La reina Victoria Eugenia con la diadema de la Flor de Lis.

La reina Victoria Eugenia con la diadema de la Flor de Lis. Cedida

Lujos

La diadema de la Flor de Lis cumple 120 años: “Es el buque insignia de Ansorena. En persona, impresiona”

La pieza más emblemática del joyero de pasar fue un regalo de Alfonso XIII a Victoria Eugenia de Battenberg con motivo de su boda en 1906.

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1845 fue el año en que España buscó la estabilidad tras décadas de guerras y vaivenes políticos, y la encontró —al menos sobre el papel— en un giro conservador que reforzó el rol de la Corona.

En plena década moderada, el reinado de Isabel II (1833–1868) supuso el estreno de una nueva Constitución que sustituyó a la de 1837 y redefinió las reglas del juego: la soberanía dejaba de ser exclusivamente nacional para compartirse con la monarquía, el poder real salía fortalecido y el sistema se hacía más restrictivo, desde el sufragio censitario hasta la desaparición de la Milicia Nacional.

Era, en definitiva, una forma de ordenar el país desde arriba.

Ese 1845, decisivo para la historia de España, marcó también el inicio de una aventura empresarial destinada a perdurar. El joyero Celestino Ansorena y Alejandre fundó en Madrid su propio taller y lo bautizó con su primer apellido.

En poco más de diez años, se erigió como una de las figuras más influyentes del sector y, en 1860, fue nombrado diamantista de la Casa Real.

La diadema de la Flor de Lis.

La diadema de la Flor de Lis. Cedida

La relación entre Ansorena y la Corona no hizo sino afianzarse con el paso del tiempo. Un vínculo duradero que alcanzaría su cénit en uno de los acontecimientos más señalados del siglo XX español: la boda del rey Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg.

Con motivo del enlace y como obsequio a su esposa, el monarca encargó a la joyería un collar de chatones y una diadema —el término tiara no es correcto en España aunque se use habitualmente— destinada a convertirse en símbolo de la institución: la de la Flor de Lis.

Conocida también como diadema de lises o, en palabras de la reina Ena, "la buena", la pieza marcó un antes y un después y el primer día que la lució fue, sin duda, inolvidable.

Madrid era una fiesta aquel soleado 31 de mayo de 1906 cuando el mundo contempló por fin la deslumbrante obra que coronaba a su nueva reina. Realizada en platino y brillantes, su diseño se articula a partir de las flores de lis —emblema heráldico de los Borbones— enlazadas por roleos, hojas vegetales de diamantes y ondas decrecientes que evocan los pampilles del siglo XIX.

Totalmente engastada, la diadema exhibe brillantes de gran tamaño, algunos de ellos excepcionales. El juego de líneas curvas confiere a la pieza una personalidad inconfundible.

Alfonso Mato Yllera, director general de Ansorena.

Alfonso Mato Yllera, director general de Ansorena. David Morales

La fastuosa joya cumple 120 años de vida este 2026 y Ansorena va camino de los 181. Pese a ello, la también legendaria casa de subastas continúa fiel a la filosofía de su fundador: "Trabajar mucho, ofrecer buen servicio y mantener un trato cercano. El apellido no regala nada: hay que ganárselo cada día". Así lo explica Alfonso Mato Yllera, director general de Ansorena desde el pasado enero.

"Venía aquí cuando tenía cinco años y veía a mi abuelo sentado en esa silla", recuerda con nostalgia mientras señala al mueble. "Dirigir hoy Ansorena es un orgullo, pero también una responsabilidad", afirma Mato, sexta generación al frente de la casa de joyas.

Con este relevo generacional, la compañía reafirma su vocación de empresa familiar centenaria y su compromiso con la tradición, la innovación y la excelencia, preparándose para afrontar con ambición los retos del futuro.

A lo largo de casi dos siglos, Ansorena ha creado algunas de las joyas más singulares para la alta sociedad, la aristocracia y la realeza.

Ansorena también es una galería de arte.

Ansorena también es una galería de arte. David Morales

Pero si Alfonso tuviera que elegir una sola, no duda: "La Flor de Lis. Es el buque insignia y, para mí, tiene un valor muy especial. Cuando se formalizó mi nombramiento, lo primero que hice fue ir a verla a la Galería de las Colecciones Reales, donde estuvo expuesta con motivo de la exhibición temporal en homenaje a la reina Victoria Eugenia. En persona, impresiona".

La diadema de la Flor de Lis es la joya más significativa del denominado lote de pasar. Desde su creación la han llevado Victoria Eugenia, la reina emérita Sofía y la reina Letizia.

Con su destino marcado, como su futura poseedora, en unos años se posará sobre la ilustre testa de Leonor de Borbón.

"Y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando", escribió Juan Ramón Jiménez en el poema El viaje definitivo en alusión a la fugacidad de la vida. Y así es. Mortales todos, incluso los reyes perecen. Las joyas, en cambio, permanecen.