Julia Roberts en una escena de 'Come, reza, ama' (Ryan Murphy, 2010).

Julia Roberts en una escena de 'Come, reza, ama' (Ryan Murphy, 2010). IMDb

Estilo de vida

Los psicólogos coinciden: el pensamiento positivo y el 'journaling' reducen el estrés y entrenan tu cerebro

Cuando el órgano está diseñado para sobrevivir, conviene encontrar formas de prepararlo para salir de ese modo y habitar un presente más optimista.

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"Soy capaz de manejar cualquier situación, pero primero voy a llorar". Eso reza un meme de Instagram acompañado de una escena de la película Niñera a la fuerza, (Boaz Yakin, 2003).

El jocoso comentario tiene dos interpretaciones: la primera, voy a salir de esta de una forma u otra; la segunda, estoy fatal y tampoco tengo demasiado tiempo de gestionarlo.

Los breves segundos del clip reflejan una situación a la que se enfrentan las generaciones más jóvenes hoy día, teniendo en cuenta además la cantidad de estímulos a los que están sometidas.

Con un presente profesional desalentador, unas perspectivas económicas más que cuestionables y unos ritmos de vida y expectativas que asfixian, encontrar lo positivo en lo cotidiano es misión imposible, y no una protagonizada por Tom Cruise, precisamente.

Sin embargo, los beneficios de este ejercicio tan sencillo están demostrados. Al igual que lo de hacer journaling, el hábito de escribir de forma regular para ordenar pensamientos, emociones, ideas o experiencias. No se trata de escribir bonito, sino de reflexionar. Sucede lo mismo con la acción de dar las gracias por lo que se tiene a diario, al margen de las circunstancias.

En 'Come, reza, ama', Julia Roberts busca encontrarse a sí misma para, en definitiva, llevar una vida más feliz en la que agradecer incluso las pequeñas cosas.

En 'Come, reza, ama', Julia Roberts busca encontrarse a sí misma para, en definitiva, llevar una vida más feliz en la que agradecer incluso las pequeñas cosas. IMDb

Diseñado para sobrevivir

¿Por qué el cerebro se engancha tan rápido a lo malo? Y, sobre todo, ¿por qué no sólo hace eso, sino que también se recrea en lo pesimista aunque sea una mínima parte de la realidad?

De acuerdo a la psicóloga y CEO de Clínica Pinsapo Ana Sánchez "nuestro órgano está diseñado para la supervivencia, no para hacernos felices. Entonces, esto nos lleva a todas las teorías del sesgo negativo que hacen que nos fijemos mucho más en detalles como las críticas o las amenazas".

Manuel Martín-Loeches, catedrático de Psicobiología en la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Psicobiología por dicha institución refuerza este mensaje comentando que el ser humano tiene como actitud general ante la vida esa mirada de estar alerta, acechante ante posibles peligros. "Ha sido lo que, evolutivamente, nos ha permitido sobrevivir".

La psicóloga retoma la facilidad de las personas para recrearse en los sucesos más pesimistas o en una percepción negativa de sí mismas: "Cuando alguien hace 20 cosas buenas por ti y una mala, nos quedamos con esta última".

De acuerdo a la experta, esto sucede porque se activan otros mecanismos del cerebro más profundos y deja huellas emocionales. ¿En qué desemboca esta idea? En que el ser humano no mantiene esta actitud por naturaleza, sino que está programado con ese sistema de alarma.

Los psicólogos coinciden: el pensamiento positivo y el 'journaling' reducen el estrés y entrenan tu cerebro

Todo tiene un pero

Y parece que por una vez este conato de oración coordinada adversativa posee un cariz optimista. Cuando se baja la guardia —sí, hay formas de hacerlo—, el estado de salud mejora. Hay una recompensa tras el esfuerzo del camino y es algo que se puede aprender a controlar.

"Tener una predisposición positiva, bajar esa vigilancia, es muy bueno, porque supone la asunción de que en el fondo todo va a estar bien. Así se relaja el sistema nervioso simpático y se activa el parasimpático", aclara el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.

"Este último es el del famoso nervio vago que tanto se está investigando por sus ventajas para con la salud mental: desde el bienestar general hasta algo más concreto como el estrés", suma.

El psicobiólogo recomienda que el interruptor de esa parte del cerebro se activa y ejercita a base de práctica y, sobre todo, "de hacerlo intencionalmente", con ejercicios como la gratitud o palabras de calma como "todo está bien".

Son detalles sencillos que se pueden integrar fácilmente en la rutina: desde el momento del despertar hasta ciertas palabras de afirmación antes de dormir.

Eso, por supuesto, no quiere decir que haya que verle un lado bueno a todo, como apostilla Sánchez, sino que hay que enseñarle al órgano a funcionar de una forma que los sostenga en un punto intermedio entre el peligro y el sosiego para poder alcanzar el bienestar.

