Una escena de la serie 'Los Testamentos'.

Una escena de la serie 'Los Testamentos'. Disney

Estilo de vida

La maternidad forzada no es sólo ficción: la dura realidad más allá de la secuela de 'El cuento de la criada'

En 2026, Los Testamentos y el documental Niñas Escarlatas ponen en el centro de la mirada pública un fenómeno tan íntimo como político.

Más información: María Isabel, la limpiadora y costurera que daba la vida por sus bisnietos y murió asesinada por su marido en Olvera

Publicada

“La maternidad será deseada o no será”, se lee en las pancartas de múltiples manifestaciones feministas. Y, en verdad, suena muy lógico. El cuerpo de una mujer debe ser siempre su territorio.

Claro, excepto cuando deja de serlo. Ya sea a manos de un Estado, una religión o unas normas culturales que reclaman sobre él un derecho absoluto.

La maternidad forzada se da cuando una mujer es obligada a llevar un embarazo a término y convertirse en madre en contra de su voluntad.

El espejo distópico

Desde la ficción, la serie Los Testamentos, título original The Testaments que se ha estrenado en Hulu y Disney+, continúa explorando el universo distópico de El cuento de la criada.

Basada en la novela homónima de Margaret Atwood, la producción se sitúa aproximadamente 15 años después de los hechos de la historia original, en una nueva etapa de la República de Gilead —un régimen teocrático donde las mujeres fértiles son reducidas a instrumentos de reproducción estatal—.

'Los Testamentos' se estrenó el 8 de abril en Hulu y Disney+.

'Los Testamentos' se estrenó el 8 de abril en Hulu y Disney+. Disney

Lejos de ser una fantasía aislada, la historia funciona como una metáfora extrema de sistemas sociales que subyugan el derecho de las mujeres a su propio cuerpo. Allí, este es la gran fábrica estatal de bebés, sin espacio para una decisión personal.

La serie sigue a nuevas protagonistas: las hijas de las criadas, que han crecido con las señoras como madres bajo este orden político y han sido formadas para el matrimonio obligatorio, pero, aun así, buscan huellas de libertad y autonomía dentro de su propia formación.

A través de personajes como Agnes y Daisy, y con el retorno de figuras icónicas como la tía Lydia, Los Testamentos despliega una narrativa que explora cómo la maternidad, convertida en obligación, se vuelve herramienta de control social.

La ficción explora los efectos psicológicos y sociales de ese régimen: la internalización del miedo, la educación para la obediencia y el lento despertar de conciencia individual frente al adoctrinamiento estructural. Dichas consecuencias pueden ser irreversibles.

Un estudio publicado por el Instituto de Ciencia Conductual de la Universidad de Radboud (Países Bajos), concluyó que las mujeres que han sido madres a raíz de una violación tienen más posibilidades de desarrollar trastornos como la ansiedad, enfermedades crónicas y dificultad para cultivar relaciones sanas.

También, tienen un 49% de posibilidades de sufrir síndrome de estrés postraumático.

La investigación también relata cómo, más adelante, cuando el bebé nace, surgen muchas dificultades para la madre al tratar de navegar su relación con un ser producto de la violencia sexual. Por lo general, asocian su experiencia traumática con él, causando sentimientos de rechazo e incluso odio.

Como resultado, la identidad del niño estará inequívocamente ligada al padre violador (aunque jamás lo conozca).

Lejos de la ficción

Si Los Testamentos usa lo distópico para lanzar una advertencia política, el documental Niñas Escarlata, dirigido por Paula Cury, rompe esa barrera entre ficción y vida real.

Estrenado en el festival de cine South by Southwest (SXSW) en Austin, Texas, recoge los testimonios de mujeres que han enfrentado las consecuencias de leyes que penalizan el aborto sin excepciones en República Dominicana.

Este país caribeño es uno de los pocos en América Latina donde la interrupción voluntaria del embarazo permanece absolutamente prohibida, incluso en casos de violación o riesgo para la salud de la madre.

Esa criminalización convierte toda tentativa de hacerlo en un delito y coloca a las mujeres ante decisiones extremas: dejar que continúe una gestación no deseada o buscar alternativas clandestinas que ponen en riesgo sus vidas y su futuro.

El documental presenta cinco historias en las que las protagonistas, de forma anónima, narran cómo se vieron empujadas a llevar a término embarazos que no querían, y las consecuencias físicas, emocionales y sociales que siguieron.

La directora explica que la respuesta a su convocatoria de testimonios fue abrumadora: en sólo un día recibieron más de cien historias de mujeres dispuestas a compartir experiencias que hasta entonces habían permanecido en silencio.

