Jubilada hablando desde su despacho

Jubilada hablando desde su despacho Imagen generada con IA

Estilo de vida

Ana, jubilada: "He estado 50 años en un despacho de abogados, pero no cobro pensión porque trabajaba para mi marido"

Quienes no cuentan con pensión o disponen de prestaciones bajas, afrontar gastos básicos como vivienda, alimentación o suministros puede convertirse en un desafío diario.

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España cuenta actualmente con más de 9,3 millones de pensionistas, de los que 6,4 millones reciben una pensión de jubilación, según los últimos datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Sin embargo, estas estadísticas no recogen la situación de quienes, pese a haber trabajado durante décadas, llegan a la vejez sin una prestación propia.

Es el caso de Ana, una mujer de 87 años que dedicó más de medio siglo de su vida al trabajo y que, a diferencia de otros jubilados de su edad, no percibe ninguna pensión.

Durante más de 50 años trabajó en un despacho de abogados junto a su marido, ocupándose de las tareas diarias de una oficina en la que los expedientes, la atención a los clientes y las responsabilidades profesionales formaban parte de su rutina.

Pese a toda una vida de actividad laboral, Ana nunca llegó a tener reconocida una pensión de jubilación propia. Una circunstancia que también han vivido otras mujeres de su generación que trabajaron durante años en negocios familiares sin generar derechos de cotización suficientes.

Ella misma explica su situación con absoluta naturalidad: "Yo soy jubilada, pero jubilada por la edad que tengo, porque de pensión no cobro nada de nada. Mi marido es el que lleva las cosas y él sí cobra, pero yo no".

Una jubilación sin cotizar

El testimonio de Ana, sin ser único ni excepcional, abre una ventana a una problemática realidad silenciada, los miles de mujeres españolas que trabajaron toda su vida sin cotizar de forma independiente y que, al llegar a la vejez, dependen por completo de la pensión o los ahorros de su pareja.

Ana trabajó junto a su marido en un despacho de abogados. Pero aquella labor, aunque real y constante, nunca se tradujo en una cotización propia ni en derechos reconocidos a una jubilación.

"Pues porque nunca he ido a que me la rogara, a que me la dieran", admite, con esa sinceridad desarmante de quien sabe que su historia refleja un descuido común en generaciones pasadas.

Era una realidad muy común, la de mujeres que trabajaban, pero su labor quedaba invisibilizada a ojos de la Seguridad Social y la consecuencia es depender económicamente de la pensión de su marido.

Economía familiar

En el caso de Ana, la situación económica es estable. Su marido se encargó de garantizar los ingresos del hogar, y eso le permite vivir sin dificultades. "No tengo ningún problema", asegura.

Reconoce que nunca ha manejado dinero directamente: "Si quiero, voy al banco y saco con mi tarjeta, porque somos matrimonio y es de los dos. Pero no me gusta sacar, me gusta meter", dice, medio en broma, medio en serio.

Su tranquilidad personal no oculta que si no fuera por el colchón económico de su marido, su situación sería crítica. Ella vive con cierta estabilidad pero es consciente de lo que significa llegar a la vejez sin ingresos propios.

"La vida la veo cara para gente que tiene que buscarse la vida sola, sin nadie que le aporte nada. Creo que está muy caro todo y no sé cómo pueden salir adelante. Si tienen hijos, padres mayores, bueno, si tienen pensión, pues bueno… esto se debía mirar", sentencia.

Según datos oficiales, las mujeres mayores de 65 años tienen pensiones un 30% más bajas que los hombres, y miles directamente no reciben ninguna. A pesar de todo, Ana mantiene un tono optimista y quiere lanzar un mensaje a las nuevas generaciones.

"A los jóvenes les diría que estudien mucho. Que con el estudio y una carrera en condiciones mirarán por ellos y mirarán también por sus abuelos, sus padres, su propio matrimonio". Sin una carrera consolidada y sin cotizaciones propias, la independencia económica puede quedar en el aire. Y ella no quiere que los jóvenes repitan esa historia.