Mujer aplicándose corrector de ojera.

Mujer aplicándose corrector de ojera. iStock

Belleza

Martha Obeo, maquilladora: "En pieles maduras, utilizo muy poco corrector y tras la base para no marcar arruguitas"

Hidratar la piel, escoger la textura adecuada, aplicar muy poca cantidad y valorar las necesidades de cada rostro es lo que marca la diferencia. 

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El corrector ocupa un lugar fijo en casi cualquier neceser de maquillaje, pero también es uno de los productos que más dudas despierta.

Cuándo aplicarlo, qué tono elegir o cómo evitar que se acumule en las líneas de expresión son preguntas habituales, especialmente entre quienes buscan un acabado natural y favorecedor.

Martha Obeo, maquilladora especializada en bridal y televisión, despejó todas esas dudas y especificaba cuáles eran sus trucos favoritos, especialmente en pieles maduras, en una entrevista concedida a Semana.

En esa conversación, la experta repasó los errores más comunes, explicó en qué paso de la rutina conviene aplicar el corrector y detalló qué fórmulas funcionan mejor según el tipo de piel y la coloración de las ojeras.

Su principal consejo parte de aplicar menos cantidad y mejor técnica. Aunque muchas personas recurren al corrector para cubrir en exceso, Obeo insiste en que el resultado más bonito suele lograrse cuando el producto se usa solo donde hace falta y sobre una piel bien preparada.

Mujer antes de aplicarse el corrector.

Mujer antes de aplicarse el corrector. iStock

Antes de pensar en el tono o en la cobertura, la maquilladora recomienda prestar atención a la hidratación. Una piel seca o deshidratada dificulta que el corrector se funda correctamente y favorece que el producto se cuartee a lo largo del día. Por eso, preparar el contorno de ojos no es un paso accesorio, sino la base de un buen resultado.

"Yo como profesional siempre hidrato previamente muy bien el contorno de ojos y luego aplico solo dos o tres puntitos de corrector en la zona interna de la ojera", explica Obeo. Después, lo difumina con una esponja limpia o con el dedo anular, ejerciendo la mínima presión posible.

Menos producto y mejor preparación

La experta subraya que uno de los fallos más repetidos consiste en extender el corrector por toda la ojera, incluso en las zonas donde no existe pigmentación marcada. Esa aplicación excesiva no solo resta naturalidad al maquillaje, sino que aumenta el riesgo de que el producto se deposite en pliegues y arrugas.

También considera esencial construir la cobertura en capas muy finas. En lugar de aplicar una cantidad abundante desde el principio, defiende trabajar poco a poco para que la piel conserve frescura y elasticidad. "La clave está en usar poca cantidad y colocarlo estratégicamente", resumió.

A la hora de prolongar la duración, Obeo pone el foco en tres factores: la preparación previa, la elección del corrector y el sellado. Según explica, una buena crema específica para el contorno mejora la elasticidad de la zona y reduce la migración del producto durante las horas posteriores.

Sobre el sellado, su consejo es optar por un polvo translúcido aplicado con suavidad. "Lo más importante es sellar con polvo translúcido, aplicando mediante presión o toquecitos sobre la zona", señaló. De esta forma, se fija el corrector sin añadir textura de más ni resecar el contorno.

Después de la base

Una de las dudas más frecuentes en maquillaje es si el corrector debe ir antes o después de la base. Frente a las rutinas más clásicas, Martha Obeo tiene clara su preferencia: "En mi caso como profesional yo utilizo el corrector posteriormente a la base de maquillaje, me permite evaluar con mayor precisión las zonas que requieren cobertura adicional y evito el uso innecesario de producto".

Aplicarlo después de la base, según argumenta, permite corregir solo donde realmente sigue haciendo falta. Así se evita sobrecargar el rostro y se consigue un acabado más limpio. Además, la base ya habrá neutralizado parte de la ojera o de las pequeñas imperfecciones, por lo que el corrector pasa a cumplir una función más precisa.

La elección del tono también resulta determinante. No siempre basta con escoger un color similar al de la piel, ya que el subtono de la ojera cambia de una persona a otra. La maquilladora explica que las ojeras azuladas o violáceas se corrigen mejor con matices melocotón o salmón; las más marrones, con tonos anaranjados; y las rojeces, con subtonos amarillentos o beige claro.

En el maquillaje profesional, además, existen correctores cromáticos pensados para neutralizar discromías concretas. El verde ayuda a rebajar las rojeces, el salmón corrige ojeras azuladas, el naranja funciona sobre hiperpigmentaciones más profundas y el amarillo compensa tonos violáceos. Eso sí, Obeo insiste en que deben usarse siempre en capas muy finas y localizadas.

En pieles maduras

Si hay un tipo de piel en el que el corrector exige más cuidado, ese es el de las pieles maduras. La pérdida de elasticidad y la presencia de líneas finas hacen que la textura y la cantidad del producto sean decisivas. Por eso, Martha Obeo se inclina por fórmulas más ligeras y flexibles.

"En pieles maduras, utilizo el corrector después de la base y siempre recomiendo texturas fluidas o sérum, con fórmulas de alta elasticidad y partículas de pigmento fino", afirmó en la entrevista publicada por SEMANA. A su juicio, este tipo de acabado ayuda a corregir sin endurecer la expresión ni marcar más la zona.

Entre los errores más comunes menciona el uso de tonos demasiado claros, que pueden enfatizar arrugas y hundimientos; el exceso de producto, que favorece la acumulación en pliegues; y un sellado abusivo con polvos, que termina aportando sequedad y textura no deseada.