Aínsa, Huesca.

Aínsa, Huesca.

Actualidad

El pueblo medieval perfecto para recorrer a pie: premiado por la ONU, con un castillo del siglo XI y el mejor cordero a la pastora

Calles medievales, un castillo del siglo XI y una de las gastronomías más tradicionales del Pirineo convierten a esta villa en una escapada perfecta.

Más información: La ciudad romana que se camina por el cielo: no está en Italia, es del año 25 a.C. y tiene la única muralla romana íntegra del mundo

Publicada

No todos los pueblos necesitan grandes monumentos o enormes avenidas para convertirse en destinos inolvidables. Algunos destacan precisamente por lo contrario: calles de piedra donde apenas circulan coches, plazas tranquilas rodeadas de soportales y un ritmo mucho más pausado que el de las grandes ciudades.

En el Pirineo aragonés existe una villa medieval donde todo invita a caminar a ese mismo compás. Desde su castillo del siglo XI hasta sus miradores sobre montañas y ríos, cada rincón mezcla historia, naturaleza y gastronomía tradicional en un paisaje que cambia completamente según la época del año.

Se trata de Aínsa, uno de los pueblos más bonitos de Huesca y uno de los destinos rurales mejor valorados de España. Dentro de él se puede observar con facilidad: su conservación histórica, su apuesta por el turismo sostenible y su patrimonio le han valido un reconocimiento internacional de la ONU.

Aínsa, Huesca

Aragón es la cuna de los aficionados al arte medieval. Es inspiración para los artistas, y el albergue de algunos tan relevantes no solo en España, sino en todo el mundo. Si nos vamos hasta el norte, encontramos el pequeño pueblo de Aínsa.

Con menos de 3.000 habitantes, esta villa medieval ha conseguido convertirse en uno de los grandes referentes del turismo rural en España gracias a su patrimonio histórico, su entorno natural y una gastronomía profundamente ligada a la montaña.

Nada más llegar, la silueta del castillo domina el paisaje. Esta fortaleza medieval, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, fue clave durante siglos para la defensa del antiguo Reino de Aragón.

Aunque parte de la construcción se encuentra en ruinas, todavía conserva murallas, torreones y amplios espacios desde los que se obtienen algunas de las mejores vistas del Pirineo.

Además, el recinto alberga actualmente un ecomuseo y distintas actividades culturales durante gran parte del año.

El casco histórico de Aínsa está considerado Conjunto Histórico-Artístico desde 1965 y pasear por él es una de las grandes experiencias del viaje. Sus calles empedradas, las casas construidas en piedra y madera y los pequeños pasadizos medievales mantienen una estética muy cuidada que transporta directamente a otra época.

A diferencia de otros pueblos más turísticos, aquí todavía se conserva un ambiente tranquilo y muy ligado a la vida local.

Sin movernos mucho, el punto decisivo de esta villa medieval es esa misma Plaza Mayor. Es el escenario de una curiosa recreación conocida como La Morisma, una recreación que conmemora la victoria del rey García Ximenez sobre el ejército sarraceno, "gracias" a una cruz de fuego que prendió de forma milagrosa y llenó de coraje a los cristianos.

Rodeada de edificios históricos, restaurantes y terrazas, es el punto perfecto para detenerse a probar algunos de los platos más típicos de la zona. Entre ellos destaca el cordero a la pastora, una receta tradicional del Pirineo elaborada lentamente y muy vinculada a la cultura ganadera aragonesa.

Muy cerca se encuentra también la iglesia de Santa María, uno de los mejores ejemplos del románico en el Alto Aragón.

Construida entre los siglos XI y XII, su torre y su interior reflejan la importancia histórica que tuvo Aínsa durante la Edad Media. Además, desde sus alrededores salen varios miradores con vistas espectaculares a las montañas y al paisaje natural que rodea el municipio.

Y es que, un pueblo con tanta historia es imposible que no albergue leyendas medievales. Una de las más conocidas es la de la Cruz de Sobrarbe, relacionada con una supuesta aparición milagrosa durante una batalla entre cristianos y musulmanes.

Esta historia sigue muy presente en la localidad y cada dos años se revive con La Morisma, una representación popular en la que participa gran parte del pueblo y que está considerada una de las fiestas históricas más importantes de Aragón.

Más allá del patrimonio, Aínsa también se ha convertido en un destino muy valorado por quienes buscan naturaleza y deporte al aire libre. Su cercanía al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido permite realizar rutas de senderismo, ciclismo y actividades acuáticas durante buena parte del año.

Además, el entorno cambia completamente según la temporada, pasando de los paisajes verdes de primavera a las montañas nevadas del invierno.

El reconocimiento internacional llegó recientemente cuando la Organización Mundial del Turismo, dependiente de la ONU, incluyó a Aínsa entre los mejores pueblos turísticos del mundo.

Este premio valora especialmente la conservación del patrimonio, el desarrollo sostenible y la capacidad de mantener vivas las tradiciones locales sin perder identidad.