Violeta Mangriñán durante su entrevista en un pódcast

Violeta Mangriñán durante su entrevista en un pódcast Recorte del programa

Estilo de vida

Violeta Mangriñán, empresaria: "Voy a hacer crecer la empresa lo máximo y venderla para decir 'encárgate tú que yo quiero ser feliz'"

La 'influencer' y empresaria valenciana se desnuda financieramente para hablar de sus proyectos de presente y futuro.

Más información: Clara, agricultora en España: "Prefiero tirar mi cosecha antes que me paguen la mitad de lo que vale"

Publicada

Violeta Mangriñán, lejos de la imagen de celebrity que muchos conocen, habla de dinero, de su negocio, de su faceta como madre y de sus miedos en un mundo del que asegura no ser una experta. Pero sabe lo que dice.

Lo hace sin esconderse detrás de las cifras de seguidores, los escaparates de Instagram o la imagen de éxito que acompaña a cualquier proyecto de una gran creadora de contenido.

La empresaria ha explicado en un podcast Tiene un plan, cómo está financiando Maison Matcha, qué ocurre con los ingresos que generan sus locales y, sobre todo, cuál es su objetivo final con el negocio. Una estrategia que pasa por crecer, reinvertir y, llegado el momento, vender.

La creación de la cadena de cafeterías tiene además un origen muy concreto. Después de convertirse en madre, Mangriñán empezó a plantearse qué ocurriría si algún día las redes sociales dejaran de ser su principal fuente de ingresos.

"Sentía como que ser influencer no era suficiente... me dije: 'Tengo que hacer algo más, no ser solo una influencer, porque ahora tengo una hija y si las redes se acaban, ¿qué?'", explica.

Así comenzó su apuesta por un negocio físico. Pero decidió hacerlo de una manera muy diferente a la habitual en proyectos que buscan crecer rápidamente.

'Todo sale de mi bolsillo'

Mangriñán asegura que Maison Matcha se ha financiado íntegramente con sus propios ahorros. No ha recurrido a socios ni ha abierto rondas de inversión para hacer crecer la compañía.

"Todo lo he sacado de mi bolsillo, no tengo ningún socio, ninguna ayudita, no he abierto ninguna ronda de inversión", afirma.

La empresaria reconoce que ha recibido propuestas para franquiciar el concepto o incorporar inversores, pero, por ahora, ha preferido mantener el control del proyecto.

"Me llegan ofertas prácticamente cada semana para franquiciar o hacer rondas de inversión, pero soy tan cagona y desconfiada para esas cosas que me da miedo", confiesa.

Su manera de empezar también fue prudente. Antes de lanzarse a abrir locales, estableció una cantidad máxima que estaba dispuesta a invertir.

"Empezó como un juego: voy a invertir X y no me voy a pasar de ahí", recuerda. Una decisión que le permitió afrontar el proyecto con sus propios recursos y sin comprometer, según explica, más dinero del que estaba dispuesta a arriesgar.

No vivir solo de Instagram

Una de las cuestiones más llamativas de su relato tiene que ver con las cuentas. Frente a la idea de que abrir nuevos establecimientos equivale automáticamente a embolsarse grandes beneficios, Mangriñán asegura que está haciendo precisamente lo contrario.

"¿Has recuperado lo que has invertido? No, todo lo que he ganado lo he reinvertido", explica. El dinero que genera cada establecimiento se utiliza para financiar la apertura del siguiente.

Además, la empresaria pone sobre la mesa otro elemento que afecta directamente a la rentabilidad: el precio del matcha. Según explica, el incremento de la demanda mundial ha disparado el coste de una materia prima que todavía compra a intermediarios.

"El negocio no es tan rentable como la gente cree... el matcha está carísimo, parece oro", señala.

También desmonta una de las ideas más extendidas sobre su negocio, la de que que sus cafeterías viven principalmente de sus seguidores. Según sus propias cifras, entre el 60% y el 70% de sus clientes son personas de fuera.

"El cliente recurrente de cada día no es la gente que me sigue en Instagram", asegura. Turistas y público internacional, especialmente latinoamericano, tienen un peso importante en sus establecimientos.

Hacer crecer el negocio

El futuro de Maison Matcha tampoco pasa necesariamente por permanecer durante décadas detrás del mostrador. Mangriñán tiene diseñada una estrategia de salida.

Su intención es crear una marca propia de matcha independiente de Maison Matcha. Con ella pretende controlar mejor el producto, mejorar los márgenes y abrir la puerta a la distribución a otras cafeterías y mercados internacionales.

Después llegaría el segundo movimiento: desprenderse de la cadena de locales cuando considere que ha alcanzado su máximo valor.

"Mi intención es hacer crecer la empresa lo máximo posible, engrosar el cochinillo lo máximo posible y venderlo", afirma.

No esconde, por tanto, que vender forma parte del proyecto desde el principio. "Quiero vender Maison Matcha en su prime absoluto y decir: 'Lo he hecho muy bien, te estoy vendiendo esto... pero gestiónalo tú a partir de ahora porque yo quiero ser feliz'", explica.

La razón no es únicamente económica. La maternidad también está detrás de esta decisión. Mangriñán no quiere que el crecimiento de su empresa termine convirtiéndose en una nueva forma de vivir permanentemente pendiente del teléfono.

@imagin

Violeta Mangriñán nos cuenta cuál es su plan para Maison Matcha... y para ser feliz. Escucha el capítulo completo de imagin Tiene Un Plan en el canal de Youtube de imagin.

♬ sonido original - imagin

"Precisamente porque soy madre no quiero vivir muchos años más pendiente del teléfono", sentencia.

En su estrategia empresarial hay, así, una idea que atraviesa todo el proyecto: utilizar los ingresos actuales para construir un negocio que pueda funcionar más allá de su imagen en redes sociales, hacerlo crecer con sus propios recursos y, llegado el momento, elegir cuándo dejarlo.