De izquierda a derecha, María Chivite, Pedro Sánchez y Elma Saiz,

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Estilo de vida

Suiza da una lección a España con las pensiones: jubilación a los 65 años, pagas de hasta 2.500 € y ahorro privado garantizado

Suiza protege el retiro de sus ciudadanos con un sistema de ahorro privado que reduce la dependencia del Estado y asegura el dinero de cada trabajador.

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Menos de tres horas son las que separan a Suiza de España. Dieciséis si vamos en coche, 1.656 kilómetros de viaje que, a simple vista, parecen poca cosa; sin embargo, depende de a quien le preguntes es posible que te responda que el país helvético vive a siglos de distancia de nosotros.

Porque más allá de la distancia física, lo que realmente separa a ambos países es la forma en la que organiza su sistema de bienestar, especialmente el de las pensiones. Mientras en España la jubilación depende casi por completo en un modelo de solidaridad intergeneracional, donde el Estado actúa como gestor y redistribuidor, en Suiza la responsabilidad se reparte entre varias piezas.

Esa diferencia estructural se traduce en algo más que cifras, ya que afecta directamente a la percepción de seguridad y control. En el modelo suizo, el trabajador no solo cotiza, sino que también construye patrimonio propio a lo largo de su vida laboral, lo que introduce una lógica distinta en la jubilación, más ligada a la previsión individual que a la dependencia exclusiva del Estado.

Los tres pilares que sostienen la jubilación suiza

El sistema de pensiones en Suiza se apoya en una estructura que, lejos de ser improvisada, responde a una lógica clara: combinar estabilidad, responsabilidad individual y sostenibilidad a largo plazo.

Se articula en tres pilares que se complementan entre sí y que buscan mantener el nivel de vida previo a la jubilación, que normalmente se sitúa en torno a los 65 años.

El primer pilar, conocido como AVS, funciona de manera similar al modelo español en cuanto a que se basa en el reparto. Es obligatorio y cubre las necesidades básicas de toda la población, asegurando que nadie quede desprotegido.

Ahora bien, introduce un matiz clave: establece una pensión mínima y una máxima, lo que limita el gasto público y evita desequilibrios extremos.

En este nivel, las prestaciones pueden alcanzar cifras cercanas a los 2.400 o 2.500 euros mensuales, siempre que se haya cotizado durante toda la vida laboral.

Si se pone esa cifra en perspectiva, la comparación con España cambia de matiz, ya que el sistema español permite alcanzar pensiones máximas más elevadas en términos nominales, que en 2026 superan los 3.300 euros mensuales.

Zurich, Suiza.

Zurich, Suiza.

Sin embargo, esa cantidad depende exclusivamente del sistema público y de las cotizaciones actuales, mientras que en Suiza ese primer importe es solo la base sobre la que se suman los ingresos procedentes del segundo y tercer pilar, lo que en la práctica eleva considerablemente la renta final del jubilado, aunque siempre condicionada por un coste de vida mucho más alto.

De hecho, el verdadero punto de inflexión aparece en el segundo pilar, la previsión profesional. Aquí es donde el sistema suizo marca distancia con claridad.

Este mecanismo también es obligatorio para quienes superan cierto umbral de ingresos, pero no funciona como una caja común, sino como un sistema de capitalización individual.

Tanto el trabajador como la empresa aportan fondos a una cuenta personal que se invierte en los mercados financieros, lo que significa que ese dinero pertenece al trabajador y crece con el tiempo.

Al llegar la jubilación, ese capital puede transformarse en una renta o retirarse en bloque, lo que introduce un grado de control que no existe en sistemas puramente públicos.

Además, la implicación empresarial es significativa, ya que al menos el 50% de las aportaciones proviene del empleador. Esto no solo refuerza el ahorro, sino que distribuye el esfuerzo financiero entre varias partes, reduciendo la presión sobre el Estado.

Si se baja al terreno de lo que realmente perciben los jubilados, la diferencia resulta aún más evidente. En España, la pensión media de jubilación se sitúa en torno a los 1.560 euros mensuales, con una media general del sistema cercana a los 1.360 euros , lo que refleja que la mayoría de pensionistas se mueve en niveles intermedios, lejos de las cuantías máximas.

En Suiza, en cambio, esos alrededor de 2.400 o 2.500 euros del primer pilar no representan el ingreso total, sino solo una base a la que se suman los ahorros acumulados en los sistemas profesional y privado.

Para una persona soltera, la pensión de jubilación pública (AVS/AHV) oscila entre un mínimo de 1.300 euros y un máximo de 2.600 mensuales. Las parejas pueden percibir una pensión conjunta máxima de hasta 3.900 al mes. Estas cantidades dependen estrictamente de los años de cotización y los ingresos medios.

El tercer pilar completa el modelo con el ahorro privado voluntario. Aunque no es obligatorio, el Gobierno suizo lo incentiva mediante ventajas fiscales muy atractivas, lo que ha generado una cultura de previsión a largo plazo.

@infosuiza Que opinas sobre el sistema de pensiones Suizo??? #suiza🇨🇭 #españolesensuiza #latinosensuiza #suizaparatodos #cosasdesuiza #infosuiza #vivirensuiza #pensionensuiza #sistemadepensiones ♬ Somewhere Only We Know - Gustixa & Rhianne

Los ciudadanos pueden destinar parte de sus ingresos a estos productos y deducirlos de sus impuestos, lo que convierte el ahorro en una decisión racional y extendida, no en una excepción.

Este diseño tiene incluso implicaciones en la movilidad internacional, ya que los fondos acumulados en el segundo pilar pueden retirarse si una persona abandona definitivamente el país, lo que refuerza la idea de propiedad individual sobre el ahorro generado durante la vida laboral.

Al observar el conjunto, lo que emerge es un sistema que diversifica el riesgo. Mientras España depende en gran medida de la evolución demográfica y del equilibrio entre cotizantes y pensionistas, Suiza reparte la carga entre varias fuentes, lo que le permite mantener una mayor estabilidad incluso en contextos de envejecimiento poblacional.

No obstante, conviene introducir un matiz importante para evitar lecturas simplistas. Las cifras suizas pueden parecer más atractivas en términos nominales, pero el coste de vida en el país es considerablemente más alto.

Esto significa que esos 2.500 euros mensuales no tienen el mismo poder adquisitivo que en España, especialmente en ciudades como Zúrich o Ginebra, donde vivienda, sanidad y servicios básicos alcanzan niveles muy elevados.