Noelia Toré, pastelera y fundadora de Bakery by Noelia.

Noelia Toré, pastelera y fundadora de Bakery by Noelia. YouTube

Estilo de vida

Noelia, pastelera: "Facturaba 50.000 euros al mes y cerré; ahora gano más vendiendo 'online' y sin 15 trabajadores"

El planteamiento de la empresaria fue apostar por un modelo de negocio con una mayor reducción de costes y apostar por actividades con mayor margen de beneficio.

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El volumen de negocio es uno de los principales parámetros para medir el éxito en una empresa. Es por ello que "bajar la persiana" definitivamente, cuando mejores números se están alcanzando, para muchos es un gran error.

Noelia Torré, pastelera y fundadora de Noelia Bakery, es el ejemplo que confirma la regla, rompiendo con muchos clichés comunes sobre el triunfo en los negocios.

Su pastelería-cafetería en Viladecans, a las afueras de Barcelona, llegó a convertirse en un pequeño fenómeno. Tenía clientela fiel, una imagen cuidada, un producto muy reconocido y un equipo que creció hasta las 15 personas. Desde fuera, todo parecía encajar en la idea clásica de emprendimiento triunfador.

Sin embargo, por dentro la situación era muy distinta. La presión de sostener la estructura, las nóminas, la gestión diaria y la responsabilidad constante empezaron a pasarle factura. "Nosotros llegamos a ser 15 trabajadores y a mí se me hizo mundo", ha explicado la pastelera al recordar aquella etapa.

Noelia había conseguido un negocio propio, una marca reconocible y una facturación que rondaba los 500.000 euros anuales. Pero esa cifra, lejos de darle tranquilidad, terminó convirtiéndose en una fuente más de angustia.

El negocio soñado

La relación de Noelia con la pastelería empezó mucho antes de abrir su local. Creció en una familia vinculada al oficio, entre hornos, bandejas y madrugones. Aunque en un principio se inclinó más por la cocina salada y estudió Dirección de Cocina, acabó descubriendo que su sitio estaba en el mundo dulce.

Su trayectoria profesional le permitió formarse con nombres de referencia del sector y trabajar en un entorno altamente especializado. Ahí entendió que no solo le gustaba elaborar postres, sino también construir una propuesta con identidad propia.

Con 24 años decidió dar el paso. Quería crear un lugar que reuniera todo lo que ella misma buscaba como clienta: café de calidad, pastelería artesanal y un espacio bonito en el que quedarse. Así nació Noelia Bakery, un proyecto que rápidamente encontró su público.

El negocio despegó con fuerza. La vitrina se vaciaba, las tartas ganaban fama y cada vez más clientes se desplazaban expresamente para probar sus productos. La imagen de una emprendedora joven que había convertido su pasión en una empresa rentable.

Pero el crecimiento también trajo una cara mucho menos atractiva. A medida que aumentaba la facturación, crecían los costes, la necesidad de coordinar a un equipo amplio y una carga mental que empezó a hacer mella. "Desarrollé muchísima ansiedad, cosa que nunca había tenido en mi vida. Me levantaba por la mañana con una presión en el pecho que no podía", relató.

Poco beneficio real

La experiencia de Noelia pone palabras a una contradicción muy habitual entre pequeños empresarios. Hay negocios que facturan mucho, generan movimiento y aparentan solidez, pero dejan márgenes estrechos una vez descontados sueldos, alquileres, proveedores, impuestos y gastos fijos.

Eso fue exactamente lo que ella empezó a ver con claridad. "Llegamos a facturar 500.000 euros en un año, unos 50.000 euros al mes. Pero yo estaba moviendo el dinero del bolsillo de mis clientes al bolsillo de otras personas que no eran el mío", resumió con crudeza.

La pandemia actuó como punto de inflexión. Como tantos otros establecimientos, su cafetería tuvo que cerrar temporalmente y ese parón la obligó a replantearse su modelo. Fue entonces cuando empezó a potenciar la venta online, a compartir recetas desde casa y a reforzar su presencia en redes sociales.

Noelia Bakery, dueña de una pastelería

Lo que comenzó como una salida circunstancial terminó revelándole una alternativa mucho más sostenible. La parte digital no solo encajaba mejor con su forma de trabajar, sino que además le ofrecía margen, autonomía y salud mental.

La decisión de cerrar el local físico no fue sencilla ya que había un equipo detrás, una clientela consolidada y una idea de éxito que, sobre el papel, seguía funcionando. Además, no faltaron las críticas de quienes interpretaron el cierre como una renuncia.

Noelia, sin embargo, lo tuvo claro. "¿Qué haces, quedarte en un negocio donde no eres feliz solo por mantener a 15 personas? A veces hay que ser un poco egoísta. No es un fracaso, es cuidarte", defendió al explicar por qué prefirió parar antes de romperse.

Más libertad

Actualmente, Noelia trabaja con un modelo de empresa más ligero, centrado en la venta online, la formación, la creación de contenido y otras líneas de negocio vinculadas a su marca personal. También ha ampliado su actividad con libros y proyectos digitales relacionados con la repostería.

Lo llamativo es que, pese a facturar menos que en la etapa del local, sus cuentas salen mejor. "Ahora que estoy sola gano más dinero que cuando éramos 15. Facturo menos, pero el beneficio es mayor", asegura.

La clave está en la reducción de costes y en apostar por actividades con mayor margen. Ya no necesita sostener la misma infraestructura ni asumir la tensión diaria de un establecimiento abierto al público con una plantilla numerosa.