Mouna Ayoub, en la alfombra roja de Cannes.
Mouna Ayoub y sus 126 tesoros de Dior a subasta: la historia de la libanesa que sostuvo la alta costura de París
Esta libanesa, obsesionada por la moda, vende algunos de los diseños de su amplia colección en el hotel Le Bristol de París.
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Hay mujeres con fondo de armario y otras que han convertido su vestidor en un archivo histórico. Mouna Ayoub pertenece a la segunda categoría. Libanesa nacida en Kuwait en 1957, socialité internacional, empresaria, y filántropa de la moda, es quizá la figura más visible de un grupo muy reducido de multimillonarias que ha sostenido durante décadas la alta costura parisina.
Se trata de una tradición con más de 150 años de antigüedad basada en la confección artesanal a medida y en precios que desafían cualquier lógica industrial. Sin ese pequeño grupo de clientas —discretas, constantes y ferozmente leales— la haute couture habría quedado hace tiempo reducida a una reliquia simbólica. Ayoub no solo forma parte de ese círculo, lo encarna.
Una relación obsesiva con la moda
La socialité posee una colección con prendas y accesorios históricos.
Cuenta Mouna en la revista Tatler que empezó a coleccionar después de su primera pelea con su marido, con quien estuvo casada durante 20 años. Era Nasser Al-Rashid, asesor del rey Fahd de Arabia Saudí. Recuerda una ocasión en la que se preparaba para cenar con el jeque Ahmed Zaki Yamani, entonces ministro de Petróleo.
"Llevaba un vestido de Marc Bohan que no tenía mangas. Para los estándares saudíes, era extremadamente revelador. Mi entonces marido dijo: ‘¡Ni hablar!’. A lo que yo respondí: ‘No voy a ir’. Por amor a ese vestido, me quedé y él asistió solo", confiesa.
Desde entonces, nunca lleva dos veces la misma prenda de alta costura. Nunca. Y las principales casas de moda cuentan desde hace años con los llamados ‘maniquíes Mouna’, moldes exactos de su cuerpo que permiten confeccionar vestidos a su medida incluso cuando ella no está presente. Además, cuenta con dos mujeres que viven con ella sólo para vestirla.
No es una exageración ni una leyenda urbana: la relación de Mouna Ayoub con la moda no es aspiracional ni simbólica; es física, obsesiva y absoluta. El vestido no es un complemento de identidad, es la identidad misma.
La subasta del año en París
Por eso, cuando parte de su armario sale al mercado, no se trata de una subasta más, sino de un acontecimiento cultural. Este jueves 29 de enero, el hotel Le Bristol de París acoge la venta de 126 piezas de alta costura de Christian Dior procedentes de su colección privada, organizada por Kerry Taylor Auctions, junto a Maurice Auctions.
Ambas casas son referentes internacionales en pujas de moda y objetos de lujo: la primera es conocida por vender prendas de iconos históricos y la segunda, por su especialización de coleccionistas privados.
Se presenta como una de las citas más relevantes de la temporada y también una de las más elocuentes a la hora de entender qué lugar ocupa hoy la alta costura en la historia contemporánea. Se espera que los precios de la subasta oscilen entre 10.000 y 120.000 euros, dependiendo de la rareza de la pieza y del diseñador que la haya confeccionado.
Ayoub repasa la clasificación de las piezas antes de la puja.
Un archivo privado histórico
El armario de Mouna Ayoub destaca por volumen y también por una excentricidad que con el tiempo se ha convertido en mito. Se habla de que su colección personal se compone de más de 1.600 piezas de alta costura, aunque algunas fuentes elevan la cifra hasta superar las 10.000 prendas acumuladas a lo largo de su vida.
Todas ellas hechas a medida; muchas usadas una sola vez y otras tantas jamás estrenadas. Un archivo privado que, durante años, ha funcionado como un museo paralelo al margen de las instituciones oficiales.
La venta en París pone en circulación un conjunto de hasta 126 creaciones de Christian Dior, que permiten recorrer más de cinco décadas de historia de la casa francesa. El itinerario comienza en los años 60, con Marc Bohan al frente, continúa con la elegancia estructural de Gianfranco Ferré y se extiende hasta las interpretaciones más recientes de Raf Simons y Maria Grazia Chiuri.
Sin embargo, si hay una etapa que concentra miradas y expectativas es la firmada por John Galliano, autor de algunas de las piezas más espectaculares y deseadas.
