Una chica aplicándose una crema dentro de su rutina de cuidado de la piel.

Una chica aplicándose una crema dentro de su rutina de cuidado de la piel. gpointstudio iStock

Belleza

De la medicina regenerativa al neceser: exosomas, PDRN, péptidos y los nuevos activos de la cosmética, bajo lupa

Hay un nuevo diccionario de los ingredientes de belleza que llegan a casa y que va más allá de las propiedades milagro del marketing.

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En los últimos meses, ingredientes que hasta hace poco parecían reservados a las clínicas, propios de la medicina regenerativa o de la investigación biomédica, como los exosomas, PDRN, GHK-Cu, posbióticos y ectoína, han empezado a aparecer en las formulaciones de sérums, cremas y tratamientos.

Y con la llegada de esta nueva generación hay una pregunta que flota en el ambiente: ¿de verdad funcionan o es sólo una nueva lista de términos de marketing?, ¿qué evidencia hay detrás de ellos? Sobre todo cuando salen de los centros médicos y llegan a los neceseres.

El escenario es claro: basta con entrar en una perfumería, una farmacia o incluso en las redes sociales, ¡sin salir de casa!, para encontrarse con todos estos conceptos que, además, muchas veces se alían con la conversación sobre la longevidad.

Ahora la cosmética no habla solamente el lenguaje de la belleza, sino que también se expresa en el idioma de la salud, y ambos convergen en propuestas como esta.

Todos estos ingredientes llegan de la mano de la investigación científica y prometen una piel radiante, además de actuar sobre algunos de los procesos biológicos relacionados con el envejecimiento cutáneo.

Pero hay una diferencia importante entre conocer el mecanismo por el que funciona un ingrediente, demostrar su actividad en un laboratorio y saber qué efecto puede producir un cosmético concreto.

Leticia Carrera, directora del Centro Felicidad Carrera, explica que los activos por los que más preguntan actualmente sus pacientes son "sin duda, los exosomas y los polinucleótidos (PDRN)", precisamente porque son los que más han llegado al público general y han despertado curiosidad por su relación con la medicina regenerativa.

Y aquí aparece una primera clave: no es lo mismo hablar de estos elementos en consulta que encontrarlos en un sérum.

"Los cosméticos son fundamentales en el cuidado diario y pueden mejorar hidratación, luminosidad, función barrera y calidad cutánea. Pero su capacidad para alcanzar capas más profundas es necesariamente más limitada", señala Carrera.

Una piel 'glowy' es un objetivo que se consigue a base de constancia.

Una piel 'glowy' es un objetivo que se consigue a base de constancia. Dmytro Buianskyi iStock

Capítulo uno: exosomas

Este nombre ha ido ganando mucha relevancia y David Fernández Polo, responsable científico y de Educación de Paula's Choice España, los explica de una manera muy gráfica: "Podemos imaginarlos como mensajes que las células se envían con instrucciones clave para funcionar correctamente".

Siguiendo de forma estricta la definición, son pequeñas vesículas —una especie de diminutos paquetes rodeados por una membrana— que liberan las células y que sirven, entre otras funciones, para comunicarse entre ellas. En el ámbito de la piel han despertado gran interés porque se investiga precisamente su papel en ese procedimiento.

La asociación que se hace es que pueden tener un papel en procesos como la comunicación celular, la reparación de tejidos, la inflamación y la regeneración. Pero que exista un mecanismo biológico interesante no significa automáticamente que cualquier producto que incluya el término vaya a reproducir esos efectos sobre el cutis.

Priscila Enríquez, médico estético experta en skin care en ZQIN Aesthetic Clinic, pone precisamente el foco en una de las cuestiones que más conviene vigilar: "Falta estandarización y no todos los productos que dicen 'exosomas' contienen lo mismo".

Por eso, recomienda entenderlos como un complemento y prestar atención a los estudios que respalden cada producto.

Recreación de micromoléculas de exosomas.

Recreación de micromoléculas de exosomas. wangmando iStock

Leticia Carrera cuenta que ha utilizado exosomas de forma tópica después de procedimientos como el láser fraccionado. En esos protocolos, explica, han observado "una recuperación más rápida y una mejora de la calidad global de la piel", con efectos sobre luminosidad, hidratación y textura.

La vía de aplicación vuelve a ser, por tanto, fundamental. Técnicas como el láser fraccionado, la radiofrecuencia o el microneedling pueden favorecer la penetración de determinados activos tópicos, pero eso no convierte automáticamente un cosmético en un tratamiento médico.