Escribir como terapia

Hay otros gestos más palpables mediante los que es más fácil inculcar ciertos hábitos, como el journaling, una forma de vaciar el agobio en papel.

"Es una técnica proyectiva que ayuda con los pensamientos negativos repetitivos, las sensaciones o imágenes y preocupaciones que nos dan vueltas una y otra vez en la cabeza. Todo eso se va rebajando a través de la escritura, porque obligatoriamente el cerebro tiene que estructurar qué ha pasado", destaca Sánchez.

Además, añade que el hecho de poner palabras y darle un nombre a lo que nos ha pasado "nos ayuda a asimilarlo e integrarlo en nuestro sistema nervioso. Además de reducir la rumiación, ya que ayuda a detectar patrones y deja sensación de claridad y coherencia".

En la imagen, la intérprete en una escena de la película con gesto de tranquilidad, disfrutando de un paseo en bici.

En la imagen, la intérprete en una escena de la película con gesto de tranquilidad, disfrutando de un paseo en bici. IMDb

Raquel Sáez es una creativa que centra su trabajo en especial en la producción audiovisual. La joven comenta que, en su caso, "empecé a tener un travel journal porque quería conectar otra vez con la sensación de parar un segundo y digerir cómo me siento, qué me interesa, qué me llama la atención... ".

Su vida, como la de tantos jóvenes adultos, se veía zarandeada entre la inmediatez y esos estímulos constantes, pasando por supuesto por "ser multitasking", una de las grandes demandas del mercado en el plano profesional y social.

"Me da tranquilidad dedicar ese rato a 'vomitar' cómo estoy y hace que me centre en esa única cosa mientras escribo y pongo en palabras emociones", destaca Sáez.

La psicóloga Ana Sánchez le da la razón, ya que explica que cuando se escribe algo se hace mucho más pequeño de lo que es en realidad. "Puedes sentirte muy agobiada por una idea que te está aturdiendo y cuando te sientas a escribir realmente qué es lo que te está pasando, caes en que a lo mejor son cuatro frases y lo ves desde otra perspectiva", cuenta.

No obstante, el ejercicio no se queda ahí, sino que se extrapola del momento presente al futuro, como comenta Sáez: "De pequeña escribía mucho en diferentes diarios y me encanta, cada cierto tiempo, volver y leer cómo pensaba hace años y qué me estaba pasando en ese momento".

"Me gusta regresar ahí porque siento que tiendo a olvidar, por ejemplo, lo mal que me sentí en un momento concreto. Regresar es una forma de recordarme por qué tomé una decisión y no otra. Siempre me ha gustado dejarme mensajes para mi yo del futuro y me hace mucha ilusión recuperarlos años después", concluye.

El 'journaling' es una forma de poner la vida en perspectiva.

El 'journaling' es una forma de poner la vida en perspectiva. Foto de Marcos Paulo Prado en Unsplash

Peligros reales

Al margen de que el cerebro tenga ese sistema de alerta instalado de serie, hay otros riesgos a los que también merece la pena vigilar de cerca: los falsos mitos sobre el optimismo y los gurús que pululan en las redes al respecto, al igual que la filosofía de Mr. Wonderful.

Sobre esto, Ana Sánchez indica que el positivismo se vuelve negativo cuando te quedas atrapada en él o te exiges estar bien, incluso cuando no hay motivos para ello. "Se da en situaciones realmente adversas, como una ruptura de pareja o un duelo. Entonces, el problema de ese discurso es que al final estamos invalidando lo que sentimos", explica.

Tal y como aclara la experta, la tristeza, el miedo o la rabia son emociones humanas y totalmente normales que tienen que existir, por ende, para que se dé la positiva. "Si eso no se reconoce en el momento, se queda enquistado y luego saldrá en forma de síntomas de diversa índole, como un ataque de ansiedad", expresa.

De fondo, siempre, aceptar el dolor, pero no habitar de forma eterna el papel de víctima, "porque eso sí es peligroso". No obstante, la profesional cuenta que hay que saber que no se atraviesa un buen momento, siempre desde el amor propio, para poder gestionarlo.

Así, con el discurso de la experta, se conecta con la idea del meme inicial.

La mejor forma de afrontar una situación no es fingir lo que no se es ni convencerse de que todo irá bien, sino permitirse llorar antes de seguir adelante. Ese llanto no tiene por qué ser en forma de lágrimas, sino que también encuentra su vía a través de la palabra, los pensamientos positivos o el agradecimiento.

El cerebro seguirá ejerciendo su labor predeterminada de estar alerta ante las amenazas, pero al menos encontrará un camino para no recrearse sólo en ello, porque, como de costumbre, en el término medio está la virtud.