Mercedes Olano, a sus 101 años.

Mercedes Olano, a sus 101 años. Cedida

Estilo de vida

Mercedes tiene 101 años, vivió sola hasta los 100 y tiene 12 bisnietos: "En todas las comidas toma una copa de vino"

A sus 101 años, Mercedes mantiene una vida activa, disfruta de su familia y conserva rutinas que la han acompañado durante décadas.

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Superar los 100 años sigue siendo algo excepcional. Por eso, las historias de quienes alcanzan edades centenarias despiertan interés por conocer cómo han vivido y qué hábitos han mantenido durante décadas.

Es el caso de Mercedes Olano, una vasca nacida en Donostia en 1924 que cumplirá 102 años este mes de octubre. Es madre de tres hijos, abuela de seis nietos y tiene 12 bisnietos.

Actualmente reside en Ballesol Easo, en San Sebastián, después de haber vivido sola hasta cumplir los 100 años. Sigue cuidando su aspecto, conversa con todo el mundo y disfruta viendo sus telenovelas favoritas.

Entre sus costumbres también está la de tomar una copa de vino durante las comidas, algo que ha hecho durante buena parte de su vida y que ahora comparte, sobre todo, cuando sale con alguno de sus hijos.

Mercedes estudió para perito mercantil, aunque dedicó gran parte de su vida al cuidado de su familia. En más de un siglo ha vivido importantes transformaciones sociales y tecnológicas.

El paso del tiempo

Mercedes habla del envejecimiento con naturalidad. Lejos de obsesionarse con el paso de los años, asegura que ha aprendido a convivir con él y a adaptarse a las distintas etapas de su vida.

Durante décadas mantuvo una rutina muy activa. Cuenta que caminaba alrededor de siete kilómetros al día, casi siempre sola, una costumbre que encaja con la independencia que ha marcado buena parte de su vida.

También considera importante no vivir permanentemente preocupada y saber disfrutar de las pequeñas cosas. Su familia ha ocupado siempre un lugar central.

Esa independencia la mantuvo hasta una edad poco habitual. Mercedes continuó viviendo sola en su casa hasta alcanzar los 100 años.

Sola hasta los 100

Mientras vivía en su domicilio tenía la ayuda de una asistenta durante unas horas a la semana, pero el resto de las tareas cotidianas las realizaba por su cuenta.

Al cumplir un siglo se trasladó temporalmente a casa de sus hijos, que se turnaban para estar con ella. Después fue la propia Mercedes quien planteó la posibilidad de trasladarse a una residencia.

Tenía claro que no quería convertirse en una carga para ellos. La adaptación fue rápida y, según cuenta, actualmente está contenta con la decisión.

Sus hijos la visitan todos los días y Mercedes mantiene una rutina activa dentro del centro. Habla con otros residentes, pasea, ve sus telenovelas y hace sudokus para ejercitar la mente.

Uno de sus momentos preferidos llega al mediodía. Alguno de sus hijos suele acudir a verla y juntos salen al parque situado frente a la residencia.

Allí aprovechan para tomar un aperitivo. Mercedes acompaña ese momento con un pequeño vino, una costumbre que mantiene desde hace años.

Su copa de vino

El vino ha formado parte de sus comidas durante buena parte de su vida. Ahora, dentro de la residencia, suele beber agua, aunque sigue tomando vino cuando sale con sus hijos.

Siempre lo hace con moderación. Más que atribuir su longevidad a un alimento concreto, Mercedes habla de una vida marcada por la actividad, la independencia y el contacto con otras personas.

Otra de sus grandes aficiones es el bingo, que se celebra los lunes por la tarde y se ha convertido en una de sus actividades favoritas.

También disfruta hablando con quienes tiene alrededor. Antes podía pasar horas charlando con sus amigas en el parque; ahora lo hace con sus compañeras de mesa en la residencia.

Mercedes reconoce que una de las partes más difíciles de cumplir tantos años es haber visto desaparecer a muchas personas de su generación.

Todas sus amigas de juventud han fallecido. Aunque lo asume como parte de la vida, reconoce que perder a personas con las que compartió tantos años sigue siendo doloroso.

Echa especialmente de menos a una amiga muy cercana cuya muerte le afectó mucho. Con el tiempo, explica, aprendió a convivir con esa ausencia.

A sus 101 años habla también de su propia muerte con serenidad. Sabe que llegará algún día, pero asegura que no vive con miedo a ese momento.

Mercedes también ha sido testigo de cómo ha cambiado la sociedad. Recuerda una época en la que, según su experiencia, existía un mayor respeto hacia profesores, médicos y personas mayores.

Entre los cambios que valora de forma positiva está la evolución de la vida de las mujeres, que considera muy distinta de la que conoció cuando era joven, así como las mejoras en la vida cotidiana dentro del hogar.

Hay, en cambio, un asunto que le preocupa especialmente: la violencia. A sus 101 años, lamenta la sensación de inseguridad que percibe actualmente y recuerda con nostalgia una vida que considera más tranquila.