En este apartado hay que hablar también de los fitoexosomas, aquellos de procedencia vegetal. Fernández Polo destaca en concreto los desarrollados con baya de Goji: "Imitan las funciones de los exosomas derivados de células humanas, ayudando a mejorar la comunicación entre las células y apoyando la reparación y la regeneración".

En cualquier caso, hacer uso de este ingrediente de forma aislada no es garantía de nada. Y aquí aparece una idea que conviene conservar en todos estos ingredientes: sofisticación no es sinónimo de eficacia.

Capítulo dos: péptidos

Hablar de este ingrediente en singular es todo un error, ya que no todos hacen lo mismo ni tienen la misma eficacia, tal y como comenta Fernández Polo.

La clave no está en ir acumulándolos y conseguir una especie de abecedario completo, sino en "elegir los adecuados, utilizarlos en concentraciones eficaces y formularlos correctamente con aquello que los potencie".

En concreto, son pequeñas cadenas de aminoácidos que pueden actuar como señales de distintos procesos biológicos. Pero hablar de ellos como si fueran una única familia con una única función simplifica demasiado las cosas.

Esta máxima tiene sentido con lo que detalla Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode: "Son activos de constancia. No buscan provocar una reacción visible inmediatamente, sino comunicarse con la piel para ayudarla a mantener mejor su estructura".

Esto se traduce en las palabras de Irene Serrano, directora dermocosmética de Dermalogica: "No son el ingrediente que te deja la cara lisa en 10 minutos, pero sí uno de los que hace que la tez mejore a largo plazo".

Dentro de esta familia, los péptidos de cobre son precisamente uno de los activos que más interés están despertando. Carrera apunta que en algunos países se emplean distintos por vía subcutánea en protocolos regenerativos, aunque añade que en Europa todavía no están autorizados para ese uso.

Priscila Enríquez los describe como un péptido unido a cobre relacionado con procesos como la producción de colágeno y elastina, la reparación y la acción antioxidante. En cosmética, aparece habitualmente bajo la denominación Copper Tripeptide-1.

De forma curiosa, y en otro orden de cosas, una anotación clave es que la estabilidad de estos activos puede depender también de cómo se conserva el producto. Fernández Polo recomienda envases opacos y sistemas que limiten la entrada de aire cuando el activo lo requiere.

Por otro lado, aconseja combinarlos con antioxidantes e ingredientes reponedores, como ceramidas, ácidos grasos y otros lípidos, además de humectantes como el ácido hialurónico y la glicerina.

Capítulo tres: la ectoína

Si hasta el momento se han presentado las bondades de ingredientes asociados a la regeneración o la comunicación celular, la ectoína supone otra vía: la de la protección y el refuerzo de la barrera cutánea.

Estefanía Ferrer, ingeniera química y CEO de LICO Cosmetics, explica que se trata de "una sustancia producida por una bacteria que trabaja aumentando las defensas naturales de la piel contra la radiación UV, incrementando la producción de las moléculas de shock térmico y reduciendo así las células quemadas por la radiación".

Ana Santamarina, experta en dermocosmética, fundadora de Santamarina Cosmetics y creadora de una comunidad de más de 225.000 seguidores en Instagram, pone el acento en su capacidad para preservar la hidratación y reforzar esa armadura del cutis.

"La ectoína crea una especie de burbuja protectora que mantiene todo eso. Es como una capa invisible que protege, estabiliza y mantiene el agua donde tiene que estar", declara.

La piel se cuida por la mañana y por la noche; se comienza con básicos y la rutina se va construyendo en base a las necesidades de cada cual.

La piel se cuida por la mañana y por la noche; se comienza con básicos y la rutina se va construyendo en base a las necesidades de cada cual. Creative Credit iStock

Fernández Polo señala precisamente esa capacidad protectora y destaca además su actividad antioxidante.

La conversación conecta también con otro de los activos que menciona Carrera: los postbióticos. Menos conocidos por el público general, su interés, según la directora del Centro Felicidad Carrera, está más relacionado con la función barrera y el equilibrio del microbioma cutáneo.

Y aquí aparece otra diferencia importante: no todos estos ingredientes buscan exactamente lo mismo. Algunos se investigan por su papel en la comunicación celular; otros, por su relación con la reparación; y otros, como la ectoína y los postbióticos, encuentran buena parte de su interés en la protección y el equilibrio de la piel.

