Albañil en la reforma de una vivienda

Albañil en la reforma de una vivienda IStock

Interiorismo

Un albañil español, sobre las reformas: "En un año ya he perdido más de 30.000 euros, es imposible cerrar un presupuesto"

Mantener unos precios competitivos y conservar la viabilidad de sus negocios es una realidad cada vez más complicada para millones de trabajadores.

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Después del auge que vivieron durante la pandemia, las reformas del hogar han entrado en una nueva etapa marcada por la incertidumbre.

El fuerte encarecimiento de los materiales de construcción, el aumento de los costes laborales y la pérdida de poder adquisitivo de las familias han provocado una desaceleración de la demanda que está poniendo contra las cuerdas a miles de pequeños profesionales.

Pintores, electricistas, carpinteros y ebanistas coinciden en el diagnóstico: cada vez resulta más complicado cerrar presupuestos y mantener la rentabilidad sin repercutir todas las subidas al cliente.

Muchos han optado por reducir sus márgenes de beneficio e, incluso, rebajarse el sueldo para no perder encargos.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los precios de los servicios de conservación y reparación de la vivienda han mantenido una tendencia al alza en los últimos años, mientras que el coste de numerosos materiales de construcción llegó a registrar incrementos históricos tras la pandemia, impulsados por la crisis logística internacional, el aumento del precio de la energía y, posteriormente, por la guerra de Ucrania.

Del 'boom' de las reformas

Durante los meses posteriores al confinamiento, el sector vivió uno de sus mejores momentos. Pasar más tiempo en casa llevó a miles de familias a reformar cocinas, baños o terrazas y a mejorar el aislamiento de sus viviendas.

Sin embargo, ese impulso comenzó a perder fuerza a medida que aumentaban la inflación y los tipos de interés. Con las hipotecas más caras y un mayor coste de la vida, muchas familias optaron por aplazar las obras que no eran imprescindibles.

A ello se sumó el incremento del precio de materias primas como la madera, el acero, el aluminio, el cobre o determinados componentes eléctricos, muchos de ellos importados de Asia.

Los problemas en las cadenas de suministro internacionales y el encarecimiento del transporte marítimo agravaron todavía más la situación.

El resultado ha sido un mercado mucho más competitivo, en el que los profesionales se ven obligados a ajustar sus presupuestos para no perder clientes.

Las consecuencias económicas han sido importantes. Según su propio testimonio, en apenas un año dejó de ingresar entre 30.000 y 40.000 euros debido a la caída de encargos y a la reducción de sus márgenes.

Menos ganancias

Los electricistas también han sufrido especialmente el aumento de precios. Jesús, un profesional de Oviedo entrevistado por COPE, explicaba que productos tan habituales como el cableado, los enchufes o los mecanismos eléctricos experimentaron fuertes incrementos de precio en muy poco tiempo.

Para seguir siendo competitivo, decidió reducir gastos internos en lugar de trasladar toda la subida al cliente. Entre otras medidas, prescindió de un segundo vehículo de trabajo para contener costes.

Esta estrategia se ha repetido en numerosos pequeños negocios del sector. Muchas empresas familiares han optado por absorber parte del incremento del precio de los materiales, aunque eso suponga trabajar con beneficios mínimos.

Las organizaciones empresariales del sector, como la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), llevan tiempo alertando de que la volatilidad de los precios dificulta la elaboración de presupuestos cerrados y genera una gran incertidumbre en las pequeñas empresas.

La rehabilitación energética

A pesar del contexto, los expertos consideran que existen oportunidades para el sector. La creciente apuesta por la eficiencia energética, impulsada por los fondos europeos Next Generation y por las ayudas públicas para mejorar el aislamiento de los edificios o sustituir ventanas e instalaciones, está generando nuevas oportunidades para empresas especializadas en rehabilitación.

También contribuye la antigüedad del parque inmobiliario español. Según datos del Ministerio de Vivienda, buena parte de las viviendas fueron construidas antes de que existieran criterios modernos de eficiencia energética, lo que obliga a acometer reformas para reducir el consumo de energía.

No obstante, los profesionales insisten en que el principal reto sigue siendo recuperar la confianza de los consumidores. Mientras la inflación continúe reduciendo la capacidad de gasto de los hogares y persista la incertidumbre económica, muchas familias seguirán retrasando reformas que, aunque necesarias, no consideran prioritarias.

El sector confía en que la estabilización del precio de los materiales y una mejora del consumo permitan recuperar poco a poco la actividad. Hasta entonces, miles de autónomos y pequeñas empresas continúan haciendo un difícil equilibrio.