Mujer maquillándose con brocha.
Andrea Navarrete, maquilladora: "A partir de los 50, el error que más envejece es utilizar productos en polvo"
Los polvos siguen teniendo su lugar, pero en pieles maduras deben aplicarse con precisión, moderación y fórmulas adecuadas.
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Los productos en polvo han sido durante muchos años uno de los grandes imprescindibles del neceser. Polvos matificantes, compactos, sueltos, bronceadores o coloretes han servido para sellar el maquillaje, controlar los brillos y conseguir un acabado más pulido en cuestión de segundos.
Pero lo que funciona en una piel joven no siempre favorece a una piel madura. A partir de los 50, cuando el rostro suele volverse más seco, fino y menos elástico, abusar de este tipo de fórmulas puede provocar justo el efecto contrario al deseado: marcar más las líneas de expresión.
Así lo advierte la maquilladora Andrea Navarrete, que insiste en que el problema no está en usar polvos, sino en aplicarlos en exceso o elegir texturas demasiado secas. “Abusar de los productos en polvo acentúa las arrugas a partir de los 50”, resume la experta.
No a los productos en polvo
Los productos en polvo tienen muchas ventajas. Ayudan a fijar la base, prolongan la duración del maquillaje y absorben el exceso de grasa en zonas como la frente, la nariz o la barbilla.
Por eso han sido durante décadas el gesto final de cualquier rutina de maquillaje. Un toque de polvo parecía suficiente para sellar todo el trabajo anterior y evitar que el rostro brillara con el paso de las horas.
El problema aparece cuando la piel ya no tiene la misma textura que años atrás. Con el envejecimiento natural, el rostro pierde hidratación, elasticidad y firmeza. También se hacen más visibles los pliegues, las arrugas finas y las líneas de expresión.
En ese contexto, un producto demasiado seco puede asentarse sobre la superficie de la piel en lugar de fundirse con ella. El polvo queda depositado en los surcos y acaba señalando precisamente aquello que muchas mujeres quieren suavizar.
Según Navarrete, el resultado puede ser una piel más apagada, más rígida y con aspecto más envejecido. En lugar de aportar frescura, el exceso de polvo crea una capa visible que resta naturalidad al maquillaje.
Esto ocurre especialmente cuando se aplica sobre una base muy cubriente, en grandes cantidades o en zonas donde la piel se mueve mucho, como el contorno de los ojos, la frente o alrededor de la boca.
Aplicar menos producto
La recomendación de la maquilladora no pasa por eliminar por completo los polvos del neceser. La clave está en cambiar la forma de utilizarlos. En pieles maduras, menos cantidad suele significar mejor resultado. Lo ideal es aplicar el producto sólo donde realmente hace falta, como la zona T, y evitar cubrir todo el rostro con una capa uniforme.
También conviene escoger fórmulas muy finas, ligeras y, si es posible, con un acabado ligeramente luminoso. Los polvos demasiado mates pueden borrar el brillo natural de la piel y dejar un aspecto plano.
La herramienta también importa. Una brocha grande y suelta permite repartir el producto de forma más suave, mientras que una borla o una esponja pueden depositar demasiada cantidad si no se usan con cuidado.
En el contorno de ojos, una de las zonas donde antes se marcan las líneas, la experta aconseja extremar la prudencia. Un exceso de polvo bajo la ojera puede endurecer la mirada y hacer que el corrector se cuartee antes.
Por eso, el objetivo no debe ser matificar por completo, sino equilibrar. Un rostro maduro suele verse más favorecido cuando conserva cierta jugosidad y un acabado flexible.
Bases ligeras
El polvo no es el único producto que puede sumar años si se usa mal. Andrea Navarrete también pone el foco en la base de maquillaje, especialmente en las fórmulas densas y de alta cobertura.
Muchas mujeres buscan una base capaz de ocultar manchas, rojeces e imperfecciones. Sin embargo, cuando el producto es demasiado pesado, puede acumularse en las arrugas con el paso de las horas.
El resultado es una piel aparentemente más maquillada, pero no necesariamente más favorecida. Las capas gruesas pueden restar frescura, marcar la textura y crear un efecto máscara poco natural.
Para las pieles maduras, la maquilladora recomienda apostar por fórmulas “extremadamente ligeras”. BB creams, CC creams, bases hidratantes o sérums con color pueden ser mejores aliados que una base cubriente tradicional.
Este tipo de productos unifican el tono sin saturar la piel. Además, suelen aportar hidratación, luminosidad y un acabado más elástico, tres cualidades especialmente favorecedoras a partir de los 50.
La preparación previa también es fundamental. Una piel bien hidratada, con una rutina de cuidado adecuada, hará que cualquier maquillaje se asiente mejor y dure más tiempo sin marcar tanto las líneas de expresión.
El secreto no está en cubrir más, sino en trabajar mejor la textura de la piel. A partir de cierta edad, la luminosidad, la hidratación y la ligereza se convierten en los mejores filtros.