Una persona encendiendo la calefacción.

Una persona encendiendo la calefacción.

Interiorismo

Natalia, analista financiera: "Dejar la calefacción encendida a 19 grados gasta mucho menos que apagarla"

Según sus cálculos, este hábito puede suponer un ahorro aproximado de unos 38 euros al mes, especialmente en viviendas antiguas.

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Alrededor de 1 de cada 5 familias en España, aproximadamente entre el 17% y el 20% de los hogares, no puede permitirse encender la calefacción en invierno. En otras palabras, más de 9 millones de personas viven en casas donde mantener una temperatura adecuada es complicado cuando llega el frío.

Este servicio básico se ha convertido en un auténtico lujo para miles de personas debido a la enorme subida que han sufrido los precios de la energía en los últimos años. Gas y electricidad han encarecido las facturas hasta el punto de obligar a muchas familias a limitar su uso.

Quienes sí pueden ponerla también viven pendientes del consumo: qué horario gasta menos, cuántos grados subirla o cuándo apagarla. Según expertos como la asesora financiera Natalia Lara, algunos hábitos muy comunes pueden aumentar el gasto, como apagarla por completo.

Por qué mantener la calefacción constante puede ser más barato

A simple vista, la idea de que no encender la calefacción supone ahorrar parece lógica: si el sistema está apagado, no consume energía.

Sin embargo, la realidad energética de una vivienda es más compleja, especialmente en casas antiguas o con aislamiento deficiente.

Según explica Natalia Lara en sus redes sociales, mantener una temperatura constante en torno a los 19 grados suele ser más eficiente que apagar completamente la calefacción y volver a encenderla más tarde.

La razón principal está en el enorme esfuerzo que debe realizar el sistema de calefacción cuando la vivienda se enfría demasiado.

Cuando la calefacción permanece apagada durante varias horas, la temperatura interior puede descender fácilmente hasta los 12 o 13 grados, especialmente en invierno y en viviendas con poca eficiencia energética.

En ese momento, cuando el usuario decide volver a encenderla, la caldera o el sistema de calefacción debe trabajar a su máxima potencia para recuperar una temperatura confortable.

Ese proceso de arranque es precisamente el punto más costoso en términos energéticos. La caldera tiene que calentar rápidamente todo el volumen de aire de la vivienda, así como paredes, suelos, techos y muebles, que también han perdido calor durante las horas en las que el sistema estuvo apagado.

Según la asesora financiera, durante ese arranque el consumo puede multiplicarse hasta por tres durante aproximadamente dos horas.

Es decir, el sistema trabaja al máximo rendimiento para pasar de una casa a 12 grados a una vivienda confortable de 20 o 21 grados.

Este esfuerzo energético provoca que, en muchas ocasiones, en solo dos horas de funcionamiento intenso se llegue a gastar lo equivalente a varios días de calefacción funcionando de forma estable.

Desde el punto de vista técnico, el sistema tiene que generar mucho más calor en poco tiempo, lo que implica un mayor consumo de gas o electricidad.

En cambio, cuando la calefacción se mantiene encendida a una temperatura moderada —alrededor de 19 grados— el sistema solo tiene que compensar las pequeñas pérdidas de calor que se producen de forma natural en la vivienda. Esto requiere mucha menos energía que calentar una casa completamente fría.

Además, mantener una temperatura estable evita picos de consumo. La caldera funciona a un ritmo más constante y eficiente, sin tener que arrancar repetidamente a máxima potencia para recuperar varios grados de golpe.

La diferencia puede notarse claramente en la factura. Según los cálculos de Natalia Lara, este hábito puede suponer un ahorro aproximado de unos 38 euros al mes, especialmente en viviendas antiguas o con un aislamiento térmico deficiente, donde las pérdidas de calor son mayores.

El impacto es aún más evidente en edificios construidos hace décadas, cuando las normativas de eficiencia energética eran mucho menos exigentes que las actuales.

En estos casos, apagar completamente la calefacción durante varias horas puede provocar descensos de temperatura muy rápidos, lo que obliga al sistema a realizar grandes esfuerzos para recuperar el confort térmico.

Esto no significa que la calefacción deba permanecer encendida a altas temperaturas todo el día. Los expertos recomiendan mantener temperaturas moderadas y constantes, preferiblemente entre 18 y 20 grados, que es el rango considerado óptimo para el confort térmico y el ahorro energético.

También influye el uso de termostatos programables, que permiten ajustar ligeramente la temperatura en determinados momentos del día sin que la vivienda llegue a enfriarse por completo.

Por ejemplo, bajar uno o dos grados durante la noche o cuando la casa está vacía puede ser suficiente para reducir el consumo sin provocar grandes pérdidas de calor.