Begoña Pérez, experta en orden.

Begoña Pérez, experta en orden. Sara Fernández

Estilo de vida

¿Sabes planchar bien una camisa? 'La Ordenatriz' tiene los tres pasos necesarios para que quede perfecta

Es una de las tareas más 'odiadas' en el área doméstica. Con un poco de maña y buena técnica se consigue un buen resultado.

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Planchar la ropa puede parecer un gesto rutinario, casi mecánico, pero cualquiera que haya peleado con un cuello rígido o una manga rebelde sabe que tiene su arte. No se trata sólo de pasar la plancha de un lado al otro: hay técnica, paciencia y hasta un poco de filosofía doméstica detrás de cada prenda bien alisada.

Es, además, una de las tareas que provocan más dolores de cabeza, no sólo porque conseguir que queden impecables puede resultar complicado, también porque exige un tiempo del que, con la vida acelerada que todos llevamos, rara vez disponemos.

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Las encuestas realizadas sobre el tema lo dejan claro: alrededor del 70% de los participantes sitúan el planchado como lo peor de las labores domésticas, pero al mismo tiempo, el 89% admite que no soporta llevar ropa arrugada.

Al 70% de las personas no les gusta planchar.

Al 70% de las personas no les gusta planchar. iStock

Es una contradicción cotidiana. Algunos van más allá y planchan incluso las toallas y la ropa interior; otros aseguran que no pueden meterse en la cama si las sábanas no están perfectas, recién estiradas y con ese olor limpio que únicamente deja el vapor caliente.

En este contexto, la pregunta de la semana del consultorio de 'La Ordenatriz' tiene mucho sentido. Raúl Rodríguez pide algún consejo para planchar bien, y Begoña Pérez no tarda en reconocer que no es tan fácil como parece, especialmente cuando se trata de camisas, esa prenda que revela al instante si quien la lleva presta atención a los detalles. Por eso, el truco de esta semana se centra precisamente en ellas.

A veces no sabemos por dónde empezar, así que la experta marca la pauta: siempre hay que comenzar por las partes dobles. Si la plancha cuenta con buen vapor, no aparecerán brillos ni se dañará la tela.

Primero se pasa por el derecho de los puños —la parte de dentro—, porque luego al doblarlos para poner los gemelos todo debe verse perfecto. A continuación, se continúa con las mangas, probablemente la zona más complicada. Hay que guiarse por la costura para evitar la temida doble raya y deslizar la plancha de dentro hacia afuera, sin dejar que se formen pliegues.

Quien prefiera un acabado más informal y no quiera esa línea puede eliminarla doblando el tejido a la mitad y aplicando el calor con cuidado, verificando siempre que no aparezcan nuevas marcas.

Después llega el turno del canesú, esa franja superior que conecta las mangas con el cuerpo de la blusa. Conviene acercar la plancha a las esquinas y repasar toda la superficie, procurando que el tejido esté tenso pero sin forzarlo.

Por último, se pasa a la parte delantera: primero un lado y luego el otro, insistiendo en la línea de los botones con la punta de la plancha para conseguir un acabado pulido.

Cuando todo está liso y brillante, la camisa puede colgarse de inmediato, aún templada, para que mantenga la forma perfecta hasta el momento de lucirla.

Planchar seguirá sin ser el pasatiempo favorito de casi nadie, pero con estos trucos —y un poco de práctica— puede convertirse en un gesto más placentero y, sobre todo, en una pequeña satisfacción doméstica.