Profesional de limpieza.

Profesional de limpieza. iStock

Estilo de vida

Mónica, limpiadora a domicilio: "Un día bueno puedo ganar entre 130 y 150 euros trabajando 10 horas"

El precio de la vivienda en España lleva a muchas familias a tener que trabajar duramente para poder sobrevivir.

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Mónica llegó a España desde Antioquia (Colombia) con la clara idea de salir adelante trabajando. Lo hizo en el sector de la limpieza, encadenando casas, locales y pequeños encargos hasta conseguir una rutina estable en Palma de Mallorca.

Su historia se ha conocido a través de una entrevista con el creador de contenido Andrés Pérez, en la que relata cómo ha cambiado su vida desde aquellos primeros empleos precarios hasta su situación actual, en la que vive tranquila.

Entre medias hubo jornadas interminables, semanas cobrando apenas 90 euros y hasta tres noches durmiendo en la calle por no poder pagar una habitación.

Ahora, aunque sigue marcada por un equilibrio frágil entre ingresos, alquiler y horas de trabajo, explica que también hay otros en los que enlaza servicios y puede alcanzar una jornada de 10 horas por la que cobra alrededor de 130 euros.

Empezar en España

Su semana arranca pronto. Los lunes, por ejemplo, comienza a las 7:30 de la mañana en una peluquería, uno de los trabajos que forman parte de su rutina habitual. Allí se ocupa de tareas básicas, pero necesarias para el funcionamiento diario del local.

Después continúa con otros encargos en domicilios particulares. Uno de ellos es la vivienda de unos clientes alemanes que, según relata, apenas están en la isla durante algunas temporadas del año. Aun así, ella acude durante todo el año para mantener la casa en condiciones y vigilar que todo siga en orden.

Ese tipo de trabajos, explica, exigen una relación de confianza con los clientes. No solo por entrar en viviendas ajenas cuando los propietarios no están, sino también por la responsabilidad de hacerse cargo del mantenimiento de una casa privada. Mónica atribuye esa estabilidad a su honestidad, algo que repite como uno de los pilares de su recorrido en España.

Gracias a esa confianza, sus clientes le han entregado llaves y le han permitido consolidar una red de empleadores habituales. En un sector muy apoyado en las recomendaciones y en el trato directo, ese respaldo ha sido decisivo para dejar atrás la etapa más incierta de su llegada a España.

Los años más duros

Aunque ahora habla de estabilidad, su comienzo estuvo lejos de serlo. Mónica recuerda que hubo un tiempo en el que solo limpiaba una peluquería, unos despachos y una casa. Con esos trabajos reunía unos 90 euros semanales, una cantidad insuficiente para cubrir el coste de una vivienda y afrontar los gastos básicos del día a día.

Fue entonces cuando vivió uno de los episodios más duros de su vida en España, ya que pasó tres noches en la calle porque no tenía dinero para pagar un alojamiento. Aquel momento, cuenta, marcó un antes y un después en su experiencia migratoria, no solo por la precariedad económica, sino por la sensación de desamparo con la que tuvo que enfrentarse a una realidad que no esperaba encontrar.

La situación empezó a cambiar gracias a una amiga venezolana. Al enterarse de lo que estaba ocurriendo, esta mujer y su pareja se mudaron para dejarle un lugar donde quedarse. Además, le ayudaron a asumir el alquiler hasta que pudiera recuperarse y le facilitaron nuevos contactos para encontrar más trabajo.

A partir de ahí, Mónica empezó a ampliar su cartera de clientes y a encadenar más horas de trabajo. Poco a poco, dejó atrás la urgencia inmediata y logró construir una rutina con ingresos más constantes, aunque siempre vinculados a la cantidad de servicios que consigue hacer cada semana.

Alquiler de 750 euros

Hoy sus cuentas dependen del número de horas que logre sumar. Según explica, cobra de media 13 euros la hora, aunque no todos los días son iguales. En una jornada floja puede trabajar solo cuatro horas y ganar alrededor de 74 euros. En otra más intensa, con 10 horas de actividad, sus ingresos suben hasta unos 150 euros.

Ese vaivén es habitual en muchos empleos de limpieza a domicilio, donde la estabilidad no siempre llega de la mano de un contrato uniforme, sino de la suma de pequeños trabajos repartidos por distintos puntos de la ciudad. En su caso, esa organización le permite mantenerse, aunque también la obliga a encajar horarios, desplazamientos y encargos variables.

Trabajar en limpieza en España

Pese a todo, Mónica afirma que vive bien. Su percepción no se basa en un sueldo elevado, sino en la calidad de vida que siente haber conseguido después de años muy difíciles.

Actualmente vive sola con sus hijas en un piso de tres habitaciones por el que paga 750 euros al mes de alquiler. Una habitación es para ella y las otras están pensadas para sus hijas. Para Mónica, disponer de ese espacio y poder ofrecer estabilidad a su familia representa un logro importante, sobre todo si se compara con los momentos en los que ni siquiera tenía garantizado un lugar donde dormir.