Vélez-Blanco, Almería, desde las alturas.

Vélez-Blanco, Almería, desde las alturas.

Estilo de vida

El pueblo de Andalucía declarado Bien de Interés Cultural con un castillo del siglo XVI y un laberinto de calles blancas

Situado en pleno Parque Natural Sierra María-Los Vélez, el municipio está rodeado por montañas como el Maimón Grande y el Maimón Chico.

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Andalucía tiene esa capacidad de mezclar paisajes completamente distintos en apenas unos kilómetros. Hay quien la asocia a sus playas infinitas, al olor a sal junto al Mediterráneo o a los pueblos blancos que parecen suspendidos en la montaña, pero la realidad es que cada rincón guarda una personalidad propia.

La gastronomía, las tradiciones y hasta la manera de hablar cambian de un municipio a otro, y eso convierte a la comunidad en un destino lleno de contrastes. En el caso de Almería, la tierra que vio nacer a David Bisbal, la provincia esconde fortalezas medievales, paisajes de montaña y pequeños pueblos donde el tiempo parece avanzar más despacio.

Precisamente ha sido el propio cantante quien ha querido recomendar uno de esos rincones menos conocidos de su tierra: Vélez-Blanco, una localidad declarada Bien de Interés Cultural que conquista por su castillo del siglo XVI y su laberinto de calles blancas.

Vélez-Blanco, Almería

Almería forma parte de la historia personal y profesional de David Bisbal, aunque esta vez el viaje tenía algo distinto. Él mismo reconocía que ya había estado anteriormente en Vélez-Blanco, aunque siempre por trabajo.

Y es que Vélez-Blanco tiene esa capacidad de sorprender incluso a quienes conocen bien Andalucía. Con apenas unos 2.000 habitantes, este municipio situado en el interior almeriense, dentro del Parque Natural Sierra María-Los Vélez, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los pueblos más singulares de la comunidad.

Su combinación de patrimonio histórico, paisaje serrano y arquitectura tradicional hace que muchos lo consideren uno de los pueblos más bonitos de Andalucía.

La primera imagen que domina el horizonte es la de su imponente castillo renacentista, levantado sobre un cerro rocoso que vigila todo el valle. Desde prácticamente cualquier punto del municipio puede verse la fortaleza coronando el paisaje, convertida en el gran símbolo de Vélez-Blanco.

A sus pies se despliega el antiguo barrio de la Morería, un entramado de calles estrechas y empedradas donde las fachadas encaladas crean ese característico laberinto blanco tan asociado a los pueblos andaluces.

El gran protagonista del municipio es el Castillo de Vélez-Blanco, construido entre 1506 y 1515 por orden de Pedro Fajardo y Chacón, primer marqués de los Vélez. La fortaleza se levantó sobre una antigua alcazaba musulmana y representa una de las mejores muestras de la transición entre el gótico y el Renacimiento español.

Vélez-Blanco.

Vélez-Blanco.

De hecho, fue su importancia histórica y artística la que hizo que fuera declarado Bien de Interés Cultural ya en 1931.

La construcción conserva una planta hexagonal irregular adaptada al terreno montañoso sobre el que se asienta. Sus gruesos muros de mampostería, las torres cilíndricas y el antiguo puente levadizo reflejan todavía el carácter defensivo del edificio, aunque lo que más impresiona hoy son las vistas panorámicas que ofrece sobre la sierra y el pueblo.

Desde las almenas puede contemplarse la inmensidad del paisaje almeriense, con montañas, ramblas y valles que cambian de color según la luz del día.

Dentro del conjunto original destacaba también el célebre Patio de Honor, considerado una auténtica joya del Renacimiento español.

Sin embargo, fue vendido a comienzos del siglo XX y actualmente se encuentra reconstruido en el Metropolitan Museum de Nueva York, donde sigue siendo una de las piezas más admiradas de la colección dedicada al arte español.

Más allá del castillo, el verdadero encanto de Vélez-Blanco aparece al perderse por sus calles. El barrio de la Morería, origen medieval del municipio, mantiene prácticamente intacta la estructura urbana heredada de época musulmana.

Sus callejuelas estrechas y sinuosas ascienden de forma escalonada hacia la fortaleza, formando un entramado irregular que invita a caminar sin rumbo fijo.

Las viviendas encaladas, las pequeñas plazas y los rincones silenciosos conservan una atmósfera muy distinta a la de otros destinos turísticos más masificados. Durante siglos, esta zona estuvo protegida por una muralla que separaba el núcleo morisco del resto del pueblo, especialmente tras la expulsión de los moriscos en 1570.

Aunque gran parte de esa muralla desapareció, todavía pueden verse algunos restos cerca de la Fuente de los Cinco Caños y la calle Palacio.

Otro de los espacios más especiales del municipio es la Placeta del Padre Tapia, presidida por la casa marquesal y por la conocida Fuente de las Almenicas.

Es uno de esos rincones donde resulta fácil imaginar cómo era la vida cotidiana siglos atrás, cuando Vélez-Blanco conservaba todavía una fuerte influencia morisca.

El entorno natural es otro de los grandes tesoros de la localidad. Situado en pleno Parque Natural Sierra María-Los Vélez, el municipio aparece rodeado por montañas como el Maimón Grande y el Maimón Chico, además de barrancos, ramblas y fértiles vegas atravesadas por el río Alcaide.

El paisaje cambia completamente según la estación y convierte la zona en un destino muy apreciado para quienes buscan naturaleza y tranquilidad.

Los alrededores ofrecen numerosas rutas para senderismo y observación de aves, aunque uno de los lugares más fascinantes se encuentra en la conocida Cueva de los Letreros.

Este abrigo rocoso alberga pinturas rupestres de enorme valor histórico y arqueológico, entre ellas el famoso Indalo, convertido hoy en símbolo universal de la provincia de Almería.