Imagen de la pareja.

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Estilo de vida

Una pareja de 57 y 60 años explica cómo ha conseguido ahorrar más que nunca: "Vivimos sin muebles"

Vivir sin muebles es una forma de minimalismo que prioriza espacio, claridad y ahorro, reemplazando los tradicionales por futones o cojines.

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En los últimos años, el minimalismo se ha convertido en una tendencia influyente y omnipresente que trasciende la simple decoración para consolidarse como una filosofía de vida y diseño basada en el "menos es más".

Más allá de vaciar estanterías o utilizar colores neutros, implica cuestionar cuánto de lo que se considera imprescindible en una casa responde realmente a una necesidad y cuánto a la costumbre. Para algunos, esa reflexión no se queda en lo teórico, sino que redefine por completo su forma de vivir.

Es el caso de una pareja de 57 y 60 años que ha llevado esta filosofía al extremo: ha decidido prescindir casi por completo del mobiliario de su vivienda y convertir esa elección no solo en una apuesta por la simplicidad, sino también en una estrategia para reducir gastos y poder ahorrar.

El minimalismo de vivir sin muebles

El minimalismo, entendido como una filosofía de vida, propone reducir lo superfluo para centrarse en lo esencial. En el ámbito doméstico, esto se traduce en viviendas con menos objetos, menos mobiliario y menos dependencia de bienes materiales para alcanzar una sensación de confort.

Frente a la idea tradicional de hogar, asociada a la acumulación progresiva de muebles, el minimalismo cuestiona si todo aquello que se compra es realmente necesario o si responde más bien a hábitos sociales y expectativas culturales.

En el caso de esta pareja, el punto de partida no fue una decisión radical ni un manifiesto ideológico, sino una manera distinta de organizar su vida diaria en un apartamento luminoso, con jardín y casi sin muebles, recoge Business Insider.

Dentro de la vivienda, solo cuentan con una pequeña mesa de bambú para el ordenador y dos colchonetas individuales para dormir, y pasan la mayor parte del tiempo en el suelo sobre esterillas de yoga, una elección que contrasta con lo que socialmente se espera de personas próximas a la edad de jubilación.

A esa edad, lo habitual es invertir en sofás cómodos, sillones reclinables o muebles pensados para maximizar la comodidad pasiva; sin embargo, ellos han preferido huir de esa idea.

Pasan gran parte del día en el suelo y aseguran que nunca se han sentido mejor. Aunque reconocen que todavía idealizan el confort de un sofá amplio, no estarían dispuestos a renunciar a los beneficios que han encontrado en esta forma de vivir.

Una pareja de 57 y 60 años explica cómo es vivir sin muebles.

Su transición hacia este estilo de vida fue gradual. Desde 2008 habían ido reduciendo pertenencias y experimentando con una vida más sencilla, pero nunca se habían planteado prescindir casi por completo del mobiliario.

La idea surgió a raíz de escuchar un pódcast sobre personas que vivían sin muebles. En aquel momento, además, estaban a punto de mudarse a una cabaña completamente amueblada en una zona rural, un proyecto que finalmente no prosperó.

El giro llegó cuando apareció la oportunidad de alquilar un apartamento sin amueblar, atractivo y sobre todo, asequible, rodeado de un jardín. "Lo tomé como una señal de que era hora de intentar vivir sin muebles", confiesan.

"Al principio cometimos algunos errores. Compramos un futón barato y bajo para dormir, pero resultó ser una mala opción para nuestras espaldas, así que pronto lo descartamos y optamos por nuestros colchones de camping", cuentan.

Este tipo de minimalismo, cuentan, tiene diferentes beneficios y, además, un impacto directo en el gasto. La ausencia de sofás, sillas, mesas grandes, estanterías o camas supone un ahorro significativo, tanto en la inversión inicial como en el mantenimiento.

No hay que renovar tapicerías, cambiar muebles dañados ni adaptar la vivienda a nuevas modas. A esto se suma un gasto menor en mudanzas, ya que el traslado se simplifica de forma drástica, algo especialmente relevante para personas que valoran la movilidad y el cambio frecuente de residencia.

Este tipo de vida también reduce el consumo indirecto. Menos muebles implican menos necesidad de decorar, menos compras impulsivas y menos acumulación de objetos que acaban generando desorden.

En términos financieros, el resultado es una estructura de gastos más ligera y predecible, que facilita el ahorro incluso sin una estrategia explícita para ello.

El dinero que no se destina a equipar la casa puede dirigirse a otros fines, como experiencias, viajes, ahorro a largo plazo o simplemente una mayor tranquilidad económica.

Imagen del gato en la casa sin muebles.

Imagen del gato en la casa sin muebles.

Pero el impacto no es únicamente económico. La pareja destaca mejoras claras en su bienestar físico y, "en aproximadamente un mes, comenzamos a sentirnos más fuertes físicamente", cuentan.

Al no disponer de sillas o sofás en los que "hundirse" durante horas, cambian de postura con frecuencia, se levantan más a menudo y se mantienen activos de forma casi inconsciente.

Las tareas domésticas también se han simplificado. Con menos superficies y menos objetos, limpiar resulta rápido y sencillo, y el apartamento mantiene un aspecto ordenado casi de forma automática.

Esta sensación de espacio y ligereza contribuye, según explican, a una mayor calma mental y a una relación más relajada con el hogar. Incluso su gato rescatado parece beneficiarse de la ausencia de muebles, utilizando el espacio libre para moverse y jugar de una forma que no podría hacerlo en una casa convencional.

Ellos mismos reconocen que este estilo de vida no es universal ni fácilmente trasladable a todo el mundo. Por ese motivo, han optado por adaptar su vida social y evitar incomodar a los invitados, prefiriendo encuentros al aire libre, paseos o citas en cafeterías y restaurantes.