El título combina la alusión a la sangre con una referencia simbólica —como la figura bíblica de la mujer adúltera marcada por una sociedad punitiva— para reclamar una nueva narrativa en torno a la población femenina y sus decisiones reproductivas.

Cifras y realidades

La maternidad forzada no es un fenómeno aislado de la ficción o de un único país. De hecho, organizaciones y movimientos como 'Niñas, no madres' han venido denunciando cómo pequeñas y adolescentes son obligadas a seguir con sus embarazos tras situaciones de violencia sexual, con consecuencias devastadoras para su desarrollo físico, educativo y emocional.

Esta imposición puede surgir por restricciones legales al aborto, por prácticas culturales y religiosas que estigmatizan la autonomía reproductiva, o por ausencia de educación y servicios de salud sexual integral.

"Un estudio realizado por CLADEM en catorce países de América Latina reveló que, al menos, dos millones de niñas dan a luz en esta zona del planeta cada año. Esta tendencia podría alcanzar los tres para el año 2030", cuenta Milena Páramo, portavoz del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres.

Cuando las niñas son empujadas a la maternidad tras ser abusadas sexualmente, se incurre en una violación sistemática de derechos humanos.

En este contexto, el derecho internacional ha reconocido incluso que puede constituir una forma de crimen contra la humanidad, pues implica la negación de la autonomía, la integridad física y la libertad reproductiva de la persona.

Paula Cury, directora del documental 'Niñas escarlata.

Paula Cury, directora del documental 'Niñas escarlata". Cristal Cine

Cuerpos en disputa

Tanto Los Testamentos como Niñas Escarlata giran alrededor de un eje común: el control sobre el cuerpo femenino.

En la ficción de Gilead, ese control es explícito y burocrático: las mujeres fértiles son clasificadas, supervisadas y obligadas a procrear para las élites del régimen.

En el documental, se trata de decisiones estatales que niegan el derecho al aborto y, de facto, convierten la gestación en una obligación sin opciones legítimas.

Ambas narrativas, aunque diferentes en forma, generan un diálogo necesario. ¿Qué sucede cuando la decisión de ser madre deja de ser una elección personal? ¿Cómo afecta a las mujeres cuando su cuerpo deja de estar bajo su propio dominio?

Estos planteamientos implican profundas reflexiones sobre la dignidad, la libertad y el valor social de las mujeres en tanto sujetos autónomos.

La filósofa y escritora francesa Simone de Beauvoir escribió en su libro El segundo sexo (1949): "La maternidad forzada da como resultado traer al mundo niños miserables, infantes cuyos padres no pueden alimentarlos, que se convierten en víctimas de la asistencia pública o en 'niños mártires'. En lugar de intentar reformar esta escandalosa institución llamada asistencia pública, la sociedad persigue a quienes practican abortos".

Parece mentira, pero en 2026 este texto sigue apegándose a la realidad con estremecedor detalle.

Más allá de las pantallas

La recepción de estas producciones también ha puesto en evidencia la polarización que rodea los discursos sobre maternidad, aborto y derechos reproductivos.

El documental Niñas Escarlata ha recibido tanto apoyo como críticas, reflejando cómo hablar de estas experiencias —aunque documentadas y relatadas con honestidad— sigue siendo controvertido en sociedades profundamente patriarcales.

Por su parte, Los Testamentos llega en un momento en que los debates sobre derechos reproductivos y políticas de aborto están en la agenda pública de múltiples países occidentales, desde Estados Unidos hasta Europa, pasando por América Latina.

Fotograma de la serie 'Los Testamentos'.

Fotograma de la serie 'Los Testamentos'. Disney

La serie sirve como advertencia de lo que puede ocurrir cuando las políticas sobre el cuerpo son determinadas unilateralmente, y cuando los mecanismos de control son normalizados o invisibilizados hasta que ya es tarde.

Una mirada crítica

El valor periodístico y cultural de estas obras radica en que, además de entretener o informar, nos obligan a enfrentarnos a realidades incómodas, silencios sociales y marcos legales que relegan la autonomía femenina.

Más allá de la ficción y el documental, millones de mujeres siguen confrontando legislaciones restrictivas, la ausencia de educación sexual obligatoria y la estigmatización que hace que hablar de estas experiencias sea difícil y peligroso.

Ambas interrogan la libertad reproductiva, las violencias que operan sobre los cuerpos femeninos y las consecuencias humanas de negar a las mujeres y niñas la capacidad de decidir sobre su maternidad.