes de las flores. Eso se nota en la pradera, que se tiñe de tonalidades silvestres como el rojo de las amapolas o el amarillo que baña y salpica las margaritas.

Sin embargo, también se hace notar en vagones de metro, paseos matutinos y regresos vespertinos. Se acerca una fecha en la que los claveles hablan de tradición, que establecen una especie de código civil —una normativa oficiosa, que no oficial— en las melenas de las chulapas.

El manual de San Isidro dice que si se lleva un par y son de color carmesí, la mujer está casada; en el caso de que sean dos y blancos, el estado es de soltería. La combinación de colores es sinónimo de estar comprometida o en pareja.

Por otro lado, dos rojos y uno blanco es símbolo de viudedad. Si se coloca sólo uno y es rosa, se trata de una niña.

Este código floral sirve para coronar un uniforme que se asienta en otros pilares: el vestido de chiné entallado y el mantón de Manila para ellas; y la parpusa (gorra), el chaleco y el safo (pañuelo al cuello) para ellos.

Al igual que Madrid dibuja su historia de la mano de la arquitectura, hace lo propio con sus raíces trazando esta silueta de autenticidad mediante las citadas prendas.

La tradición madrileña castiza cobra sentido en detalles como estos. No obstante, la novedad también se va instalando en estas celebraciones que saben a antaño. En el caso de la costumbre de la capital, el concepto de neochulapismo hizo acto de presencia hace unos años, pero, ¿qué implicaciones tiene?

En primer lugar, conviene aclarar que se trata de un fenómeno cultural y estético que ha generado una nueva aura en torno a esa pureza madrileña. Todo viene propulsado por las generaciones más jóvenes, es decir, la Z y los millennials. Igualmente, desde la política también se ha hecho uso de este término.

Dos chulapos en el acto de la entrega de las Medallas de Honor y de Madrid del consistorio de la ciudad con motivo de San Isidro.

Dos chulapos en el acto de la entrega de las Medallas de Honor y de Madrid del consistorio de la ciudad con motivo de San Isidro. MARISCAL EFE

En cualquier caso, lo que hay que tener claro es que si el chulapismo costumbrista se aferraba a la pureza de la vestimenta de principios del siglo XX, su versión 2.0 habla de una identidad que sigue viva, es flexible y con un punto más urbano. En resumen, se asemeja más a la realidad del momento.

Cuando esto sucede, aquellos que optan por mimetizarse con la tradición se comportan como funambulistas. No es sencillo mantenerse cercano a la misma e introducir a su vez un componente más actual sin caer en clichés que poco tienen que ver con ese espíritu castizo, tan comercializable además hoy en día.

Los códigos del neochulapismo madrileño para vestir la esencia de San Isidro.

Esencia renovada

Maripi Robles es CEO de No Solo Una Idea Showroom así como de No Solo Una Idea Agencia. Igualmente, también es profesora de Comunicación de Moda en IED Madrid y la Universidad LCI VERITAS.

Según la experta, el neochulapismo funciona cuando no se limita a reproducir de forma directa el traje castizo, sino cuando toma sus códigos más reconocibles y los lleva a un lenguaje actual.

"Es fundamental no trasladarlos de forma literal para no caer en el folclore o disfraz", añade. Por otro lado, asevera que aquellos elementos que mejor se adaptan a esta tónica actual son el pañuelo, el chaleco, el mantón, el clavel, los lunares, la silueta entallada y ciertos volúmenes de falda.

Sin embargo, también alude a un componente fundamental de ese canallita madrileño que tanto ha dibujado la cultura pop en el imaginario colectivo: "Incluso la actitud castiza entendida como desparpajo, presencia y seguridad".

Bajo su opinión, el interés de esta nueva corriente está en sacar las herramientas del styling tradicional del terreno del disfraz y hacer de ellos una serie de detalles de estilo.

Esto tiene mucho sentido cuando la pretensión del concepto también es una reapropiación de las raíces. Cuando parece que todo el mundo es de Sevilla en la Feria de Abril o valenciano en las Fallas, merece la pena volver la mirada a los orígenes cuando pertenece de forma lógica. Sobre todo teniendo en cuenta que Madrid es una ciudad de acogida para muchos.

