Leo Messi, llorando tras recoger la medalla de plata como subcampeón del mundo.

Leo Messi, llorando tras recoger la medalla de plata como subcampeón del mundo. Reuters

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Lara Ferreiro, psicóloga: "La derrota del Mundial puede ser el recuerdo más doloroso de la carrera de Messi"

La experta analiza cómo la presión, el posible adiós a los Mundiales y el peso de liderar a Argentina influyeron en las reacciones del capitán durante la final.

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El pasado 19 de julio, España volvió a hacer historia al proclamarse campeona del Mundial de fútbol por segunda vez. Aquel domingo de verano quedará grabado para siempre en la memoria de los jugadores, el cuerpo técnico y millones de aficionados que celebraron una victoria que pone fin a 16 años de espera desde el último título mundial.

Y es que la final estuvo marcada por dos clases de lágrimas. De un lado, las de la alegría de una selección española que volvía a tocar el cielo; del otro, las de una Argentina que veía escapar el Mundial y, posiblemente, la última oportunidad de Leo Messi de volver a conquistar el título más importante del fútbol.

Para el capitán argentino no solo se escapó un Mundial, sino también la posibilidad de despedirse del torneo levantando de nuevo el trofeo. Precisamente sobre las consecuencias psicológicas de ese momento ha reflexionado la psicóloga Lara Ferreiro, que considera que esta derrota puede convertirse en el recuerdo más doloroso de toda su carrera.

El "síndrome del héroe caído"

Hay derrotas que van mucho más allá del resultado. Algunas permanecen durante años en la memoria de quienes las sufren, especialmente cuando representan el final de una etapa. Eso es precisamente lo que, según la psicóloga Lara Ferreiro, puede ocurrirle a Leo Messi tras perder la final del Mundial frente a España.

"El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno… Con los partidos que dimos vuelta dejando todo y que quedarán para siempre en la memoria, con el apoyo de un país entero que junto con el trabajo y el esfuerzo de este grupo nos llevó a volver a estar, una vez más, entre los mejores del mundo", escribió el futbolista.

Según explica la psicóloga Lara Ferreiro a CUORE, el caso de Messi encaja en lo que denomina un "trauma deportivo". La experta aclara que este concepto no hace referencia a una enfermedad psicológica, sino a una experiencia de enorme intensidad emocional que permanece en la memoria durante años por todo lo que representa.

En este caso, la derrota no solo implica perder una final, sino hacerlo en un momento en el que el futbolista era consciente de que probablemente estaba disputando su último Mundial.

La experta señala que una experiencia de este tipo no desaparece simplemente con el paso del tiempo. Los deportistas de élite conviven durante años con victorias y derrotas que terminan definiendo sus carreras, aunque pocas tienen un impacto comparable al de perder una final del Mundial.

Ferreiro define esta situación como el llamado "síndrome del héroe caído". Durante décadas, Messi ha sido el líder absoluto de Argentina y uno de los futbolistas más determinantes de la historia.

Sobre sus hombros han recaído constantemente las expectativas de millones de personas y, precisamente por ello, cuando el objetivo no se alcanza el impacto emocional suele ser mucho mayor que el de cualquier otro jugador.

La psicóloga considera que ese desgaste fue visible durante prácticamente todo el partido. Uno de los momentos que más llamó la atención fue su intento de que el árbitro expulsara a Marc Cucurella después de que el defensa español se llevara la mano a la boca mientras hablaba, un gesto relacionado con la nueva normativa de la FIFA.

Muchos aficionados interpretaron aquella protesta como un intento de obtener ventaja reglamentaria, aunque Ferreiro propone una lectura diferente.

Según explica, cuando un deportista siente que el encuentro empieza a escaparse, el cerebro entra en una especie de modo de supervivencia competitiva. Algunos jugadores buscan soluciones tácticas, mientras que otros intentan influir sobre el contexto del partido mediante protestas o reclamaciones arbitrales.

Desde esta perspectiva, el comportamiento de Messi no respondería necesariamente a una intención de actuar de mala fe, sino a la necesidad psicológica de recuperar el control en un momento de enorme frustración.

Las protestas fueron, precisamente, otro de los aspectos que más destacaron durante la final. El capitán argentino discutió numerosas decisiones arbitrales y mantuvo una comunicación constante con el colegiado en algunos de los momentos más delicados del encuentro.

Paralelamente, su lenguaje corporal fue cambiando conforme avanzaban los minutos. La confianza del inicio dio paso a la ansiedad, después apareció la frustración y finalmente llegó una resignación que terminó reflejándose en su rostro.

España también consiguió algo poco habitual: reducir al mínimo la participación del futbolista argentino. Durante largos tramos del partido apenas entró en contacto con el balón, una circunstancia muy poco frecuente en alguien acostumbrado a monopolizar el juego ofensivo de su selección.

Esa falta de protagonismo, unida a la presión del marcador y al contexto emocional de la final, fue aumentando progresivamente el desgaste psicológico.

Aun así, Ferreiro destaca que Messi nunca dejó de ejercer como capitán y su liderazgo estuvo más centrado en mantener unido al grupo que en resolver el partido con acciones individuales.

Sin embargo, conforme el tiempo avanzaba, las emociones comenzaron a imponerse sobre la serenidad que tradicionalmente ha caracterizado al futbolista argentino. En varios momentos reaccionó desde la frustración más que desde la calma, algo poco habitual en él.

Otro de los elementos que incrementó el impacto emocional fue la conciencia de que probablemente se trataba de su último Mundial. Afrontar una despedida añade una presión extraordinaria porque cada error adquiere una dimensión mucho mayor y cada minuto puede convertirse en irrepetible.

Cuando el pitido final confirmó la derrota, todas esas emociones terminaron aflorando de golpe.

Las imágenes de Messi llorando sobre el césped dieron inmediatamente la vuelta al mundo. Para muchos aficionados simbolizaban simplemente la tristeza por perder una final. Para Lara Ferreiro, en cambio, reflejaban algo mucho más profundo: el final de una etapa, el cierre de una era y la aceptación de que un sueño largamente perseguido ya no podrá repetirse.