Micaela y Mauricio, junto al coche en el que han vivido durante ocho años mientras recorrían América.

Micaela y Mauricio, junto al coche en el que han vivido durante ocho años mientras recorrían América. E.E.

Interiorismo

Una pareja de 34 y 42 años vive desde hace ocho años en un coche: "Así pudimos cumplir nuestro sueño"

Durante el viaje financiaron su aventura vendiendo artesanías, cocinando y adaptando poco a poco el coche en el que viven.

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Hay decisiones que cambian una vida para siempre. Micaela y Mauricio lo dejaron todo hace ocho años para recorrer América en coche con un objetivo muy claro: llegar hasta Alaska.

La pareja, casada desde hace 12 años y residente entonces en Andacollo, en la provincia argentina de Neuquén, alcanzó su meta el pasado 5 de junio, cuando aparcaron su vehículo frente al cartel que marca la entrada al estado más septentrional de Estados Unidos.

Aquel momento puso el broche final a una aventura iniciada en 2018, cuando decidieron abandonar la vida convencional y convertir un coche en su hogar para perseguir un sueño que parecía imposible.

Antes de emprender el viaje, Mauricio trabajaba como profesor de Física, Química y Matemáticas, mientras que Micaela era masoterapeuta y empleada de una herboristería. Ambos tenían empleos estables, pero sentían la necesidad de descubrir el mundo.

El proyecto de Micaela y Mauricio

La idea inicial era recorrer el continente como mochileros. Sin embargo, el protagonista de la aventura acabó siendo un coche de 1999 que Mauricio había comprado a su padre para desplazarse entre los centros donde impartía clase.

Mauricio, de 42 años, nació en Andacollo (Neuquén), mientras que Micaela, de 34, es natural de Brandsen, en la provincia de Buenos Aires. Se conocieron en La Plata y llevan más de una década casados.

Dos años antes de partir comenzaron a ahorrar dinero para viajar primero hasta Ushuaia y, posteriormente, atravesar todo el continente americano rumbo a Alaska.

Sin embargo, los planes cambiaron. Todo el dinero que habían conseguido reunir terminó destinado a comprar y adaptar el coche. Decidieron salir con lo justo y financiar el viaje sobre la marcha.

Partieron con menos de un depósito de combustible y la intención de generar ingresos durante el recorrido. Su principal fuente de financiación era fabricar y vender artesanías en plazas, mercados y ferias.

En cada ciudad instalaban un pequeño puesto donde ofrecían pulseras, piezas de macramé, artesanía con piedras y almohadillas térmicas hechas por ellos mismos.

Si las ventas alcanzaban para comer y repostar, continuaban el viaje. Si no, permanecían varios días en el mismo lugar hasta reunir el dinero suficiente. Durante el primer año y medio vivieron prácticamente al día.

Vivir dentro de un coche

Aunque desde fuera parece un coche cualquiera, su interior se transformó poco a poco en una pequeña casa sobre ruedas.

Retiraron los asientos traseros para instalar una cama fija de 1,10 por 1,80 metros. Bajo el colchón guardan alimentos, herramientas, utensilios de cocina y parte de sus pertenencias.

En el techo transportan ropa, sillas, una mesa plegable y otros objetos imprescindibles para su día a día.

También instalaron una cocina portátil con una pequeña bombona de gas, un sistema para almacenar agua y una ducha improvisada. Sobre el portaequipajes colocaron un depósito con capacidad para 17 litros que les permite ducharse prácticamente en cualquier lugar.

Con el paso del tiempo, la camperización fue evolucionando hasta convertir el vehículo en un hogar totalmente funcional con el que han recorrido miles de kilómetros.

Un sueño lleno de obstáculos

El primer gran revés llegó apenas un mes después de iniciar la aventura. En Mar del Plata, el motor del coche sufrió una avería grave y no disponían del dinero necesario para repararlo.

Para reunir el importe comenzaron a vender postales con fotografías del viaje y libretas artesanales. Además, difundieron su historia en redes sociales y lograron recaudar el dinero suficiente para arreglar el vehículo.

Necesitaron un mes y medio para volver a ponerse en marcha. Poco después llegó otro gran obstáculo: la pandemia paralizó el turismo y acabó con las ferias donde vendían sus artesanías.

La pareja tuvo que reinventarse una vez más. Empezaron a cocinar comida casera para venderla y publicaron un diario de viaje que fue adquirido por muchos de sus seguidores en redes sociales (@viajando.para.vivir).

Durante el recorrido también afrontaron complicados pasos fronterizos. En algunos tuvieron que vaciar por completo el coche para superar las inspecciones y, en otros, incluso les ofrecieron comprarles el vehículo al no creer que hubiera llegado desde Argentina.

A lo largo del viaje vivieron situaciones relacionadas con la inseguridad, intentos de robo y otros episodios complicados. Aun así, nunca abandonaron su objetivo y finalmente consiguieron llegar hasta Alaska.

Ahora afrontan un nuevo reto: regresar por carretera hasta Argentina y seguir descubriendo lugares que quedaron pendientes durante el viaje de ida.