Ursula von der, Leyen Presidenta de la Comisión Europea.

Ursula von der, Leyen Presidenta de la Comisión Europea. Imagen de archivo

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Bruselas cambia las normas: millones de hogares en España tendrán que cambiar su calefacción antes de esta fecha

La UE fija el calendario para abandonar los combustibles fósiles en viviendas y deja sin ayudas a nuevas calderas de gas desde 2025.

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La Unión Europea ha tomado una decisión histórica que tendrá consecuencias en los ciudadanos residentes en los Estados miembros. De esta forma, se dará comienzo a una nueva transición desde los sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles hacia alternativas más eficientes y limpias.

Desde Bruselas se ha decidido cambiar las normas para que millones de hogares en España tengan que cambiar su calefacción antes de una fecha. Este proceso afectará de forma directa a todos aquellos edificios con calderas tradicionales, sobre todo de gas natural y otros combustibles fósiles.

Estas irán perdiendo relevancia en los próximos años, reduciéndose el parque de calderas tradicional en los inmuebles españoles. La normativa europea no prohíbe de forma inmediata las calderas de gas, pero sí que ha fijado las claves a seguir en toda la Unión Europea.

De esta manera, tanto España como el resto de países de la UE pasarán a afrontar una transformación profunda en los sistemas de calefacción doméstica. Este impacto será más evidente en el caso de las comunidades de vecinos.

Históricamente dotadas con calderas de gas, la calefacción residencial deberá adaptarse a las exigencias de políticas energéticas que tienen por objetivo la descarbonización y la reducción de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Estas directrices de la Unión Europea no se aplicarán de forma inmediata, sino que se llevarán a cabo en varias fases, comenzando por las medidas relacionadas con ayudas y subvenciones, y reduciendo de esta manera los sistemas basados en combustibles fósiles progresivamente.

¿Qué cambios se aplicarán en España?

Una vez conocida la normativa impulsada desde Bruselas, se debe conocer cómo afectará a España y qué obligaciones tendrán los ciudadanos de nuestro país. Esto implica conocer los plazos que deben tener en cuenta ciudadanos, profesionales y administraciones.

Desde enero de 2025, la Unión Europea ha determinado que no se pueden conceder subvenciones para instalar calderas que funcionen tan solo con combustibles fósiles como carbón, gasóleo o gas natural.

Esto significa que ni particulares ni empresas podrán acceder a ayudas regionales o estatales para poder instalar este tipo de sistemas de calefacción, en unas medidas que han sido diseñadas para incentivar la adopción de alternativas más sostenibles, como sistemas aerotérmicos o bombas de calor.

A pesar de que no está prohibida por el momento la instalación de calefacciones que funcionan en exclusiva con combustibles fósiles, sí que la falta de apoyo económico para su instalación hará que poco a poco se vayan abandonando en favor de alternativas sostenibles.

La normativa europea también contempla que todos los edificios nuevos en España y otros Estados miembros tendrán que contar con sistemas de calefacción que cumplan con los criterios de cero emisiones, una medida que deberá aplicarse antes de 2030. De esta forma, las calderas tradicionales desaparecerán en construcciones futuras.

El objetivo es conseguir que los edificios nuevos, y de manera progresiva los ya existentes, dispongan de equipos que ayuden a reducir el consumo energético, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de las tecnologías basadas en combustibles fósiles.

Los diferentes Estados miembros de la Unión Europea deben establecer sus planes nacionales para alcanzar estos objetivos, donde se incluye la renovación energética de edificaciones antiguas.

Toda la normativa comunitaria está enfocada a que en 2040 hayan sido eliminadas las calderas de gas y otros equipos de calefacción basados en combustibles fósiles, siendo de esta forma reemplazados por sistemas más eficientes y con bajas emisiones.

¿Qué viviendas deberán renovarse?

España no es el único país afectado por los cambios impulsados desde Bruselas, ya que la normativa europea obliga a todos los Estados miembros a mejorar el rendimiento energético de las viviendas cuya calificación sea inferior a la clase E.

Este plan busca impulsar una tasa anual de renovación energética del 3 % en todo el continente. En este sentido, el Instituto para la Diversificación y Valorización de la Energía (IDEA) informa de que en España apenas un 20 % de las viviendas tienen una calificación energética superior a la E.

Para conseguir los objetivos fijados por la Unión Europea, el Gobierno de España espera haber renovado 1,2 millones de viviendas entre 2030, una cifra muy alta si tenemos en cuenta que entre 2021 y 2023 solo se renovaron 102.734 viviendas, según datos del CSCAE.

En España, los inmuebles que tienen una clasificación energética F o G serán los más afectados por la normativa. Este tipo de inmuebles acostumbra a tener características que aumentan el consumo energético, como falta de aislamiento, ventanas antiguas o sistemas de refrigeración o calefacción que tienen baja eficiencia.

Igualmente, es habitual que presenten problemas de humedad o moho en sus paredes, lo que es una clara muestra de un aislamiento deficiente. En cualquier caso, existen una serie de factores clave para identificar los hogares que necesitan de una reforma.

Entre ellos se encuentran las casas antiguas construidas antes de 1980 sin renovar, que en muchos casos carecen de aislamiento y poseen sistemas de climatización obsoletos. Además de presentar problemas de humedad, presentan un alto consumo energético tanto en verano como en invierno.

La ausencia de protección solar en zonas cálidas, la existencia de un aislamiento térmico insuficiente y unas ventanas obsoletas pueden llevar a la necesidad de ser renovadas para mejorar la clasificación energética.

Además de todo lo anterior, puede ser necesaria la renovación de equipos y electrodomésticos antiguos como calderas de gasóleo, aires acondicionados antiguos o electrodomésticos poco eficientes.