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La belleza tiene muchas formas de existir. Sin embargo, ahora se apuesta cada vez más por aquella que alude a la responsabilidad. El nuevo lujo camina en la misma dirección. Se aleja del ruido y, para marcar el ritmo, pavimenta un camino que se fundamenta en conceptos actuales que trascienden lo que salta a la vista.

En ese punto de inflexión en el que el deseo, lo aspiracional y el compromiso, en el amplio sentido de la palabra, confluyen, aparece Solitario Lab Grown Diamonds, que ha encontrado en Victoria Federica de Marichalar y Borbón su mejor embajadora de cara a la campaña navideña 2025.

La elección no es casual, pues que la joven, con un perfil que se interesa por la moda y la belleza —acumula 379 mil seguidores en Instagram y se cuela en el front row de firmas tan imponentes como Loewe encarna esa elegancia silenciosa que no necesita subrayados.

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Hay algo en ella que permite que las piezas de Solitario encajen como si de piezas de un puzle se tratase con su esencia: pendientes que acompañan cenas largas, anillos que brillan en celebraciones íntimas o joyas que elevan un look cotidiano sin restarle ese toque de street style que ella defiende.

Las raíces

Durante siglos, los diamantes han sido símbolo de eternidad, ¿pero a qué precio se ha concebido la atemporalidad y todo aquello que se asocia con esta piedra preciosa?

Detrás de un destello capaz de opacar miradas, siempre ha habido historias más o menos silenciadas que, de vez en cuando, se colaban en productos de la cultura pop. Al parecer, la industria entera parecía asumirlo: para brillar, había que arrasar.

No obstante, Solitario Lab Grown Diamonds propone lo contrario sin renunciar a aquello que define al mineral. En su búsqueda de unas formas más sostenibles, resignifica conceptos. Ahora, el fulgor no sólo nace de la pieza, sino también de sus orígenes. La responsabilidad con el medio ambiente y la sociedad la hace mucho más valiosa.

Los diamantes creados en laboratorio poseen la misma composición y estructura cristalina, el mismo brillo afilado que uno natural.

En el plano químico, son idénticos. En el emocional, mucho más ligeros. No arrastran consigo el peso de la minería; nacen en entornos controlados.

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Se forman mediante tecnología CVD (Chemical Vapor Deposition), un proceso que tiene algo de alquimia contemporánea: una pequeña semilla de carbono, un ambiente perfecto y la precisión como mantra. El compromiso con un mundo mejor como base.

Capa sobre capa, molécula a molécula, la piedra preciosa se hace a sí misma. Una joya que no depende del capricho de la tierra ni del de los magnates que prefieren mirar a un lado para seguir llenando sus arcas, sino de la inteligencia humana puesta al servicio de una finalidad mayor.

Resignificación

Las raíces de Solitario Lab Grown Diamonds crecen guiadas bajo la batuta de unos nuevos términos. En la actualidad, el lujo se está redefiniendo y poco tiene que ver con el concepto que durante siglos se ha asociado a la palabra.

Detrás de cada gema, la belleza sigue presente, pero se trata de una estética coherente, que encierra mucho más que brillo. La firma no sólo ofrece diamantes impecables —de tonalidades E, F y G, casi blancas como un amanecer frío; con claridades VS1 que engatusan la mirada—, sino que los acompaña de una nueva narrativa.

El storytelling tras estas piezas habla de trazabilidad total, certificación IGI, garantías transparentes… Cada propuesta lleva en su interior la esencia de Solitario Lab Grown Diamonds, su compromiso ético.

Este nuevo lujo invita a ir un paso más allá, a tomar de base lo que salta a la vista para alzar la mirada y descubrir un nuevo horizonte. El cambio es posible y se está a tiempo de transformar el mundo.

Un diálogo con el tiempo

La firma no es un catálogo de piezas, sino una declaración de intenciones. Una carta de amor, un manifiesto. Una historia colectiva a partir de la que se crean otras individuales que apuesta por un compromiso del uno con el otro, pero también con el mundo. Una apuesta que ha aprendido del pasado para generar un presente que lleve a un futuro mejor.

Cuando se hace una inversión en una joya, no solo se lleva a cabo en la pieza, sino en lo que la misma encierra. Los anillos de compromiso suponen una promesa. Las alianzas materializan la misma. Los pendientes, pulseras y colgantes son sinónimo de celebración de grandes momentos que luego acompañan en el día a día.

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En cuanto a diseño, las propuestas de Solitario Lab Grown Diamonds son sobrias y sofisticadas. Tienen esa cualidad que tanto destaca en la joyería bien hecha: la capacidad de pertenecer a cualquier época. Y, sin embargo, la filosofía de base de la firma hace que sus ideas no caigan en lo obvio que acompaña a la atemporalidad o lo contemporáneo.

Cada pieza está realizada en oro de 18 quilates y diamantes de laboratorio, que pueden ir desde los 0,30 hasta los 8 quilates, un rango que abraza desde lo íntimo hasta lo extraordinario.

La ética como diseño

Quizá lo más revolucionario de Solitario Lab Grown Diamonds no sea su técnica, sino su mirada.

