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Imagen de ilustración. iStock.

Belleza

Los maquilladores coinciden: "Para maquillar las cejas en pieles maduras, lo más natural es utilizar sombras de ojos"

Con los años, el vello de las cejas pierde densidad y la forma cambia, pero una buena técnica puede devolver equilibrio a la mirada.

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Con el paso de los años, las cejas experimentan una transformación silenciosa que cambia por completo la expresión del rostro. El vello pierde densidad, aparecen pequeñas zonas despobladas y el arco deja de verse tan definido, algo que puede endurecer la mirada o hacer que los ojos parezcan más caídos.

Aunque muchas veces toda la atención se centra en las arrugas o la flacidez, los maquilladores insisten en que unas cejas bien trabajadas tienen un enorme poder rejuvenecedor. Son capaces de equilibrar las facciones, aportar frescura al rostro y crear un efecto visual de ojos más abiertos sin necesidad de recurrir a técnicas complicadas.

Por eso, el maquillaje se ha convertido en el mejor aliado para devolverles definición de forma sencilla y natural. Sin embargo, no todos los productos ofrecen el mismo resultado y, cuando se trata de pieles maduras, los expertos coinciden en que menos siempre es más. De hecho, cada vez son más los profesionales que sustituyen los lápices muy marcados por un producto mucho más sutil: las sombras.

La técnica con sombras que consigue unas cejas más naturales

Durante años, la tendencia apostó por cejas muy definidas, perfectamente delineadas y con un acabado casi gráfico. Sin embargo, esa técnica no siempre favorece a las pieles maduras.

Cuando el vello es más escaso y la piel ha perdido firmeza, un exceso de producto puede endurecer las facciones y hacer que las cejas parezcan artificiales.

Por ese motivo, muchos maquilladores profesionales recomiendan trabajar la ceja de una forma mucho más ligera, construyendo la intensidad poco a poco y respetando siempre la forma natural del rostro.

El objetivo no es dibujar una ceja completamente nueva, sino rellenar los huecos que han ido apareciendo con el paso del tiempo y recuperar la armonía de la mirada; sin embargo, todo forma parte de un proceso.

Antes de aplicar cualquier producto, el primer paso consiste en peinar el vello con un gel fijador transparente. Este gesto, que apenas lleva unos segundos, marca una gran diferencia porque ayuda a colocar cada pelo en su sitio y permite ver con claridad cuáles son las zonas que necesitan rellenarse.

Muchos profesionales aplican incluso dos capas muy finas: una primera para aportar fijación y una segunda para terminar de peinar el vello en la dirección adecuada.

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La dirección también juega un papel fundamental. En lugar de prolongar la cola de la ceja hacia abajo, los maquilladores recomiendan orientarla ligeramente hacia la sien.

Este pequeño cambio crea un efecto óptico de elevación que hace que la mirada parezca más abierta y descansada, un resultado muy parecido al conocido lifting effect o efecto tensor que tanto se busca en maquillaje.

Una vez definida la forma, llega el momento de utilizar el producto estrella de esta técnica: la sombra de ojos o la sombra específica para cejas.

Frente a los lápices de alta cobertura, las sombras permiten trabajar con mucha más precisión y controlar mejor la intensidad del color. Además, su acabado difuminado imita con mayor fidelidad la apariencia del vello natural, evitando líneas demasiado marcadas.

La clave está en aplicar muy poca cantidad cada vez. En pieles maduras resulta mucho más favorecedor construir el color mediante pequeñas capas que intentar cubrir todos los huecos de una sola pasada.

De esta manera, el resultado se integra mejor con la ceja existente y conserva una apariencia ligera y elegante.

Los expertos insisten en que el objetivo no es intensificar la ceja hasta convertirla en el centro del maquillaje. Al contrario, se trata de definirla con delicadeza para que enmarque el rostro sin llamar excesivamente la atención.

Cuando el color es demasiado oscuro o el contorno queda excesivamente delimitado, la expresión pierde naturalidad y las facciones pueden verse más rígidas.

Otro de los grandes beneficios de trabajar con sombras es que permiten corregir fácilmente cualquier pequeño error. Si la forma no convence o el producto se ha aplicado en exceso, basta con difuminar ligeramente con un pincel limpio para suavizar el acabado, algo mucho más complicado cuando se utilizan fórmulas muy cremosas o lápices de larga duración.

El resultado final son unas cejas con mayor densidad visual, pero sin efecto maquillado. La mirada gana amplitud, el rostro recupera equilibrio y la expresión transmite más frescura sin necesidad de recurrir a técnicas complejas.