Imagen de ilustración.

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Belleza

Bárbara Martos, maquilladora: "Si usas el lápiz de ojos negro en la línea de agua vas a parecer 10 años más mayor"

El color negro mal aplicado crea una ilusión óptica de profundidad que reduce visualmente el tamaño del ojo y acorta el espacio visible del globo ocular.

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El maquillaje no es estático, evoluciona con nosotras. Lo que favorecía hace unos años no siempre funciona igual con el paso del tiempo, y adaptar ciertos gestos se vuelve clave para mantener un resultado armónico y favorecedor.

A medida que cambian la piel y las facciones, también lo hacen las necesidades del rostro. La luz, las texturas y la forma de aplicar el producto cobran un papel más estratégico, especialmente en zonas delicadas como los ojos, su contorno y su alrededor.

En este proceso de adaptación, el famoso eyeliner se convierte en uno de los puntos más decisivos. Saber cómo y dónde aplicarlo puede marcar la diferencia entre una mirada definida o un efecto que sume años sin quererlo, especialmente, cuando usamos colores como el negro.

El efecto del delineador negro en los ojos

El negro es el color más utilizado en el maquillaje. Lo usamos en las pestañas, en el delineador, en la línea de agua y, en el caso de las morenas, también en las cejas. Su versatilidad y elegancia lo convierten en un básico imprescindible en cualquier neceser.

Sin embargo, a pesar de ser un color sofisticado que enfatiza la mirada y suele favorecer a todos los tipos de piel, es también un tono muy traicionero que puede provocar el efecto contrario al deseado si no se aplica correctamente.

Esto se debe a que los colores oscuros, y en especial el negro, absorben la luz. Este fenómeno crea una ilusión óptica de profundidad que reduce visualmente el tamaño del ojo y acorta el espacio visible del globo ocular.

Como resultado, la mirada puede parecer más cerrada, menos luminosa y, en algunos casos, más dura.

Cuando los ojos se perciben más pequeños y encajonados, pierden ese aspecto abierto, fresco y descansado que asociamos comúnmente con la juventud. La mirada deja de transmitir vitalidad y puede adquirir un aire más cansado o apagado.

A este efecto óptico se suma un proceso natural que todas experimentamos: el envejecimiento. Con el paso del tiempo, la zona periocular pierde luminosidad y firmeza, y es habitual la aparición de líneas finas, bolsas o sombras bajo los ojos. La piel en esta área es especialmente delicada y fina, lo que la hace más propensa a reflejar signos de fatiga.

Al añadir una línea negra intensa en la línea de agua —una zona ya de por sí sensible y húmeda— se puede acentuar involuntariamente ese aspecto cansado, ya que el contraste resalta irregularidades, sombras y pequeñas imperfecciones en lugar de disimularlas.

Además, los contrastes fuertes como el negro tienden a endurecer los rasgos faciales. Mientras que un delineado sutil en el párpado superior puede definir la mirada y aportar estructura, una línea negra marcada en la línea de agua inferior puede generar un efecto más rígido o severo, asociado visualmente a una apariencia más madura.

No obstante, a todas estas consideraciones estéticas también se suma un aspecto práctico y es el producto en sí. El lápiz negro en la línea de agua no siempre ofrece un buen resultado a lo largo del día.

Debido al contacto constante con la humedad natural del ojo, el producto tiende a desplazarse, correrse o acumularse en las esquinas, lo que puede generar manchas y dar una sensación de maquillaje poco pulido o descuidado.

"Hay que tener mucho cuidado y saber bien cómo aplicarlo", indica la maquilladora Bárbara Martos en un vídeo de sus redes sociales. "Lo ideal es difuminarlo un pelín, que sea algo sutil; si no, puede hacer que parezcas más mayor y no nos va a beneficiar", explica.

Como alternativa, se puede optar por tonos más claros, como el blanco, el beige o incluso tonos nude ligeramente rosados.

Estos colores ayudan a neutralizar el tono natural —a veces rojizo— de la línea de agua, aportando luminosidad y creando un efecto óptico de ojos más grandes, abiertos y descansados. El resultado es una mirada más fresca y rejuvenecida, sin renunciar a la definición.