Irene Rodrigo y María Borrer, fundadoras de Alhaja.
María Borrero e Irene Rodrigo, jóvenes empresarias: "El objetivo es llegar a los dos millones con nuestras joyas"
La firma de joyas fundada por María e Irene, Alhaja, está presente en más de 100 puntos de venta internacionales, incluidos iconos del retail.
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Cuando María Borrero e Irene Rodrigo decidieron fundar Alhaja en 2020, sabían que no era solo un proyecto creativo; era el inicio de una aventura empresarial con identidad propia.
La firma de joyería que hoy rompe esquemas en un sector saturado de tendencias efímeras se ha convertido en un referente de la llamada slow fashion: joyería con historia, significado y producción ética.
Esta es, según ellas, la esencia que las impulsó a transformar una idea intuitiva en una empresa con repercusión internacional.
Taller Alhaja.
El nombre de la firma no es casual. "Alhaja", palabra de origen árabe que significa "joya" o "adorno precioso", resume a la perfección la filosofía que las fundadoras quisieron imprimir desde el primer boceto.
Para ellas, la joya no es un adorno más, sino un objeto cargado de emoción, memoria y cultura. Más que accesorios, quieren crear reliquias únicas y de calidad… "pensadas para durar".
Antes de hablar de cifras o expansión, Irene recuerda cuando dejaron de sentir que "jugaban a crear" y empezaron a construir una estructura con potencial empresarial. "Fue cuando vimos que había una demanda real y constante, y que podíamos responder a ella sin renunciar a nuestros valores", señala.
María, por su parte, lo sintetiza así: "Las piezas empezaron a tener vida propia, a conectar con personas que no conocíamos y a generar emoción", un punto de inflexión que marcó el paso de proyecto creativo a negocio con proyección.
El punto de inflexión llegó cuando dejamos de pensar solo en el producto y en su universo creativo
Este enfoque, basado en la narrativa, la emocionalidad y la conexión con quien porta cada pieza, ha sido clave para su diferenciación en un paisaje competitivo. Ellas no compiten con marcas similares; construyen un universo propio basado en historia, folklore mediterráneo, simbolismo y artesanía.
Antes de Alhaja, tanto María como Irene trabajaron en el corazón de la industria global del fashion retail, con experiencia en departamentos de diseño y compras de gigantes como Inditex y otros referentes de moda.
Colección Alhaja.
Esa etapa fue, según Irene, una "escuela brutal" que les enseñó disciplina, análisis del negocio y la importancia de conocer a fondo al consumidor.
También marcó un contraste radical con el ritmo y la filosofía de trabajo que buscaban construir: lento, cercano y profundamente conectado con los artesanos y los procesos reales de producción.
"Pasar de estructuras grandes y procesos estandarizados a un modelo más cercano, donde cada decisión tiene impacto directo en la producción, fue el mayor choque", explica Irene.
María apunta a una transformación mental: volver a un proceso creativo íntimo y flexible, donde no todo esté organizado por parámetros de eficiencia sino por sensibilidad, diálogo y respeto por el oficio.
Su apuesta —decidida desde el inicio— fue producir en España, con talleres locales, materiales nobles y procesos artesanales que no podrían acelerarse sin perder calidad. "Eso marcó el camino de la marca desde el primer momento", coinciden ambas.
Lo que empezó como un proyecto casi personal hoy se traduce en un crecimiento sólido: Alhaja está presente en más de 100 puntos de venta internacionales, incluidos iconos del retail como Le Bon Marché en París.
En Alhaja hay espacio para el diálogo, para la sensibilidad y para escuchar a los artesanos
En general, hay una percepción creciente —tanto en España como fuera— de que la joyería de autor y artesanal es algo más que un objeto. Es cultura, simbolismo y, sobre todo, conexión emocional.
Más allá de diseño y creatividad, para estas emprendedoras el mayor coste de una marca independiente es el tiempo: el de desarrollar, probar y producir cada pieza con cuidado. Y también el que requiere sostener una producción ética y local sin renunciar a principios.
Irene y María.
Precisamente, este compromiso con la sostenibilidad va más allá de marketing: más del 90 % de la colección se produce en España con materiales como plata 925 o latón bañado en oro de 18 quilates, perlas cultivadas y piedras semipreciosas.
En un mundo dominado por el consumo rápido, Alhaja impulsa una reflexión más profunda sobre la joya como algo duradero.
El 2025 ha sido un año muy importante a nivel creativo y estratégico
María explica que educar al cliente es parte del trabajo: ser transparentes con los procesos, el origen de las piezas y la artesanía detrás permite que quien compra entienda el valor real de lo que lleva.
"Nos gusta la idea de que una joya pueda ser un mensaje, algo que te regalas o regalas a otra persona con una intención bonita", dice Borrero.
Después de cerrar 2024 con una facturación de 1,5 millones de euros —una cifra que confirma la solidez del crecimiento experimentado en los últimos ejercicios— la firma entra en una nueva fase en la que el foco ya no está únicamente en expandirse
"2025 es un año para consolidar. El objetivo es llegar a los dos millones de euros, reforzando sobre todo los mercados en los que ya estamos", añade Irene.
Finalmente, cuando les pregunto cómo imaginan Alhaja dentro de unos años, no hablan de nuevos retos ni desafios, sino de algo más difícil de sostener: la coherencia. "Me gustaría que Alhaja siguiera siendo una marca honesta y coherente, independientemente de cómo crezca, y que la forma de crear y el cuidado por el detalle se mantengan intactos", concluye María.
La conversación termina donde empezó: en la idea de que una joya puede ser algo más que un objeto. Y que crecer, para ellas, solo tiene sentido si ese significado permanece intacto.