La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz. Imagen de archivo

Estilo de vida

Austria da una lección a España: se jubilan a los 65 años, pensiones de 2.600 € y una 'mochila' de ahorro

Un sistema que combina pensión pública y ahorro acumulado permite a los trabajadores mantener ingresos estables y mayor seguridad al jubilarse.

Más información: Austria da una lección a España: se jubilan a los 65 años, la pensión supera los 2.600 € y el sistema es público

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El sistema público de pensiones en España ha sufrido numerosas reformas a lo largo de los últimos 15 años, entre las que destaca especialmente la Ley 27/2011, que introdujo un retraso progresivo en la edad ordinaria de jubilación y modificó su cálculo.

No obstante, estos no fueron los únicos cambios. También la Ley 21/2021 incorporó nuevos desincentivos en forma de coeficientes reductores para quienes optan por la jubilación anticipada.

En un contexto en el que la deuda pública supera el 105% del PIB, crece la preocupación por un sistema que depende en gran medida del Estado. Frente a esta realidad, existen modelos europeos con enfoques diferentes.

Este es el caso de Austria, donde se aplica un sistema que combina el modelo público con mecanismos de capitalización, entre ellos la conocida "mochila austriaca" (Abfertigung Neu), aunque conviene matizar su verdadero alcance.

La 'mochila austriaca'

La "mochila austriaca" fue implementada en 2003 para sustituir el sistema tradicional de indemnización por despido por un modelo basado en un fondo de capitalización individual.

En este sistema, las empresas aportan cada mes un 1,53% del salario bruto del trabajador a una caja de previsión (Vorsorgekasse). Ese capital pertenece al empleado y le acompaña durante toda su vida laboral.

Esto implica que, si un trabajador cambia de empresa de forma voluntaria, mantiene ese ahorro acumulado, evitando perder antigüedad como ocurre en algunos casos en España.

El sistema permite dos opciones: retirar el dinero en caso de despido o mantenerlo invertido. Si se conserva hasta la jubilación, puede convertirse en un complemento adicional a la pensión.

No obstante, este mecanismo no sustituye al sistema público de pensiones, sino que actúa como complemento. De hecho, su aportación es relativamente limitada: equivale aproximadamente a unos 5-6 días de salario por año trabajado, por debajo del coste del despido en España.

Ventajas y límites

Austria mantiene una edad legal de jubilación de 65 años, aunque en el caso de las mujeres se encuentra en proceso de convergencia progresiva hacia esa cifra.

En cuanto a la cuantía, las pensiones pueden alcanzar cifras cercanas a los 2.600 euros mensuales en carreras laborales largas y estables, aunque no es la media general del sistema.

A diferencia de España, donde la pensión pública tiene un peso dominante, el modelo austriaco incorpora elementos de ahorro individual que reducen parcialmente la dependencia del sistema de reparto.

Sin embargo, este modelo también presenta limitaciones. La rentabilidad de la "mochila" depende de la evolución de los mercados financieros, lo que introduce un componente de incertidumbre que no existe en el sistema público tradicional.

Además, su implantación en España supondría un coste muy elevado. El Banco de España estimó que la transición requeriría al menos 8.000 millones de euros, aunque otras previsiones elevan considerablemente esa cifra.

El principal problema es el llamado "doble coste": las empresas tendrían que seguir pagando indemnizaciones del sistema actual mientras comienzan a financiar el nuevo modelo.

Protección y sostenibilidad

España sigue siendo una excepción en Europa por su elevada tasa de sustitución, que ronda el 80-86% del último salario medio, una de las más altas de la OCDE.

Sin embargo, esta fortaleza también implica una mayor presión sobre las cuentas públicas, especialmente en un contexto de envejecimiento de la población.

Frente a ello, modelos como el austriaco apuestan por diversificar el sistema, combinando pensión pública y ahorro acumulado a lo largo de la vida laboral.

Aun así, no existe una solución única. El caso de Austria muestra ventajas en términos de movilidad laboral y previsión individual, pero también plantea desafíos en su adaptación a economías como la española.

El debate, en cualquier caso, sigue abierto: cómo equilibrar la protección de los trabajadores con la sostenibilidad del sistema en el largo plazo.