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Interiorismo

Es oficial: puedes utilizar la plaza de garaje como trastero salvo que se "invadan elementos comunes"

El artículo 7.2 de la Ley 49/1960 permite al propietario utilizar ese espacio de la manera que considere conveniente siempre que no genere molestias, daños o riesgos.

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Las plazas de garaje son uno de los espacios que más dudas generan dentro de las comunidades de propietarios. Lo que para algunos vecinos es únicamente un lugar donde estacionar el coche, para otros se convierte en una zona de almacenamiento donde guardar bicicletas, herramientas o muebles que no tienen cabida en casa.

Esta situación provoca con frecuencia discrepancias entre propietarios y, mientras algunos consideran que cada vecino puede utilizar su plaza como estime oportuno al tratarse de un espacio privado, otros entienden que determinados objetos pueden afectar a la seguridad del garaje o dificultar la convivencia dentro del edificio.

Ante estas dudas, la legislación y los tribunales han ido delimitando qué usos son compatibles con una plaza de aparcamiento y cuáles pueden generar problemas. La respuesta no es un sí o un no rotundo, ya que entran en juego factores como los estatutos de la comunidad, la seguridad de las instalaciones y el respeto a los derechos del resto de propietarios.

¿Puedo usar mi plaza de trastero?

La normativa que regula esta cuestión es la Ley de Propiedad Horizontal (LPH), recogida en la Ley 49/1960, de 21 de julio. Su artículo 3 reconoce que cada propietario tiene derecho a utilizar y disponer de su elemento privativo, es decir, de aquellos espacios delimitados que pueden aprovecharse de forma independiente, como ocurre con una plaza de garaje.

Además, el artículo 7.2 permite al propietario utilizar ese espacio de la manera que considere conveniente siempre que no desarrolle actividades prohibidas por los estatutos ni genere molestias, daños o riesgos para el resto de la comunidad.

Precisamente por esa razón, la legislación no prohíbe expresamente almacenar determinados objetos dentro de la plaza.

Tampoco impide que un propietario aparque más de un vehículo, por ejemplo un coche y una motocicleta, siempre que ambos permanezcan dentro de los límites de la plaza y no afecten al uso normal del garaje por parte de otros vecinos.

La clave jurídica se encuentra en respetar el espacio asignado. Mientras todo permanezca dentro de ese perímetro y no interfiera en el uso de los elementos comunes, el propietario dispone de un amplio margen para organizar el espacio según sus necesidades.

Las condiciones de uso

Los tribunales han respaldado de forma reiterada la posibilidad de almacenar determinados objetos o combinar varios vehículos en una misma plaza cuando ello no afecta al resto de propietarios. Sin embargo, esa libertad no es absoluta.

La primera condición es no invadir elementos comunes, por lo que ningún objeto puede sobresalir de los límites de la plaza ni ocupar zonas destinadas al tránsito o a las maniobras de otros vehículos.

La segunda exige no dificultar la circulación dentro del garaje ni perjudicar a los propietarios colindantes.

La tercera obliga a evitar cualquier situación que incremente los riesgos para la seguridad del edificio.

Por ese motivo, una bicicleta apoyada en el interior de la plaza, un armario colocado correctamente o varios objetos perfectamente delimitados pueden resultar compatibles con la normativa.

Imagen de una plaza de garaje.

Imagen de una plaza de garaje.

En cambio, una tabla de surf que sobresale hacia el pasillo de circulación o un mueble que dificulta la apertura de la puerta del coche vecino pueden convertirse en motivo de reclamación.

Sin embargo, aunque la ley reconoce amplios derechos al propietario, es la propia Ley de Propiedad Horizontal la cual permite que las comunidades regulen determinados usos de los espacios privativos cuando existan razones justificadas relacionadas con la convivencia o la seguridad.

Por ello, también algunos edificios incorporan normas específicas que limitan o directamente prohíben utilizar las plazas de garaje como zonas de almacenamiento.

Si los estatutos recogen expresamente esa prohibición, el propietario está obligado a respetarla. En cambio, cuando no existe ninguna referencia concreta, suele aplicarse el criterio general reconocido por la jurisprudencia, que permite el almacenamiento siempre que no genere molestias ni riesgos.

De ahí que el primer paso antes de instalar un armario, almacenar cajas o reorganizar la plaza sea revisar detenidamente la documentación de la comunidad. Una actuación aparentemente legal puede convertirse en una infracción interna si contradice las normas aprobadas por los propietarios.

La licencia municipal del garaje

Más allá de la Ley de Propiedad Horizontal, existe otro elemento que suele pasar desapercibido y que puede tener consecuencias importantes. Los garajes cuentan con una licencia municipal de actividad concedida para un uso concreto: el estacionamiento de vehículos.

Desde el punto de vista urbanístico, almacenar grandes cantidades de muebles, cajas o mercancías puede interpretarse como un cambio de uso del espacio. En lugar de funcionar exclusivamente como aparcamiento, la plaza pasaría a desempeñar parcialmente funciones propias de un almacén o trastero.

Los ayuntamientos son quienes establecen las condiciones de estas licencias y quienes tienen capacidad para inspeccionar el cumplimiento de la normativa.

Aunque no es habitual que se produzcan controles por pequeños almacenamientos domésticos, la posibilidad existe y puede dar lugar a requerimientos o sanciones si se detectan incumplimientos relevantes.

Por esa razón, los expertos recomiendan actuar con prudencia y evitar acumulaciones excesivas de objetos que puedan alterar la finalidad principal para la que fue autorizado el garaje.

Qué objetos suelen generar más conflictos

La práctica demuestra que no todos los objetos plantean los mismos problemas. Los elementos vinculados directamente a la movilidad, como bicicletas, motocicletas o pequeños remolques, suelen ser los que generan menos controversia cuando permanecen dentro de los límites de la plaza.

Las dificultades aparecen con mayor frecuencia cuando se acumulan cajas de cartón, muebles antiguos, neumáticos, pinturas, disolventes o productos susceptibles de arder con facilidad.

Además del riesgo de incendio, este tipo de materiales puede favorecer la aparición de plagas o dificultar las labores de mantenimiento y limpieza del garaje.

Tampoco suele estar permitido cerrar la plaza mediante estructuras permanentes para transformarla en un trastero independiente. Este tipo de actuaciones afectan a la configuración del garaje y pueden perjudicar los derechos del resto de propietarios, por lo que suelen ser objeto de impugnación.