Capítulo cuatro: PDRN

Seguro que has oído eso de que las famosas están haciendo all-in al esperma de salmón. Y sí, eso es el PDRN, un tratamiento que encuentra su origen ahí, pero, por supuesto, tal y como explica Raquel González, nadie se está aplicando eso directamente en la cara.

"Lo que se utiliza en cosmética y medicina estética son fragmentos de ADN purificados, seleccionados por su capacidad para ayudar a la piel a repararse mejor", explica.

La popularidad del ingrediente también se entiende desde las consultas. Carrera asegura que los polinucleótidos son, junto a los exosomas, los activos por los que más preguntan actualmente sus pacientes y considera que son una herramienta especialmente consolidada en su práctica clínica.

Su experiencia, cuenta, es positiva cuando el objetivo es mejorar la calidad: "Observamos más hidratación, mejor textura, más luminosidad y una mejora progresiva de la elasticidad".

Añade que le resultan especialmente interesantes en el contorno de ojos, donde, según su experiencia, ayudan a mejorar las arrugas finas y la calidad de una piel especialmente delicada.

Pero de nuevo hay que separar contextos. Enríquez apunta que el PDRN aplicado en crema tiene una penetración limitada y sitúa los polinucleótidos utilizados en consulta en un escenario diferente, en el que, según su experiencia, pueden buscarse mejoras de textura, firmeza, poro, arrugas finas o cicatrices.

"El PDRN no trabaja desde la irritación. Ayuda a mejorar el entorno de la tez, favorece su regeneración y puede ser una buena herramienta cuando buscamos tratar signos de envejecimiento sin comprometer la barrera cutánea", cuenta Estefanía Nieto, directora dermocosmética en Medik8.

Al igual que sucede con los péptidos, aquí no hay un efecto wow inmediato, "pero se nota a medio plazo y se aprecia una mejora clara", añade.

Una visión global

La llegada masiva de estos activos obliga a poner orden. Y no sólo alfabético en una especie de diccionario cosmético o dermatológico, sino por el hecho de que estos ingredientes no han de analizarse de forma aislada.

Hay una primera conclusión que se repite entre las fuentes: el mismo nombre puede esconder realidades distintas dependiendo de dónde se encuentre. Un activo empleado en un procedimiento médico-estético y otro incorporado a un sérum de uso diario no tienen por qué ofrecer las mismas posibilidades ni contar con el mismo nivel de evidencia.

En los exosomas, Carrera destaca la expectación que generan y su experiencia con aplicaciones tópicas después de procedimientos, mientras que Enríquez pone el foco en la falta de estandarización entre productos.

En los polinucleótidos, Carrera habla de una experiencia clínica positiva y de mejoras progresivas en la calidad de la piel.

En los péptidos de cobre, el interés se centra en su posible papel en procesos relacionados con la reparación y el mantenimiento cutáneo. Y los postbióticos llevan la conversación hacia el microbioma y la función barrera.

Pero quizá la frontera más interesante esté precisamente entre innovación y lenguaje publicitario.

Los básicos del cuidado de la piel son: limpieza, hidratación y protección solar.

Los básicos del cuidado de la piel son: limpieza, hidratación y protección solar. Marco VDM iStock

Carrera considera que conceptos como regeneración cutánea o longevidad tienen una base científica, aunque advierte de que su utilización comercial puede generar expectativas poco realistas. Para ella, la innovación debería ir acompañada de "evidencia científica, regulación y experiencia clínica".

Y esa es precisamente la pregunta que conviene hacerse cada vez que un nuevo ingrediente aparece en el neceser: no sólo qué es, sino qué sabemos realmente de él, en qué contexto se ha estudiado y qué puede esperarse de la fórmula concreta que tenemos delante.

Porque hay una diferencia entre que un ingrediente tenga un mecanismo de acción interesante, que exista evidencia científica sobre él y que un producto cosmético concreto consiga producir el efecto que promete.

La suma de esas tres cosas pasa por la concentración, la formulación, la estabilidad, la vía de aplicación y, sobre todo, la calidad de la evidencia disponible.

La sofisticación de un ingrediente no garantiza por sí sola su eficacia. Y esa quizá sea la principal lección de esta nueva generación de cosméticos: no confundir innovación con resultados ni un lenguaje científico con una garantía de eficacia.

La cosmética puede hablar el idioma de la biomedicina. Pero, cuando llega al neceser, conviene seguir haciéndole preguntas.