Las puertas de una vivienda.

Las puertas de una vivienda. E.E.

Interiorismo

Un carpintero, sobre poner puertas nuevas en casa: "Antes eran 120 euros por unidad, ahora pasan de 250"

Renovar las puertas de una vivienda cuesta hoy más del doble que hace unos años por la subida de materiales y mano de obra.

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Los precios no dejan de subir y la carpintería tampoco escapa a esta tendencia. Reformas que hace solo unos años eran relativamente asequibles, como cambiar las puertas interiores de una vivienda, se han convertido en un desembolso importante para muchas familias.

Así lo explica un carpintero, que asegura que el precio de una puerta que antes rondaba los 120 euros por unidad supera hoy con facilidad los 250 euros. Un incremento que responde tanto al encarecimiento de los materiales como al aumento de los costes de fabricación e instalación.

Por qué se han encarecido

Cambiar una puerta interior cuesta actualmente entre 150 y 600 euros, dependiendo del material elegido, el tipo de acabado y la complejidad de la instalación. Se trata de un precio muy superior al de hace apenas unos años.

Uno de los principales motivos es la subida del coste de la madera y de sus derivados. Desde 2021, el sector ha sufrido un fuerte incremento del precio de las materias primas, el transporte y la energía, factores que han terminado repercutiendo en el consumidor.

A ello se suman otros elementos como los herrajes, los barnices o los acabados, que también han aumentado de precio. Además, muchos fabricantes ofrecen ahora productos con mejores prestaciones, diseños más cuidados y una mayor calidad, lo que también eleva el coste final.

Cómo afecta al presupuesto

Cambiar una única puerta puede no parecer una reforma especialmente cara, pero la factura se dispara cuando se renuevan todas las de una vivienda. Un piso medio en España suele contar con entre seis y ocho puertas interiores, por lo que la inversión se multiplica.

En la actualidad, sustituir todas las puertas puede costar entre 1.700 y 3.000 euros, e incluso superar esa cifra en función del modelo elegido y de los acabados. Una cantidad considerablemente superior a la que era habitual hace solo unos años.

El incremento no se debe únicamente al precio de los materiales. La mano de obra también ha experimentado un importante encarecimiento, ya que instalar una puerta implica realizar mediciones, adaptar marcos o premarcos existentes y garantizar un acabado preciso.

A ello se añade la falta de profesionales especializados en oficios tradicionales como la carpintería, una situación que ha reducido la oferta y ha contribuido a elevar aún más los precios.

Las tendencias actuales también influyen. Cada vez son más habituales las puertas lacadas en blanco, los diseños minimalistas o los herrajes de mayor calidad, opciones que incrementan tanto el precio del material como el de la instalación.

Por ello, los profesionales consideran poco probable que los precios vuelvan a los niveles de hace unos años, ya que el incremento responde a cambios estructurales del sector y no a una situación puntual.

Antes de iniciar una reforma, recomiendan comparar varios presupuestos, revisar con detalle los materiales incluidos y analizar cada partida. Las puertas han dejado de ser un elemento secundario para convertirse en una parte importante del diseño y la funcionalidad de la vivienda.

Cómo ahorrar al cambiarlas

Aunque sustituir las puertas puede suponer una inversión elevada, existen algunas decisiones que permiten ajustar el presupuesto sin renunciar a un buen resultado.

Uno de los aspectos más importantes es el tipo de relleno de la puerta. Esta característica influye tanto en el precio como en el aislamiento térmico y acústico que ofrece.

Las puertas huecas cuentan con un bastidor de madera relleno con una estructura de cartón alveolar. Son más ligeras, económicas y suficientes para separar estancias, aunque apenas ofrecen aislamiento frente al ruido.

Por el contrario, las puertas macizas suelen fabricarse con MDF o aglomerado de alta densidad relleno de materiales prensados. Son más resistentes y proporcionan un aislamiento acústico y térmico muy superior.

Por eso, una buena estrategia para reducir el gasto consiste en combinar ambos modelos. Las puertas huecas pueden instalarse en habitaciones donde el aislamiento no sea prioritario, mientras que las macizas resultan más adecuadas para dormitorios o estancias donde se busca mayor privacidad.

Esta planificación permite rebajar notablemente el presupuesto de la reforma sin perder funcionalidad. Además, una puerta maciza no solo reduce mucho más el ruido que una hueca, sino que también contribuye a mejorar el aislamiento térmico de la vivienda, favoreciendo un menor consumo energético.