Marta Pérez en un vídeo de Eric Ponce.

Marta Pérez en un vídeo de Eric Ponce.

Estilo de vida

Marta, la empresaria que factura 500.000 euros en un negocio de lavandería: "Lavar fuera de casa es más barato"

Marta fundó junto a su pareja un negocio en Barcelona que fusiona dos modelos: una lavandería de autoservicio y una cafetería de especialidad.

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Las lavanderías de autoservicio se han convertido en una de las fórmulas comerciales que más han crecido en España en la última década. Entre 2016 y 2019 el número de establecimientos aumentó alrededor de un 65%, hasta superar los 1.730 locales en todo el país.

Detrás de este crecimiento no solo hay un cambio en los hábitos de consumo, sino también un interés empresarial. La inversión inicial suele ser relativamente baja y la rentabilidad puede alcanzar hasta un 35% anual. Además, funcionan con modelos automatizados que requieren poco personal.

Esta popularidad también ha llevado a algunos emprendedores a reinventar el modelo tradicional. Es el caso de Marta Pérez, una ingeniera que decidió ir un paso más allá al fusionar una lavandería autoservicio con una cafetería. Así nació "La bar", un espacio donde se puede lavar la ropa y tomar un café.

"La bar", un negocio de éxito

La historia de Marta Pérez comienza lejos del mundo de la hostelería. Ingeniera de formación, nunca había trabajado en una lavandería ni había gestionado un bar, explica a Eric Ponce en una de las entrevistas de su canal.

Sin embargo, todo cambió cuando, junto a su pareja y socio Gerard, decidió emprender en Barcelona con una idea sencilla: transformar el tiempo de espera de las lavanderías en un momento agradable.

El planteamiento era claro desde el principio. En lugar de separar las dos actividades, querían que convivieran en el mismo espacio: las lavadoras y secadoras comparten ambiente con una barra donde se sirven cafés de especialidad, vinos o empanadas.

La idea es que el cliente no sienta que está "esperando", sino que simplemente está pasando un rato en un lugar agradable mientras su ropa se lava.

La operativa diaria, sin embargo, no ha sido tan sencilla como parecía sobre el papel. El negocio abre todos los días de la semana, desde las nueve de la mañana hasta medianoche, ampliando el horario hasta la una de la madrugada los fines de semana.

Solo cierran dos días al año: el 25 de diciembre y el 1 de enero. En Barcelona, además, la normativa municipal obliga a contar con una doble licencia, una de cafetería y otra de lavandería, lo que complica la gestión del local.

Marta Pérez en una entrevista junto a Eric Ponce.

Como ambos negocios tienen horarios legales distintos —las lavanderías pueden funcionar las 24 horas pero los bares no— el Ayuntamiento exige que exista la posibilidad de separar físicamente los espacios con un biombo y que cada actividad tenga su propia entrada.

Sin embargo, Marta y Gerard operan todo el local como una única experiencia, por lo que se rigen siempre por el horario más restrictivo, el de la cafetería.

Cuando el bar cierra, también lo hace la lavandería. Aun así, la convivencia de ambos servicios ha demostrado ser una fórmula eficaz para atraer clientes.

La fórmula del éxito

El gran desafío del negocio no ha sido tanto la maquinaria ni la inversión inicial, sino la gestión del personal. "El aspecto más desgastante del proyecto" para Marta.

Durante los primeros años llegaron a plantearse abandonar debido al absentismo repentino de algunos empleados, la falta de compromiso o las dificultades legales para despedir a quienes no cumplían con su trabajo.

Para que un solo local funcione necesitan al menos tres trabajadores fijos que se reparten los turnos de mañana y tarde. Siempre debe haber un camarero en el local, que además de servir bebidas se encarga de cobrar las fichas de las lavadoras, limpiar el espacio y ayudar a los clientes con las máquinas.

Los comienzos fueron especialmente duros. Durante meses, Marta y Gerard trabajaron prácticamente todos los días de la semana para sacar adelante el negocio.

