Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz en el Congreso de los Diputados.

Interiorismo

Ya es oficial: el Gobierno de España elimina la rebaja del IVA en la factura de la luz a partir de junio de 2026

La medida tomada por España a raíz del conflicto en Oriente Medio llega a su fin el primero de junio tras una reducción del 10% en la factura energética.

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La factura de la luz vuelve a encender las alarmas en el arranque del verano. Desde el 1 de junio, los hogares dejan de beneficiarse de la rebaja fiscal y el IVA de la electricidad regresa del 10% al 21% y el Impuesto Especial sobre la Electricidad recupera el tipo general del 5,11269632%, frente al 0,5% temporal.

La medida llega en un momento delicado. El calor dispara el uso del aire acondicionado, los frigoríficos trabajan más y los pequeños gestos diarios pueden convertir una factura contenida en un recibo difícil de asumir.

La rebaja formaba parte del paquete aprobado por el Gobierno para responder al impacto de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio. En principio, su vigencia alcanzaba hasta el 30 de junio, pero el decreto incorporaba una condición: si en abril la evolución del IPC de la electricidad no superaba determinados umbrales, el tipo reducido dejaría de aplicarse en junio.

Así ha ocurrido. La moderación de los precios ha activado el final anticipado del alivio fiscal y las comercializadoras aplicarán de nuevo los tipos ordinarios en las facturas emitidas a partir del cambio de mes. Un recibo medio de unos 70 euros puede pasar a situarse por encima de los 80.

No todos los consumidores pagarán exactamente lo mismo. Dependerá de la tarifa contratada, de la potencia, de los hábitos y del número de días facturados antes y después del cambio fiscal. Con los mismos kilovatios consumidos, el recibo será más caro.

El aire acondicionado

En ese contexto, Jorge Morales de Labra, ingeniero industrial y experto energético, ha puesto el foco en uno de los aparatos decisivos del verano: el aire acondicionado.

Su advertencia es sencilla, pero clara: "En verano recomiendo poner el aire acondicionado a 23 grados; por cada grado que bajemos de más, es un 7% más en la factura de la luz".

El error más habitual, explica, es llegar a casa con mucho calor y fijar el termostato en 18 grados. La máquina no enfría antes por marcar una temperatura extrema; trabaja durante más tiempo, consume más energía y, en muchos casos, ni siquiera alcanza ese objetivo.

La recomendación es mantener una temperatura estable y compatible con la ropa de verano. Los 23 grados reducen la sensación térmica sin obligar al equipo a funcionar al máximo. Además, conviene encenderlo solo cuando haya personas en la habitación: enfriar muebles o estancias vacías es pagar electricidad sin confort.

Mujer encendiendo el aire acondicionado.

Mujer encendiendo el aire acondicionado. iStock

La subida fiscal convierte estos hábitos en algo más que un consejo de ahorro. Cada grado hacia abajo se notará más en el bolsillo porque el consumo se pagará con una carga impositiva mayor. La eficiencia se convierte en una defensa frente al recibo.

Los otros gastos

Morales de Labra también advierte de los picos de consumo. Secadores, microondas, batidoras, lavadoras o lavavajillas pueden tener consumos elevados, aunque sea durante poco tiempo. El problema aparece cuando se utilizan varios a la vez y la vivienda supera la potencia contratada, lo que provoca el salto del ICP.

La solución no siempre pasa por contratar más potencia. Cada kilovatio adicional puede suponer decenas de euros al año en el término fijo, aunque solo se necesite durante unos minutos. Organizar el uso de los electrodomésticos suele ser más barato que pagar todo el año por una potencia sobredimensionada.

El otro gran gasto silencioso está en la cocina. El frigorífico permanece encendido las 24 horas y, si es antiguo, puede convertirse en uno de los aparatos más caros de la casa. Sustituir modelos muy viejos por otros eficientes puede amortizarse con el ahorro, especialmente si se conserva un segundo frigorífico sin necesidad real.

Para quienes no puedan cambiarlo, hay margen de mejora: no abrir la puerta más de lo necesario, evitar introducir comida caliente y ajustar la temperatura. Según Morales de Labra, 5 grados son suficientes para el frigorífico; bajarlo a 3 grados solo aumenta el consumo. Con el final de la rebaja fiscal, la factura vuelve a depender de una combinación incómoda: impuestos más altos, calor y hábitos domésticos.