Stella Luna de María.

Stella Luna de María.

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Stella, experta en tecnología: "Dentro de poco, un fontanero ganará el triple y los universitarios no serán necesarios"

La llegada de la Inteligencia Artificial ha encendido las alarmas sobre la utilidad de grados universitarios frente a los oficios manuales.

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La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en un tsunami que, desde 2022, está reescribiendo las reglas del juego en oficinas y despachos. Organismos como la ONU ya advierten que la automatización no es una simple mejora técnica, sino un cambio estructural que amenaza con volver irrelevantes millones de puestos administrativos. 

En España, las cifras ponen fecha de caducidad al modelo actual. Informes de BBVA y Randstad Research alertan de que hasta un 35% de los empleos —unos ocho millones de puestos— se verán impactados por la automatización antes de 2033. 

Ante esta realidad, Stella Luna de María, CEO de Pentaquark Consulting, lejos de defender la supremacía de la ingeniería, augura en una entrevista para COPE, un vuelco histórico en los salarios donde los oficios manuales, incapaces de ser replicados por la IA, acabarán superando en retribución y demanda a los perfiles licenciados que hoy dominan el mercado.

El futuro de los trabajos cualificados

La inteligencia artificial tiene una enorme capacidad para asumir tareas cognitivas repetitivas. Procesos administrativos, gestión de datos, contabilidad, redacción de informes o traducciones son algunas de las actividades que los sistemas automáticos pueden realizar con mayor rapidez y a menor coste.

En este escenario, los trabajos que se basan en procedimientos claros, estructurados y repetibles se convierten en los más vulnerables. La lógica empresarial es clara: si una máquina puede hacer lo mismo en segundos y sin errores, la necesidad de mantener grandes plantillas se reduce.

Esta transformación afecta de manera especial a los puestos de entrada al mercado laboral. Según explica Stella Luna, muchos de los trabajos junior que tradicionalmente servían para que los recién licenciados adquirieran experiencia están desapareciendo.

Tareas que antes recaían en becarios, asistentes o perfiles en prácticas, como la revisión de documentos, la preparación de borradores legales o el análisis preliminar de datos, hoy pueden resolverse con herramientas de inteligencia artificial en cuestión de segundos. 

Uno de los ámbitos donde este cambio es más visible es el de la traducción. "Las conversaciones sencillas ya las hacen mejor las máquinas que las personas", asegura Stella al medio citado. Sin embargo, hay alguna excepción.

Stella Luna subraya que, en contextos muy específicos, como negociaciones de alto nivel, entornos jurídicos delicados o conversaciones confidenciales, el factor humano seguirá siendo imprescindible. No obstante, reconoce que el grueso del trabajo más básico ya ha sido absorbido por la tecnología.

Frente a este avance imparable, emerge un grupo de profesiones que no solo resiste, sino que se revaloriza. Los trabajos manuales, aquellos que requieren presencia física, habilidad técnica y capacidad de adaptación a entornos imprevisibles, se consolidan como los grandes beneficiados de esta nueva era.

Imagen de un fontanero.

Imagen de un fontanero.

Un fontanero, un electricista o un técnico de mantenimiento no pueden ser sustituidos por un algoritmo cuando hay que acudir a un domicilio, diagnosticar una avería concreta y solucionarla en un entorno real. "La inteligencia artificial no puede arreglar una tubería", resume Stella.

Esta imposibilidad técnica tiene consecuencias económicas directas. A medida que disminuye la oferta de profesionales cualificados en oficios manuales y aumenta la demanda, los salarios tienden al alza.

Durante años, este tipo de trabajos han sido percibidos como una salida de menor prestigio frente a las carreras universitarias; sin embargo, dentro de unos años, la demanda constante y la imposibilidad de automatización convertirán a estos perfiles en activos cada vez más valiosos.

La experta también señala que el futuro del empleo no se limita a los oficios manuales. Todas aquellas profesiones basadas en el contacto humano directo mantienen un papel central.

La sanidad, los cuidados, la atención a personas dependientes o la educación personalizada siguen requiriendo empatía, juicio humano y responsabilidad ética, elementos que la inteligencia artificial no puede replicar de forma plena.

Del mismo modo, los trabajos de alta creatividad conservan su valor estratégico. La capacidad de imaginar escenarios, tomar decisiones en contextos ambiguos o generar ideas verdaderamente innovadoras continúa siendo un rasgo profundamente humano.

Para Stella Luna, intentar frenar la inteligencia artificial es una batalla perdida. Durante la entrevista, defendió que "poner límites a la IA es como ponerle puertas al campo".  La clave, insiste, no está en resistirse, sino en adaptarse y comprender qué aporta valor real en el nuevo mercado laboral.