Vestidos, conjuntos y siluetas excepcionales que funcionan como documentos históricos y que permiten trazar la evolución del gusto y del espectáculo asociado a la alta costura. Porque la alta costura no sólo refleja técnicas de confección; refleja también una idea del mundo, del lujo y del poder. Cada prenda es un fragmento de época.
Algunos de los diseños que se subastan de la distintas etapas de Dior. Maurice Auction
Entre las piezas más codiciadas figura un diseño de Galliano para Dior perteneciente a la colección Diorient Express 1998-99, conocido como ‘La Belle Armande’: una fantasía de bordados minuciosos y complejidad que podría alcanzar los 120.000 euros. También destacan un vestido de Ferré de la colección primavera-verano 1995, con bordados de cristal y tul, y un conjunto de Chiuri de 2021 que combina modernidad y tradición.
En conjunto, la selección ofrece una oportunidad de acceder a piezas que normalmente sólo se ven tras vitrinas museísticas o en los archivos internos de las grandes casas.
Una historia personal
La decisión de vender no es completamente nueva. A finales de 2023, la coleccionista sorprendió a la industria al asociarse con Kerry Taylor y Maurice Auctions para subastar 252 lotes de alta costura de Chanel, un movimiento que desconcertó a los insiders del sector. Hasta entonces, Ayoub había sido vista como una guardiana del archivo, no como alguien dispuesta a desprenderse de él.
Entre las piezas más destacadas de aquella venta se encontraba un abrigo bordado por Lesage, con motivos inspirados en la chinoiserie, idéntico a uno expuesto en varias muestras del Costume Institute del Metropolitan Museum of Art. Estimado entre 150.000 y 200.000 euros, se vendió finalmente por 312.000, confirmando el enorme apetito del mercado por la alta costura y desmontando la idea de que estas piezas sólo interesan a instituciones públicas.
Entonces, Ayoub explicó en una entrevista con The New York Times una de las razones que la habían llevado a desprenderse de parte de su archivo: "Los vestidos cortos son ideales para cuando eres joven y bella. Y desafortunadamente el tiempo ha pasado". No había dramatismo en sus palabras, sino una lectura de su propio cuerpo y del tiempo. La alta costura, para ella, siempre ha estado ligada a un momento vital concreto. Cuando ese momento pasa, la prenda no pierde valor; sino que cambia de destino.
Ella ha defendido estas subastas como una forma de compartir la belleza: "Han cumplido su función conmigo. Es hora de que pasen a manos de otro propietario, ya sea un museo, un particular o incluso la propia casa". En su visión, la alta costura no debe quedar encerrada en un armario, por legendario que sea, sino circular, desplazarse y seguir viva en otros contextos.
En 1998 el mundo también fue testigo de parte de ese legado cuando la coleccionista sacó a subasta el ‘diamante Mouna’, uno de los diamantes amarillos más imponentes del mundo, se vendió por 2,77 millones de euros en Christie's.
La verdad
Detrás del brillo y el exceso, la historia personal de Mouna Ayoub es más compleja de lo que su imagen pública sugiere. En su autobiografía La Vérité (2001), que se convirtió en un éxito en Francia, la empresaria narra desde su adolescencia en el Líbano hasta su matrimonio (o más bien sus tres uniones) fallido con un multimillonario afincado en Arabia Saudí —Al-Rashid, consejero del rey Fahd—, una profunda depresión y un intento de suicidio.
Habla en esas páginas del choque cultural, de dominación y de un sistema que anulaba a la mujer, y describe cómo su naturaleza extravagante chocó frontalmente con unas costumbres opuestas a su concepción de la vida. En ese contexto y en esa, denominada por ella misma ‘jaula de oro’, la moda fue refugio e identidad.
La Associated Press ha llegado a definirla como una "filántropa de la alta costura", no solamente por lo que compra, sino por lo que preserva. Durante décadas, su archivo ha funcionado como un museo privado paralelo, un espacio donde convivían Bohan, Ferré, Galliano, Simons o Chiuri. Ahora, ese museo se abre al mundo, pieza a pieza, bajo el escrutinio del mercado.
Mouna Ayoub, con algunos de sus diseños de alta costura en la alfombra roja.
Moda que es patrimonio
La subasta de Mouna Ayoub confirma una tendencia cada vez más clara: la alta costura ha dejado de ser únicamente vestuario para convertirse en patrimonio cultural, objeto de estudio y activo de inversión. En París no se venden solo vestidos, sino fragmentos esenciales de la historia de la moda. En un momento dominado por el consumo acelerado y las tendencias efímeras, esa belleza lenta, artesanal y extrema demuestra que sigue teniendo, y quizá más que nunca, un valor incuestionable.