Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda y el Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

Isabel Rodríguez, ministra de Vivienda y el Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.

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Confirmado por el Gobierno: Hacienda penalizará a los caseros que suban el alquiler al renovar contrato desde 2026

Expertos en el sector inmobiliario apuntan a que el déficit de oferta es el núcleo del problema.

Más información: La Ley de Vivienda avisa a los propietarios: no podrán alquilar su vivienda sin autorización de los vecinos desde 2026

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El nuevo giro fiscal del Gobierno en materia de alquiler ha encendido las alarmas del sector inmobiliario.

La intención de reducir la bonificación del 50% en el IRPF a los propietarios que suban el precio al firmar un nuevo contrato amenaza, según expertos y asociaciones, con agravar la crisis de oferta.

La medida, impulsada desde el Ministerio de Hacienda que dirige María Jesús Montero y en coordinación con el departamento de Vivienda encabezado por Isabel Rodríguez, introduce un componente claramente penalizador en la fiscalidad del alquiler.

El diagnóstico del sector es casi unánime: si se castiga fiscalmente al pequeño propietario, miles de viviendas podrían salir del mercado del alquiler tradicional en los próximos meses.

El equilibrio entre protección al inquilino e incentivos al propietario se convierte en la pieza clave. El debate no es solo fiscal, sino estructural, además de que sus consecuencias pueden sentirse mucho más allá de la próxima declaración de la renta.

Incentivo fiscal y penalización directa

Hasta ahora, la estrategia fiscal se apoyaba en premiar determinadas conductas, como la bajada de precios o el alquiler a colectivos vulnerables. El cambio supone reducir beneficios a quienes incrementen la renta al renovar contrato.

Para la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias (FAI), la penalización acelerará la retirada de pequeños caseros. Estos propietarios representan la mayoría del parque de vivienda en alquiler en España.

Su presidente, José María Alfaro, advierte de que el endurecimiento fiscal llega en un contexto de inseguridad jurídica y elevada incertidumbre normativa. En su opinión, muchos arrendadores ya han optado por vender sus inmuebles o destinarlos a otras fórmulas de arrendamiento.

El razonamiento económico es que, si la oferta disminuye mientras la demanda se mantiene fuerte, los precios tienden a subir. Penalizar fiscalmente a quien mantiene su vivienda en alquiler puede generar el efecto contrario al deseado.

La paradoja es evidente. España pasó del exceso de vivienda en la época de la burbuja inmobiliaria a una situación de escasez en las principales ciudades. Ahora, cualquier medida que desincentive la permanencia de pisos en el mercado puede intensificar el desequilibrio.

Más presión sobre los precios

Algunos portales inmobiliarios alertan de una contracción significativa de la oferta en el último año. Según sus datos, el número de viviendas disponibles en alquiler ha caído de forma notable en zonas concretas.

Consideran que pasar de un sistema de incentivos a uno de penalizaciones puede percibirse como inseguridad fiscal. Ese cambio de percepción, sostiene, reduce el atractivo de mantener una vivienda en alquiler.

En la misma línea se expresa Ferrán Font, portavoz de pisos.com, quien subraya que las políticas actuales vuelven a cargar la responsabilidad sobre el propietario. A su juicio, sin un entorno estable y previsible, el pequeño ahorrador opta por retirar su inmueble.

Desde el ámbito de la consultoría internacional, también se pone el foco en el problema estructural: la falta de oferta. Y es que, según alertan los expertos, miles de viviendas podrían transformarse en producto de venta si la presión regulatoria continúa.

La consecuencia inmediata sería menos pisos disponibles para alquilar y mayor competencia entre inquilinos. En un mercado ya tenso, cada vivienda que desaparece incrementa la presión sobre las restantes.

Obstáculos políticos

Las críticas no se limitan al plano económico. Juristas especializados en derecho inmobiliario consideran que la medida introduce una intromisión en la libertad contractual y en el derecho de propiedad.

Intervenir en el precio mediante mecanismos fiscales, argumentan, rompe el equilibrio de mercado y concentra la carga regulatoria en una sola parte: el propietario.

Además, la mayoría de los arrendadores en España son pequeños propietarios que complementan sus ingresos con una vivienda en alquiler. Para muchos, el aumento de la presión fiscal puede inclinar la balanza hacia la venta o incluso hacia mantener el piso vacío.

En el plano político, la medida requeriría su aprobación mediante real decreto ley y posterior convalidación parlamentaria. El Ejecutivo necesita el respaldo de sus socios para sacarla adelante, un escenario que no está garantizado.

Si la reforma fiscal termina reduciendo aún más el número de viviendas disponibles, la intención de contener precios podría transformarse en el efecto contrario: más escasez, más competencia y rentas todavía más altas.