Marta Blázquez, presidenta de Faconauto.

Marta Blázquez, presidenta de Faconauto. Cedida

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Marta Blázquez, presidenta de Faconauto: “Hay tantas versiones de éxito como personas, no hay recetas”

Su trayectoria en sectores tradicionalmente masculinizados la ha convertido en una voz influyente en el debate sobre liderazgo y talento femenino.

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El ascenso de Marta Blázquez a la presidencia de Faconauto —y su papel como vicepresidenta en Cepyme— la sitúa hoy en una de las posiciones de mayor influencia dentro del tejido empresarial español.

Sin embargo, ella rehúye los relatos épicos sobre carreras individuales. En conversación con Magas, comparte que prefiere hablar de aprendizaje continuo, de equipos y de propósito. “El liderazgo no se entiende pensando sólo en una persona. Es la capacidad de movilizar a todo un equipo y comprometerlo con los mismos objetivos”, apunta.

Para Blázquez, señalar un único momento decisivo en su carrera es casi imposible. “Es difícil identificar un punto de inflexión claro, cuando has pasado por tantos puestos y tantas experiencias”, explica.

Aun así, reconoce que hay una etapa que cambia la manera de ver el trabajo: el momento en que se empieza a dirigir personas.

“Cuando tienes tu primer equipo, te das cuenta de que lo que haces tiene trascendencia. Ya no trabajas sólo para otros: detrás de ti hay gente. Y entonces empiezas a pensar mucho más lo que dices y lo que decides”.

Esa responsabilidad marca, a su juicio, el inicio real del liderazgo: “Te replanteas cómo ser un buen gestor de personas, cómo alcanzar objetivos empresariales y, sobre todo, cómo hacer que la gente participe en la consecución de esos objetivos”, sigue.

A partir de ahí, la carrera se convierte en una sucesión de retos que obligan a salir de la zona de confort. “Otra de las cosas que te enseñan mucho es cambiar de puesto o incluso de empresa. No acomodarte nunca”, explica.

Marta Blázquez en las oficinas de Faconauto.

Marta Blázquez en las oficinas de Faconauto. Cedida

Para ella, asumir ese vértigo forma parte de la evolución profesional: “Decir que sí a nuevos retos y salir de la zona cómoda es parte fundamental de una carrera”, cuenta.

Una pieza importante de su forma de liderar es la humildad. “Aunque tengas muchos años de experiencia, siempre puedes aprender de la gente que te rodea. No soy infalible. Necesito escuchar lo que me dice el entorno”, subraya.

Esa actitud convive con la seguridad que da el bagaje acumulado. “Con todo lo que ves alrededor, llega un momento en el que sabes que eres capaz de tomar decisiones y de dirigir el barco. Pero la humildad no puede desaparecer nunca en alguien que dirige equipos”, resume.

Demostrar el doble

La empresaria pertenece a una generación que se abrió camino en entornos donde apenas había mujeres en puestos de responsabilidad. “Sin duda, tuvimos que demostrar más. Por la época en la que empezamos a trabajar no era habitual, y menos en sectores como el nuestro, tener jefas o directivas en las que mirarte”, afirma.

La sensación que recuerda es muy concreta: visibilidad sin reconocimiento real. “Muchas veces te miran, pero no te ven”, dice. Ante esa situación, la estrategia era clara: resultados.

“Sabíamos que para que se nos viera teníamos que tener resultados muy buenos detrás. Y probablemente no se nos iba a perdonar un error porque éramos de las primeras que estábamos dando esos pasos”, continúa.

Aquella generación, también fue consciente de su soledad en el camino. “Éramos muy pocas. Por eso también queríamos que hubiera más mujeres”, explica. Con el tiempo, ese impulso se convirtió en redes de apoyo y en iniciativas para fomentar el talento femenino.

“Ya entonces veíamos que si la sociedad está dividida más o menos a mitad entre hombres y mujeres, no era normal que en el mundo empresarial hubiera un porcentaje tan pequeño de mujeres”, sigue.

Aun así, insiste en que el objetivo final no es convertir el debate en una guerra de sexos. “Hay un momento en que te miden por tu profesionalidad, y eso no tiene género. Cuando te dan un puesto, tu responsabilidad es dejarlo mejor de cómo lo encontraste”, afirma.

Otra forma de liderar

En su opinión, hombres y mujeres suelen aportar aproximaciones distintas al dirigir un equipo, aunque cada vez convergen más. “Después de muchos años trabajando juntos, los estilos se van pareciendo. Pero es verdad que históricamente el liderazgo femenino ha sido diferente”, explica.

La presidenta de Faconauto cree que las mujeres tienden a integrar más perspectivas. También destaca la empatía y la escucha. “Probablemente por nuestra propia naturaleza somos más integradoras; no nos gusta dejar a nadie atrás. Tenemos una visión muy 360 de la vida: el trabajo, la familia, los amigos… Todo está conectado”, dice.

