Mujer maquillada por una profesional

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Belleza

María Nebrera, maquilladora: "Para una mirada más joven, elige siempre un corrector del mismo tono que tu piel"

El corrector perfecto no es el que promete no moverse nunca, sino el que se adapta a la piel, se aplica con medida y se retoca cuando realmente es necesario.

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El corrector de ojeras se ha convertido en uno de esos productos a los que se les exige casi todo: que tape, que ilumine, que no marque arrugas, que no se cuartee y que permanezca perfecto durante horas.

Pero la realidad del maquillaje diario es bastante menos "estricta". El contorno de ojos es una zona fina, expresiva y en movimiento constante. Por eso, incluso un buen corrector puede necesitar retoques a lo largo del día.

La maquilladora profesional María Nebrera lo resume claramente: "Que no te engañen, tu corrector de ojeras hay que retocarlo". Una frase que desmonta una de las falsas promesas más repetidas en belleza, la de la idea de que existe un producto capaz de mantenerse intacto durante toda la jornada sin ningún mantenimiento.

Igual que se reaplica un labial después de comer o se retoca el colorete antes de salir por la tarde, el corrector también puede perder frescura. Lo que no tiene por qué indicar que sea malo.

El corrector se mueve

La piel del contorno de ojos tiene características muy distintas a las del resto del rostro. Es más fina, suele deshidratarse con más facilidad y está sometida a gestos continuos como parpadear, sonreír, mirar hacia abajo o fruncir ligeramente el rostro.

Todo eso influye en cómo se comporta el producto. Con el paso de las horas, el corrector puede acumularse en las líneas de expresión, perder cobertura o adoptar un acabado más seco.

El error más habitual es el pensar que la solución pasa por aplicar más cantidad. Pero, según Nebrera, ocurre justo lo contrario. "No por mucho que pongas, te va a durar más", advierte la maquilladora.

Cuanto más producto se acumula bajo el ojo, más posibilidades hay de que se cuartee o deje un acabado pesado. La clave no está en crear una capa gruesa, sino en aplicar la cantidad justa y trabajarla bien.

Mujer con brocha de maquillaje.

Mujer con brocha de maquillaje. iStock

También influye la elección de la fórmula. No todas las pieles necesitan el mismo tipo de corrector. Hay productos de alta cobertura para ojeras muy marcadas, correctores de cobertura media para un resultado más flexible y fórmulas ultraligeras, tipo sérum, pensadas para quienes buscan un efecto natural.

Nebrera recomienda no dejarse llevar solo por lo que funciona a otra persona. "Hay que elegir el adecuado para tu piel. No el que te recomienda tu BFF", señala con humor.

El tono importa

Uno de los fallos más frecuentes es escoger un corrector demasiado claro. Muchas personas lo hacen buscando un efecto luminoso inmediato, pero el resultado puede ser artificial e incluso endurecer la mirada.

Para Nebrera, el truco profesional es elegir un tono que se funda con el color natural de la piel. "Escoge el mismísimo tono que tu piel. Es un trucazo", afirma. Esto permite neutralizar la ojera de forma más natural y, además, puede usarse en otras zonas del rostro para corregir pequeñas imperfecciones sin que se note el corte.

Eso sí, hay excepciones. Si la ojera es muy oscura o presenta matices violáceos, marrones o azulados, puede ser útil recurrir a tonos más melocotón o anaranjados para compensar el color antes de iluminar.

En cambio, cuando la ojera es moderada y solo se busca un toque de luz, la maquilladora aconseja subir apenas medio tono. No varios tonos por encima, sino una diferencia muy sutil.

La aplicación también marca la diferencia. En lugar de cubrir toda la zona con una capa uniforme, Nebrera propone trabajar el producto por partes y con precisión.

Primero, recomienda aplicar un tono medio para corregir el color de la ojera. Después, puede añadirse un pequeño toque en el párpado para unificar visualmente la mirada.

La maquilladora prefiere difuminarlo con la yema del dedo, a pequeños toques. El calor natural de la piel ayuda a fundir mejor la fórmula, mientras que los movimientos suaves evitan arrastrar el producto hacia las líneas.

Después, si se desea un efecto más despierto, puede incorporarse un segundo corrector ligeramente más claro solo en puntos estratégicos. La idea no es cubrir más, sino iluminar donde realmente favorece.

Hidratación y retoques

Otra duda habitual es si el corrector debe aplicarse antes o después de la base de maquillaje. Para Nebrera, ambas opciones pueden funcionar, pero existe una norma importante: el corrector necesita su propio espacio.

"Si aplicas primero la base de maquillaje, conviene dejar libre la zona donde irá el corrector para no saturarla con demasiadas capas", explica. Y si se empieza por el corrector, conviene evitar que la base invada después esa misma zona. De lo contrario, se puede desplazar el producto, añadir textura innecesaria y empeorar el acabado.

La preparación de la piel es otro punto esencial. Un contorno deshidratado hará que prácticamente cualquier corrector marque más, se vea más seco y pierda frescura antes.

Por eso, antes del maquillaje, conviene hidratar bien la zona con un producto adecuado y dejar que se asiente. La hidratación no convierte un corrector en infalible, pero sí mejora mucho su comportamiento.