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Belleza

María Borbolla, maquilladora: "Para disimular las arrugas de la boca debes evitar los pintalabios muy fluidos"

Aunque su acabado brillante, jugoso o efecto "mojado" resulta muy atractivo a primera vista, este tipo de fórmulas tienden a desplazarse con facilidad.

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A medida que pasan los años, los labios no son una excepción al proceso natural de envejecimiento: pierden volumen, se afinan ligeramente y aparecen las conocidas líneas verticales —el temido "código de barras"—.

Este fenómeno está directamente relacionado con la disminución de colágeno y elastina, dos proteínas clave responsables de la firmeza y elasticidad de la piel. A partir de los 30 años la producción de colágeno puede disminuir aproximadamente un 1% anual, lo que explica por qué el contorno labial pierde definición con el tiempo.

En este contexto, el maquillaje deja de ser un mero recurso estético para convertirse en una herramienta estratégica. Bien utilizado, no solo embellece, sino que corrige, redefine y rejuvenece visualmente. Pero —y aquí está la clave— todo depende de la técnica y de la elección de las texturas.

Los labiales fluidos y el código de barras

De acuerdo con las expertas, entender cómo se comportan las distintas fórmulas sobre la piel es esencial para evitar que el maquillaje traicione el resultado y, en cambio, juegue a nuestro favor.

No todas las texturas responden igual sobre unos labios que han perdido definición, y lo que a simple vista puede parecer favorecedor —como los acabados ligeros y brillantes— puede acentuar precisamente aquello que queremos disimular.

La maquilladora profesional María Borbolla lo resume con claridad: si el objetivo es suavizar el aspecto de las arrugas peribucales, conviene evitar labiales excesivamente fluidos.

Aunque su acabado brillante, jugoso o efecto "mojado" resulta muy atractivo a primera vista, este tipo de fórmulas tienden a desplazarse con facilidad. Y lo que en unos labios jóvenes puede aportar frescura, en labios más maduros puede jugar en contra.

El motivo es puramente físico: las texturas ligeras tienen menor adherencia y, por tanto, migran hacia los surcos naturales de la piel.

Esto provoca que el color se salga del contorno, se acumule en las líneas y termine desdibujando por completo la forma del labio. El resultado no es solo menos preciso, sino que transmite cierta sensación de descuido.

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Frente a esto, la solución para la experta pasa por fórmulas más equilibradas, como los labiales que combinen hidratación con fijación.

No se trata de renunciar al confort, sino de encontrar ese punto medio que permita mantener el color en su sitio sin marcar las líneas.

Aquí entra en juego un imprescindible que muchos subestiman: el perfilador, un producto que más allá de definir, actúa como una auténtica barrera.

Borbolla recomienda comenzar siempre delineando el labio para estructurar el volumen deseado. El tono ideal debe integrarse perfectamente: igual que el labial o, en el caso de colores claros, similar al tono natural del labio.

El siguiente paso es clave para la duración: rellenar ligeramente con el propio lápiz o con un labial mate. Esta base mejora la adherencia del producto posterior.

Para un acabado aún más pulido, sellar suavemente con polvos traslúcidos puede marcar la diferencia, especialmente en pieles donde las líneas son más visibles.

¿Y el gloss? Aquí conviene matizar. Aunque aporta luz y efecto volumen, su uso debe ser estratégico.

En labios con muchas líneas, es preferible optar por bálsamos nutritivos que aporten brillo sin exceso de fluidez. Si se desea utilizar gloss, la recomendación profesional es aplicarlo únicamente en el centro del labio, evitando el contorno para prevenir que el producto se desplace hacia las arrugas.

Sin embargo, más allá del maquillaje, el cuidado previo marca un antes y un después. La piel de los labios, al no tener glándulas sebáceas, es especialmente vulnerable a la deshidratación.

Por eso, la exfoliación periódica resulta fundamental para eliminar células muertas y mejorar la textura. Los expertos suelen recomendar realizarla cada 3 o 4 semanas —o cada 20 días—, siempre adaptándola a la sensibilidad de cada piel.

La hidratación, por supuesto, es innegociable. Ingredientes como el ácido hialurónico, la manteca de karité o los aceites vegetales ayudan a mantener los labios flexibles, suaves y visualmente más voluminosos.