Marta Blázquez cree que un líder no debe perder la humildad.

Marta Blázquez cree que un líder no debe perder la humildad. Cedida

Ese enfoque ha sido a veces malinterpretado. Un doble rasero que, según ella, todavía existe. “Si eres flexible, te dicen que eres demasiado blanda. Y si eres autoritaria, entonces dicen ‘ya están las chicas peleándose entre ellas'. Se nos pide todo y nada a la vez”, reconoce.

Sin embargo, reivindica que muchas de las habilidades directivas están profundamente arraigadas en la experiencia cotidiana femenina. “Siempre digo que cuando una mujer sale de casa por la mañana, ya ha tomado varias decisiones importantes para su familia. Las capacidades organizativas, resolutivas o de orientación a resultados vienen de serie”, explica.

Referentes y nuevas generaciones

Formar parte del ranking 'Las Top 100 Mujeres Líderes' ha reforzado su visibilidad pública, pero Blázquez lo interpreta sobre todo como un símbolo generacional. “Sé que formo parte de un grupo de mujeres que ha conseguido llegar a puestos directivos de forma más habitual que antes”, dice.

Cuando empezaron, apenas tenían referentes. Hoy la situación es distinta. “Teníamos ambición, pero no espejos donde mirarnos. Las jóvenes ya sí los tienen y pueden hablar con nosotras. Por eso los programas de mentoría son tan importantes”, recuerda.

El mensaje que intenta transmitir es claro: no hace falta ser una superwoman. “Yo he sido directiva, pero también he sido madre, amiga, y tengo vida personal. No tienes que renunciar a todo para tener una carrera”, declara.

Además, subraya que el entorno legal también ha cambiado mucho. “Cuando nosotras empezamos ni siquiera existían muchos de los derechos sociales que hay hoy”, recuerda.

Normativas sobre conciliación, acoso laboral o igualdad han creado un marco más protector. “Hoy existen mecanismos dentro de las empresas para denunciar situaciones que antes ni siquiera se planteaban”, afirma.

Pocas en la cúpula

Aun así, las altas esferas empresariales siguen siendo mayoritariamente masculinas. Para ella, no hay una única causa.

“Hay muchas razones: algunas tienen que ver con la estructura de las empresas, otras con decisiones personales y otras con que muchas mujeres ni siquiera levantan la voz para decir ‘yo quiero llegar’”, cuenta.

Ante ese panorama, se declara partidaria de las cuotas. No como solución definitiva, sino como herramienta temporal. “En un mundo ideal no harían falta. Pero como el talento existe y no llega al ritmo que debería, son un acelerador”, admite.

Cambiar la cultura

Dentro de Faconauto, uno de los proyectos que más le entusiasma es Faconauto Woman, una red creada para impulsar la presencia femenina en los concesionarios. “Tiene tres objetivos muy claros”, explica.

El primero es atraer talento. “Es un sector que históricamente no ha sido atractivo para ellas, cuando en realidad ofrece muchísimas oportunidades de desarrollo”, apunta.

El segundo objetivo es activar a las profesionales que ya trabajan en él. “Tenemos que levantar la voz y decir que también queremos estar en los puestos de decisión”, dice.

Y el tercero pasa por transformar la cultura empresarial. “No es una red sólo de mujeres. También participan hombres. Al final lo que importa es que la cultura de las empresas permita que el talento brille, independientemente del género”, señala.

El liderazgo femenino es más integrador.

El liderazgo femenino es más integrador. Cedida

Renuncias y cambios

Su carrera también ha tenido costes personales. “Claro que ha habido renuncias. Los horarios eran infinitamente más extensos y se trabajaba muchísimo más que ahora”, reconoce.

Recuerda con ironía que descubrió el significado de la palabra hobby décadas después de empezar a trabajar. “Me enteré de lo que era 30 años después”, bromea.

Sin embargo, cree que el esfuerzo de su generación ha allanado el camino para las siguientes. También destaca la transformación masculina.

“Los hombres también han cambiado mucho. Hoy participan más en la vida personal y familiar. Me impresiona cómo se organizan. Tienen espacios propios, comparten otros, se reparten responsabilidades de una manera mucho más natural”, cuenta con optimismo.

El verdadero éxito

Al final de la conversación, la pregunta gira hacia el concepto de éxito. “No hay recetas. Hay tantas versiones de éxito como personas”, afirma Marta Blázquez.

Le incomodan los modelos rígidos que asocian la victoria con ocupar la presidencia de una gran empresa. “No tiene por qué ser así. Triunfar es mirar atrás el día que te vas y poder decir que has sido relativamente feliz, que has querido y te han querido, y que has tenido proyectos”, dice.

Ese último elemento —el propósito— es, para ella, esencial. “Tienes que tener un motivo para levantarte por la mañana. Tu sueño tiene que estar esperándote. En realidad, el éxito nunca está en el final. Siempre está en el camino”, afirma.