El dúo artístico Twee Muizen en un posado para Hermès.

El dúo artístico Twee Muizen en un posado para Hermès. Hermès

Lujos

Los Escaparates de Artistas de Hermès conquistan Madrid con la mirada puesta en Marbella y Lisboa

Desde 2011, la 'boutique' de la Maison en Paseo de Gracia, Barcelona, ha colaborado con diversos artistas para intervenir sus escaparates.

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Hay algo distinto en la calle de José Ortega y Gasset de Madrid desde finales de febrero. No es el trasiego habitual del barrio de Salamanca ni el brillo reconocible del naranja tras el cristal. Es otra cosa.

Quien pasa frente al número 12 se detiene y percibe que el escaparate de Hermès ya no solo expone: convoca.

Tras las cristaleras de la histórica Maison, acostumbradas a exhibir piezas de altísima artesanía sobre escenografías minuciosas, se despliega ahora un paisaje con vida propia.

El escaparate de Hermès de la 'boutique' de la calle José Ortega y Gasset, de Madrid.

El escaparate de Hermès de la 'boutique' de la calle José Ortega y Gasset, de Madrid. Hermès

Esta vez no se trata únicamente de contemplar objetos bellos, sino de dejarse arrastrar por una invitación más íntima, de escuchar esa llamada que empuja a cruzar el umbral de lo conocido.

Inspirado en el tema anual de Hermès para 2026, L’Appel du Large —al traducirlo del francés sería algo así como La llamada de lo desconocido—, el dúo artístico gallego Twee Muizen, formado por Cristina Barrientos y Denís Galocha, ha concebido un viaje sensorial en el que el transeúnte deja de ser espectador para convertirse en viajero.

Detalle del escaparate de Hermès.

Detalle del escaparate de Hermès. Hermès

La instalación, vibrante en una paleta que oscila entre el naranja icónico de la casa, el blanco y el azul, despliega un paisaje textil y pictórico poblado de figuras de inspiración surrealista. Personajes suspendidos en un territorio a medio camino entre lo doméstico y lo onírico acompañan ese tránsito hacia lo desconocido.

“Hay un momento, casi imperceptible, en el que el mundo cotidiano se disuelve. Un susurro lejano, procedente de un lugar indeterminado, invita a dejarlo todo para emprender una travesía sin mapas ni guías”, explican los artistas.

Lo que ha sucedido en la capital en este 2026 es el resultado de una tradición consolidada. Hace 15 años que los Escaparates de Artistas de Hermès encontraron en España su laboratorio creativo. Desde 2011, Barcelona ha sido escenario de un diálogo continuado entre la Maison y el tejido artístico local.

Por las vitrinas barcelonesas han pasado las obras mágicas de Chema Madoz, Xavier Mañosa, Luna Paiva, Pamen Pereira, Sergio Roger, Elvira Solana o Gabriela Sagarmina. Cada uno ha interpretado el espacio a su manera, transformándolo en instalación, poema visual, ejercicio de artesanía expandida o juego conceptual.

Lo que comenzó como una iniciativa singular terminó por convertirse en una cita esperada dentro del calendario cultural de la ciudad: una intervención efímera que alteraba el paisaje urbano y recordaba que el lujo también puede ser un acto de imaginación compartida.

Instalación creada por Gabriela Sagarmina para la 'boutique' de Hermès de Barcelona en 2025.

Instalación creada por Gabriela Sagarmina para la 'boutique' de Hermès de Barcelona en 2025. Hermès

El desembarco en Madrid no sustituye esa historia; la amplía, gracias al savoir-faire de Twee Muizen, cuya obra da el pistoletazo de salida a una serie de cuatro escaparates que Hermès Ibérica presentará a lo largo de este año en sus tiendas de Marbella, Lisboa y Barcelona.

El equipo testigo de la presentación madrileña lo resumía así: “El escaparate no es un espacio expositivo ni de venta. Es más bien un lugar intermedio donde se propone un diálogo. Transforma el exterior, transforma la calle. Es una llamada, una invitación a imaginar, a preguntarse qué está pasando, a qué mundo conduce ese lugar…”.

Y ahí reside su singularidad. El Escaparate de Artista no pertenece al circuito tradicional del museo ni al de la galería. Su público es, sencillamente, la calle.

Es una intervención generosa que irrumpe en un contexto concreto. Hermès convierte así sus vitrinas en espacios de expresión donde colabora con artistas locales, reforzando su vínculo con el entorno y su compromiso con el arte y la artesanía.

En el caso de Madrid, la impronta de Cristina Barrientos y Denís Galocha es evidente. El proyecto del dúo nació en Ámsterdam en 2010. Ella guardaba en una libreta imágenes y recortes de antiguos escaparates de Hermès que le fascinaban.

Años después, recibió la llamada de la casa para crear el suyo propio. “No sé si lo proyecté”, confiesa entre risas. “Yo veía el detalle de aquellos escaparates y me hacía pensar:

‘Yo quiero hacer eso’”, prosigue. Para Galocha, la experiencia ha sido casi iniciática: “Este momento es increíble. Es una meta”. Y añade: “Al principio estábamos cautelosos por la presión de colaborar con una firma tan importante. Pero nos animaron a atrevernos, a llevar la idea al límite. Esa libertad creativa ha sido una satisfacción enorme”.

Obra instalada en el corazón de Hermès en Madrid. Se observa un mundo imaginario textil que incluye jinetes, caballos y candados bordados en lana.

Obra instalada en el corazón de Hermès en Madrid. Se observa un mundo imaginario textil que incluye jinetes, caballos y candados bordados en lana. Hermès

Si cada objeto de la Maison es único, cada proyecto también lo es. Este en concreto se concibe exclusivamente para un espacio determinado y en colaboración directa con creadores externos e independientes. No se replican ni se adaptan: nacen para ese lugar y para ese momento.

Con frecuencia, tras esa primera colaboración, los artistas suelen ser convocados por otras filiales o métiers de la casa para nuevos proyectos. Así comienza una relación que suele prolongarse en el tiempo, como una conversación que no se agota en una sola vitrina.

En el fondo, todo responde a una misma lógica que se remonta a 1837. Bendito año. Desde que Thierry Hermès fundara la casa, tras casi 200 años de historia y seis generaciones al frente, la firma ha construido su identidad en torno al oficio: el gesto del artesano, la paciencia del guarnicionero o la mirada del diseñador.

Esa cadena de savoir-faire explica por qué Hermès lleva casi dos siglos siendo parte de nuestras vidas. No solo con los objetos de piel más bellos, sino con la voluntad de hacerlas más amables, más cuidadas, más imaginativas, más abiertas a esa llamada que, de vez en cuando, nos invita a mirar un poco más lejos, un poco hacia lo desconocido.