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Suelo porcelánico. Medio Estudio Arquitectos @medioestudio_

Interiorismo

Paulino Domínguez, arquitecto: "La madera natural o el microcemento son preciosos, pero hay que pensar en el uso diario"

Al reformar una casa, el suelo suele elegirse por estética. Un arquitecto advierte de que esa decisión puede traer problemas si no se piensa en el uso diario.

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Cuando llega el momento de reformar una vivienda, muchas decisiones se toman mirando primero la estética. El suelo, una de las superficies más visibles de la casa, suele convertirse en una de esas elecciones que se hacen pensando en cómo quedará el espacio.

Materiales como la madera natural, el microcemento o los suelos hidráulicos se han convertido en grandes protagonistas del interiorismo actual. Su apariencia elegante y contemporánea hace que muchas personas se enamoren de ellos a primera vista.

Sin embargo, elegir el suelo únicamente por su aspecto puede acabar generando problemas en el día a día. Así lo explica el arquitecto Paulino Domínguez, cofundador de Medio Estudio Arquitectos, quien advierte de que el suelo es una de las partes de la casa que más desgaste sufre con el paso del tiempo.

Un suelo se usa más de lo que parece

A diferencia de otros elementos de la vivienda, el suelo está sometido a un uso constante. Se pisa todos los días, se arrastran muebles, caen objetos y, en muchas ocasiones, también se derraman líquidos o comida.

Por eso, según explica Domínguez, conviene pensar en cómo se vive realmente la casa antes de decidir el material. "La madera natural o el microcemento son preciosos, pero hay que pensar en el uso diario", señala el arquitecto.

La madera natural, por ejemplo, aporta una calidez difícil de igualar y genera ambientes muy acogedores. Sin embargo, también es un material sensible a golpes, arañazos o cambios de humedad, por lo que requiere ciertos cuidados y mantenimiento.

El microcemento, por su parte, se ha popularizado en los últimos años por su estética limpia y contemporánea. Permite crear superficies continuas sin juntas visibles y aporta una sensación de amplitud muy valorada en viviendas actuales.

Pero este tipo de revestimiento también exige una ejecución muy precisa. Si la aplicación no es correcta o no se mantiene adecuadamente, pueden aparecer pequeñas fisuras o marcas con el uso.

Pensar en cómo se vive la casa

Para el arquitecto, la clave está en analizar cómo se utilizará realmente la vivienda. No es lo mismo diseñar una casa para una persona sola que para una familia con niños o mascotas.

En esos casos, materiales más resistentes pueden ser una opción más adecuada. Acabados como el gres porcelánico o el terrazo, por ejemplo, ofrecen una gran durabilidad y requieren menos mantenimiento con el paso del tiempo.

Eso no significa renunciar al diseño. Hoy en día existen soluciones que combinan estética y resistencia, permitiendo crear espacios atractivos sin comprometer la funcionalidad de la vivienda.

Domínguez insiste en que el buen interiorismo no consiste únicamente en lograr un resultado visual impactante el primer día. El objetivo es que la casa siga funcionando bien muchos años después de la reforma.

"Al final, una vivienda debe responder a la forma en que se vive", explica. Pensar en el uso cotidiano, en el mantenimiento y en el paso del tiempo permite tomar decisiones más acertadas.

Elegir bien el suelo es, en ese sentido, una de las decisiones más importantes de una reforma. No solo ocupa gran parte de la casa, sino que condiciona el confort, la durabilidad y la experiencia de vivir en ese espacio durante muchos años.