Conductor de ambulancias durante un servicio

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Estilo de vida

Un conductor de ambulancias en España: "Cobro unos 2.300 euros limpios y trabajo 6 días al mes, pero nadie habla de las guardias de 24 horas"

La realidad de estos profesionales que combinan conducción especializada, atención sanitaria y toma de decisiones bajo presión constante es poco conocida.

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Escuchar el sonido de una sirena suele asociarse a la urgencia de salvar una vida. Lo que pocas veces se conoce es cómo es el trabajo de quienes van dentro de esas ambulancias y cuáles son sus condiciones laborales.

Diego, técnico en Emergencias Sanitarias del SAMUR-Protección Civil de Madrid, ha explicado en el pódcast 17 Grados algunos de los aspectos menos visibles de su profesión.

Su testimonio ha llamado la atención por una frase concreta: "Estoy cobrando unos 2.300 euros limpios y trabajo seis días al mes". Detrás de esa afirmación, sin embargo, hay una organización muy particular del tiempo de trabajo, con guardias de 24 horas y una elevada exigencia física y psicológica.

Lejos de la idea de que el conductor solo se ocupa del volante, en el SAMUR todos los integrantes de la ambulancia son Técnicos en Emergencias Sanitarias (TES).

Esto significa que cualquier miembro de la dotación está capacitado para atender al paciente, utilizar material sanitario y participar en la intervención.

Conciliación complicada

Diego explica que trabaja con un sistema conocido como turno 1/5. En la práctica, supone realizar una guardia de 24 horas y descansar los cinco días siguientes, lo que se traduce en unas seis guardias mensuales. A ello se añaden ocho guardias extraordinarias obligatorias a lo largo del año.

Aunque el número de días trabajados pueda parecer reducido, cada jornada concentra una enorme carga de responsabilidad. Durante esas 24 horas pueden encadenarse múltiples avisos, algunos de ellos de máxima gravedad, sin que exista un horario previsible de descanso.

El técnico también aclara que para conducir determinadas ambulancias del SAMUR es necesario disponer del permiso C, el mismo que habilita para conducir camiones.

La razón es que las UVI móviles superan el peso máximo autorizado para un turismo convencional debido al equipamiento médico que transportan.

El sistema madrileño distingue entre ambulancias de Soporte Vital Básico, formadas por dos técnicos, y las de Soporte Vital Avanzado (UVI móvil), en las que además viajan un médico y un enfermero para atender patologías críticas.

Una flota ajustada

Madrid cuenta con uno de los servicios de emergencias urbanas más reconocidos de España, pero sus recursos son limitados en relación con la población potencial a la que atiende.

Según los datos citados por Diego, durante el día operan 22 ambulancias básicas y 15 UVIs móviles, mientras que por la noche el despliegue se reduce a 14 básicas y 7 UVIs.

El propio técnico define el dispositivo como "justito" para una ciudad que, sumando residentes, trabajadores y visitantes, puede superar ampliamente los cinco millones de usuarios potenciales.

Pese a ello, el SAMUR mantiene tiempos de respuesta muy competitivos. Históricamente, el servicio municipal ha trabajado con el objetivo de llegar a una emergencia en torno a 8 o 9 minutos desde la activación del aviso.

Esa rapidez se apoya en una red de 24 bases operativas distribuidas por distintos barrios de Madrid, lo que permite reducir las distancias de desplazamiento y tener unidades estratégicamente posicionadas.

Otro aspecto poco conocido es el mantenimiento de los vehículos. Tras cada guardia, la ambulancia pasa por un proceso de revisión mecánica, reposición de material sanitario y limpieza integral, de manera que la unidad esté preparada para el siguiente turno.

Correr vs. trasladar

Diego describe dos formas de conducir completamente distintas. Cuando la ambulancia se dirige al lugar de la emergencia, la prioridad es llegar cuanto antes.

Se utilizan luces y sirenas y, siempre bajo los protocolos de emergencia y la normativa de tráfico, pueden realizarse maniobras excepcionales para sortear atascos o acceder con rapidez al paciente.

La situación cambia radicalmente cuando el herido ya está dentro del vehículo. En ese momento, explica el técnico, la prioridad deja de ser la velocidad y pasa a ser la estabilidad clínica del paciente.

"Todos los volantazos, frenazos o acelerones se los transmito al paciente", señala. Un movimiento brusco puede agravar lesiones, provocar mareos o alterar parámetros hemodinámicos, especialmente en personas politraumatizadas o en estado crítico.