Con el tiempo, y tras consolidar el funcionamiento de los locales, han podido apartarse de la operativa diaria y centrarse en la gestión empresarial.

La inversión inicial tampoco fue menor. Abrir el segundo local de "La bar" supuso alrededor de 140.000 euros, incluyendo una reforma integral del espacio.

Marta y su socio suelen alquilar locales muy deteriorados porque eso les permite negociar alquileres más asequibles y diseñar el interior completamente a su gusto. El primer establecimiento, en cambio, costó unos 110.000 euros porque ellos mismos realizaron buena parte del trabajo manual.

Uno de los puntos clave fue la compra de la maquinaria. En lugar de alquilar las lavadoras y secadoras a proveedores, decidieron adquirirlas directamente tras comprobar que el modelo de renting resultaba mucho más caro a largo plazo.

Cada local cuenta con tres lavadoras y dos secadoras industriales, lo que supuso una inversión de entre 24.000 y 25.000 euros.

Hoy el negocio funciona con cifras relativamente estables. Un mes estándar genera unos 24.000 euros de facturación, una cantidad de la cual el 35% procede de la lavandería y el 65% restante de la cafetería.

No obstante, también existen pérdidas y los gastos fijos rondan los 19.000 euros mensuales. La mayor parte corresponde a salarios, con unos 7.000 euros en nóminas, a los que se suman alquileres que oscilan entre los 1.100 y los 1.900 euros según el local y unos 600 euros en suministros de luz, gas y agua.

Después de pagar impuestos, el beneficio neto se sitúa entre 3.000 y 3.500 euros mensuales. Con ese ritmo, Marta calcula que recuperaron la inversión inicial del primer local en unos cuatro o cinco años, un plazo que se alargó debido al parón provocado por la pandemia.

La rentabilidad de una lavandería con cafetería

Curiosamente, aunque el bar genera más ingresos totales, la lavandería es la parte más rentable del negocio. El coste real de un lavado ronda 1,50 euros, mientras que el cliente paga 5,80 euros, un margen superior a cuatro euros que convierte a las máquinas en una fuente constante de ingresos.

En la cafetería los márgenes son más ajustados, aunque algunos productos como el café de especialidad o las empanadas argentinas pueden triplicar el coste.

Según explica Marta a Ponce, el sistema está diseñado para fomentar la venta cruzada. Los clientes deben comprar las fichas de las lavadoras en la barra, lo que aumenta las probabilidades de que también pidan una bebida o algo de comer.

Mientras tanto, las máquinas funcionan con agua precalentada mediante calderas de gas para reducir el consumo eléctrico, y las secadoras industriales permiten tener la ropa lista en apenas quince minutos. El precio del lavado incluye jabón líquido ecológico y suavizante, que se dispensan automáticamente.

En el bar han optado por una filosofía clara: pocos productos, pero de alta calidad. El café de especialidad se vende a precios relativamente contenidos —1,90 euros el solo— para no alejar a los clientes habituales del barrio.

También ofrecen vinos orgánicos, cerveza artesanal, cócteles clásicos como el negroni o el mojito y refrescos alternativos como la Fritz-Kola. En la parte de comida destacan bocadillos en pan de cristal, bagels, dulces artesanos y, sobre todo, empanadas argentinas.

Para la empresaria, el auge de las lavanderías autoservicio en España está lejos de haber tocado techo. Cree que cada vez más personas se darán cuenta de que lavar fuera de casa puede ser más eficiente.

En media hora, explica, un cliente puede lavar lo que en su hogar supondría poner tres o cuatro lavadoras, con el consiguiente ahorro en agua, electricidad y detergentes.

"Lavar fuera de casa es más barato de lo que parece", sostiene Marta. No solo por el coste directo del lavado, sino también por el tiempo que se gana y por el menor desgaste de las prendas gracias a las máquinas industriales.

A su juicio, el cambio de mentalidad ya se está produciendo, especialmente en ciudades donde las viviendas son más pequeñas y la vida cotidiana cada vez deja menos espacio para las tareas domésticas.