Mujer barrendera.

Mujer barrendera. EFE

Estilo de vida

Elvira, barrendera: "Barro a las 16:00 de la tarde, a más de 35 grados y al sol. Luego vienen las tragedias y nos preguntamos por qué"

La barrendera impulsa la campaña 'El calor nos mata' para reclamar una temperatura máxima legal en los trabajos al aire libre.

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Cada verano, las olas de calor baten nuevos récords en España y convierten muchas jornadas laborales al aire libre en un desafío para la salud. Mientras las autoridades insisten en extremar las precauciones, miles de trabajadores siguen desempeñando sus funciones durante las horas de mayor exposición al sol.

Con ese objetivo nació El calor nos mata, una campaña impulsada en Change.org por la barrendera Elvira Gómez. Su petición reclama una regulación que establezca una temperatura máxima para trabajar al aire libre y obligue a adaptar las jornadas cuando el calor suponga un riesgo real para la salud de los empleados.

La iniciativa surgió tras la muerte por golpe de calor de una compañera del servicio de limpieza y ha conseguido reunir decenas de miles de apoyos. Para Elvira, el problema no es excepcional, sino una realidad que se repite cada verano y que, según denuncia, continúa sin recibir una respuesta suficiente.

Cuando el calor se convierte en un riesgo laboral

El calor extremo ya no es un fenómeno puntual. Los veranos cada vez más largos e intensos han obligado a revisar las condiciones en las que trabajan miles de personas que desarrollan su actividad en la calle, desde barrenderos y jardineros hasta repartidores, peones de la construcción o trabajadores agrícolas.

Sin embargo, quienes viven esa realidad denuncian que, en demasiadas ocasiones, la protección sigue llegando tarde o resulta insuficiente.

Con la aprobación del Real Decreto-ley 4/2023, el Gobierno reforzó las obligaciones de las empresas ante los episodios de temperaturas extremas. La norma establece que, cuando los fenómenos meteorológicos adversos hagan imposible desarrollar el trabajo con seguridad, las compañías deben adaptar las condiciones laborales.

Entre las medidas previstas se encuentran adelantar el inicio de la jornada, modificar los horarios, aumentar los descansos o incluso suspender temporalmente determinadas tareas cuando el riesgo sea elevado.

El problema, según denuncia Elvira Gómez, es que la aplicación práctica de estas medidas dista mucho de ser la ideal. La barrendera asegura que todavía existen empresas que mantienen los turnos en las horas centrales del día pese a que el termómetro supera ampliamente los 35 grados.

Su jornada es un ejemplo de ello. "Barro a las 16:00 de la tarde, a más de 35 grados y al sol. Luego vienen las tragedias y nos preguntamos por qué", lamenta.

Elvira dice que seguirá recolectando firmas hasta que la escuchen las autoridades.

Elvira dice que seguirá recolectando firmas hasta que la escuchen las autoridades. Hans Lawrence Ramírez

Elvira explica que durante los meses de verano tanto ella como muchas de sus compañeras terminan la jornada con síntomas claros de estrés térmico. "Acabamos el turno mareadas, con calambres y dolor de cabeza", relata.

Aun así, asegura que la respuesta habitual que reciben es que "es lo que hay", una resignación que considera incompatible con la prevención de riesgos laborales.

Para ella, el debate va mucho más allá de soportar altas temperaturas. "Trabajar así no es humano, porque el estrés térmico también existe", afirma.

Insiste en que el desgaste físico se une a una sensación de abandono que comparten muchos trabajadores expuestos al sol durante horas. "Es muy duro, no solo por el calor, sino porque sentimos que nadie se acuerda de nosotros".

Las medidas de protección, añade, tampoco siempre son suficientes. "Con suerte nos dan cinco minutos de pausa por hora o una botella para todo el turno, y eso no hay cuerpo que lo aguante", explica, denunciando que en algunos casos la hidratación y los descansos siguen dependiendo más de la voluntad de cada empresa que de un protocolo realmente eficaz.

Debido a esta situación, la principal reivindicación de Elvira es que España establezca por ley una temperatura máxima para trabajar al aire libre, del mismo modo que ya existe una limitación para determinados espacios interiores, donde la normativa fija unas condiciones térmicas concretas para proteger la salud de los trabajadores.

Además de fijar un límite legal, la petición reclama horarios adaptados que eviten las horas de máxima insolación, descansos efectivos y suficientes durante la jornada y medidas que impidan que los trabajadores tengan que escoger entre proteger su salud o perder parte de su salario.

"No se nos obligue a elegir entre nuestra salud y nuestro salario", resume la iniciativa.

Los expertos recuerdan que el estrés térmico puede provocar deshidratación, agotamiento, calambres musculares, pérdida de conocimiento y golpes de calor, una emergencia médica que puede resultar mortal si no se actúa con rapidez.

El riesgo aumenta cuando las temperaturas elevadas coinciden con un esfuerzo físico intenso, exposición directa al sol y una hidratación insuficiente, una combinación habitual en muchos trabajos desarrollados al aire libre.