La sostenibilidad no se presenta como una tendencia, sino como una base firme. Y esa firmeza adopta formas concretas: certificación IGI (International Gemological Institute), transparencia en el origen, garantía de por vida —incluida la reposición gratuita de la piedra en caso de pérdida o deterioro—, talleres que combinan artesanía tradicional y precisión tecnológica.

Es una firma que entiende que el lujo va más allá de un brillo cegador que puede encerrar multitud de condicionantes. No pretende que una joya sea un objeto rápido, sino un legado que no solo se queda en la pieza, sino en una visión diferente del mundo. Una jugada ética y emocional.

Hoy en día, cuando la sociedad aboga por llegar a un punto de equilibrio capaz de sostener la fragilidad del mundo, Solitario Lab Grown Diamonds se sitúa como un referente de la joyería que aúna ese deseo, que busca un sentido en el mismo.

Desde su filosofía promulgan elecciones que tengan un eco positivo, que afirmen lo que se espera de ellas —un te quiero, un pensé en ti, un vamos a celebrarlo—, pero también una llamada a la responsabilidad. Un tándem que habla de una nueva generación y de un nuevo orden.

Hay un emergente concepto de lujo que está aprendiendo a marcar la diferencia. Que no olvida el buen hacer y que encuentra su equilibrio entre la emoción y la conciencia. El brillo de Solitario Lab Grown Diamonds se eleva como un faro que guía el nuevo camino. Y ahí es donde reside la magia.

  • 1 de 7

    El compromiso

    En el catálogo de Solitario Lab Grown Diamonds habitan joyas atemporales en cuyo ADN se encuentra la habilidad de ser accesorios imprescindibles. 

    Además, acompañan tanto en el día a día como en las ocasiones más especiales. Un ejemplo de esto último es este diseño, una media alianza en oro blanco de 18 quilates de 1ct. Su precio es de 2.300 euros.

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 2 de 7

    Un clásico

    Quizás una de las piezas más especiales de cualquier joyero sea una pulsera como la riviere.

    Este complemento se compone de una hilera de destellos que avanza sin principio ni final, como un pequeño río que fluye a su propio ritmo. No necesita llamar la atención de forma exagerada, sin pretenderlo, su presencia salta a la vista.

    Al llevarla sola puede parecer una especie de gesto íntimo; combinada, una coreografía de poder discreto. 

    Este modelo en oro blanco de 18 quilates y 8,6ct tiene un precio de 9.900 euros.

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 3 de 7

    Acierto seguro

    Todas las propuestas de Solitario Lab Grown Diamonds nacen con la filosofía de perdurar en el tiempo. Con una visión de presente que respeta, y preserva, el futuro. 

    Desde la firma se contribuye a una mejora del medio ambiente con su manifiesto de lujo sostenible, una herencia que pasará de madres a hijas, como estos clásicos pendientes que funcionan tan bien en el día a día, gracias a su discreción, como en ocasiones marcadas en rojo en el calendario.

    Los pendientes princesa de oro de 18 quilates de 2,1ct tienen un precio de 2.600 euros. 

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 4 de 7

    Un sueño

    Como anillo de compromiso, como imprescindible para darse el "sí, quiero" o un capricho para llevar siempre, esta apuesta es infalible. Una media alianza de oro blanco de 18 quilates de 3,9ct —4.800 euros— que no pasa desapercibida gracias a la talla de los diamantes que coronan la banda del metal precioso.

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 5 de 7

    El detalle definitivo

    Hay joyas que de forma irremediable quedan hiladas a determinados momentos, que tejen historias y que hacen que estas se perpetúen en el tiempo. Este colgante con un diamante princesa —su precio oscila, depende del tamaño de la piedra, entre los 1.600 y los 2.200 euros— es perfecto para regalar cuando se alcanza la mayoría de edad. 

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 6 de 7

    Un toque salvaje

    La serpiente es un animal vinculado al mundo de la joyería así como a la alta moda, por lo que no es de extrañar que el reptil también se deslice entre los dedos en forma de anillo —18 quilates y 3ct— en la propuesta de Solitario Lab Grown Diamonds.

    En esta imagen se aprecia de forma clara la pieza que luce Victoria Federica en la foto de cabecera, una opción diferente concebida a partir de una idea clásica. 

    Su precio es de 3.800 euros. 

    Solitario Lab Grown Diamonds
  • 7 de 7

    Versión actualizada

    El concepto del anillo 'Tú y yo' en cuanto a las joyas de compromiso es todo un clásico. Se trata de un diseño muy concreto en el que dos piedras parecen abrazarse a la par que rodean el anular. Uno de los símbolos de unión más evidentes que hay en este tipo de accesorios.

    Solitario Lab Grown Diamonds conjuga esta idea con un concepto mucho más actual en su catálogo.

    En este caso, una banda irregular en oro amarillo de 18 kilates se acompaña de una hilera de brillantes que desemboca en un diamante en talla pera que en el otro extremo cierra con uno en talla esmeralda. 

    Su precio es de 2.300 euros. 

    Solitario Lab Grown Diamonds