"En un mundo cada vez más globalizado necesitamos buscar el localismo, aquello que nos hace únicos y diferentes. Ahí está el éxito de las tradiciones. La afluencia de influencers en ciertas celebraciones ya se ha normalizado y creo que va a pasar lo mismo con los chulapos y las chulapas", explica la experta en Imagen, Comunicación y Simbolismo, Anitta Ruiz.

"Madrid además tiene ese componente tan especial, maravilloso de que cuando vienes, ya eres de aquí. En el fondo casi ninguno lo somos, pero es muy fácil sentirte parte de ella", añade.

La profesional también habla de que el hecho de que este traje regional tenga apenas siglo y medio de historia hace que visualmente sea muy moderno y, por tanto, permita reinterpretaciones a través de tejido y ligeras variaciones en el corte.

"Hay ciertas cosas que deberían permanecer, como esa parte de los volantes o de los claveles a partir de la corva de la rodilla o de las mangas de farol", detalla. No obstante, señala que el resto de cosas se pueden aceptar de forma orgánica, incluida la mezcla de estampados.

Ruiz establece una comparación con el traje de flamenca o de gitana y es que tanto con uno como con otro, se puede crear moda. Es decir, esta se puede generar a partir de una base, adaptando el diseño a tendencias y generaciones.

El código de vestimenta

Cuando Robles menciona esos "detalles de estilo" hace referencia a básicos que adquieren el ADN castizo mediante gestos clave: un mantón sobre una camisa blanca, un pañuelo bien colocado, un chaleco reinterpretado con un patronaje mucho más actual o un guiño floral.

"No hay necesidad de reproducir literalmente el traje, pero sí se puede apelar a él", explica la experta. Esto es especialmente interesante teniendo en cuenta los precios que pueden llegar a alcanzar las propuestas a medida.

El neochulapismo también se trata de hacer la tradición accesible, algo que entronca con los orígenes de la misma, asociada al pueblo. Igualmente, para aquellas que quieran seguir los códigos a pies juntillas, existen multitud de opciones. Una de ellas es Solo Fortunata.

En la imagen, uno de los modelos de Solo Fortunata.

En la imagen, uno de los modelos de Solo Fortunata. Solo Fortunata

La tienda, especializada en looks de chulapas, abre las puertas de su pop up store este fin de semana y el siguiente. Los días 1, 2, 3, 9 y 10 de mayo sus diseños estarán disponibles en Calle Jorge Juan 28, 1º Izquierda, Madrid.

El precio de sus vestidos se sitúa en torno a los 150 y 180 €. En cualquier caso, también hay posibilidad de optar por partes superiores y faldas de forma conjunta o por separado.

Cuando se trata de este tipo de costumbres, es interesante también tener en cuenta el concepto de artesanía y materiales de calidad en contraposición a la moda rápida y la globalización.

"A la hora de construir un look neochulapo, esas dos apreciaciones deberían tener el mayor peso, precisamente porque son los elementos que dan profundidad al discurso. Si esta tendencia se reduce a una estética rápida y de poca calidad, pierde su sentido", comenta Maripi Robles.

@soysarafructuoso Feliz san Isidro mis chicas 🥹🌸 Un sueño para mí este traje… tenéis el storytelling en mi perfil #SanIsidro #Chulapa ♬ La violetera - Sara Montiel

Además, la experta en comunicación de moda añade que el mantón, el bordado, los tejidos con caída, los acabados bien trabajados, la pasamanería, el encaje o una buena confección conectan con la memoria del traje tradicional y le aportan valor.

"Es la forma de volver a la esencia. Las tendencias globales pueden ayudar a actualizar el conjunto, pero no deberían borrar su raíz. El neochulapismo es interesante cuando combina códigos reconocibles con diseño, oficio y calidad; no cuando se convierte en un simple recurso visual", expresa.

En el equilibrio delicado que se establece entre herencia y reinvención se encuentra la esencia de Madrid. Mayo no sólo florece en sus praderas, sino que abre un espacio para conversar sobre identidad para no perder el alma.

Ser chulapa —o chulapo— no se adhiere a un código postal concreto. Supone avanzar con estilo propio entendiendo de dónde se viene para saber a dónde se va.