La primera mesa redonda.

La primera mesa redonda. Cedida

Actualidad

La jornada 'Diálogos sobre trata y explotación: avances y retos en su abordaje' llega a la Universidad de Valencia

Bajo las bóvedas históricas del Centro Cultural La Nau, la trata de seres humanos dejó de ser una estadística para adquirir nombres y urgencia.

Más información: Victoria Hart, madre de tres hijos y una peluquera "única": su marido la asesinó delante de los pequeños

Publicada
Actualizada

Hace unos días, en el marco de la Semana de Criminología, juristas, fiscales, fuerzas de seguridad, investigadores y entidades sociales se reunieron en la jornada “Diálogos sobre trata y explotación: avances y retos en su abordaje”, una cita que puso el foco en una realidad cada vez más sofisticada, más digital y, sobre todo, más invisible.

La mañana comenzó con una escena poco habitual en un encuentro jurídico. La soprano Ana Maeso abrió la sesión con una interpretación que hilvanó desigualdades históricas y formas contemporáneas de explotación.

Fue un inicio simbólico, casi íntimo, que marcó el tono de una jornada atravesada por la idea de que la trata no es un fenómeno marginal ni distante, sino un delito que se infiltra en la vida cotidiana.

Tras la apertura musical, la catedrática de Derecho Penal Cristina Guisasola Lerma, directora académica del encuentro, situó el debate en el terreno de los datos y las lagunas. Las cifras oficiales, advirtió, apenas reflejan “la parte visible del fenómeno”.

La victimización oculta sigue siendo altísima y las víctimas no siempre responden al perfil estereotipado que la opinión pública imagina. En la inauguración institucional, Francisco Javier Soler insistió en la necesidad de políticas públicas coordinadas y de garantizar un acceso real y efectivo a la justicia para quienes logran salir de las redes de explotación.

El cortometraje AVA.

El cortometraje AVA. Cedida

Antes de entrar en materia, el público asistió a la proyección de AVA, el cortometraje dirigido por Mabel Lozano. Inspirada en hechos reales, aborda la doble vulnerabilidad de menores y personas con discapacidad captadas para la explotación sexual.

La crudeza del relato, sin concesiones, sirvió de antesala a un debate que, durante horas, giró en torno a una idea central: la trata se transforma más rápido que los mecanismos diseñados para combatirla.

Cuando no se ve

Uno de los consensos del encuentro fue que rara vez se denuncia en su verdadera dimensión. Muchas víctimas no se identifican como tales; otras temen represalias, desconfían de las instituciones o dependen económicamente de sus explotadores.

A ello se suma un fenómeno inquietante: mujeres sancionadas por ejercer la prostitución en contextos de explotación, menores utilizados para cometer delitos o trabajadores sometidos a condiciones abusivas que pasan desapercibidos para el sistema.

La preocupación por el aumento de menores afectados atravesó varias intervenciones. Las redes criminales han perfeccionado sus estrategias de captación y aprovechan la exposición constante de adolescentes y jóvenes en entornos digitales.

La trata ya no comienza necesariamente con un traslado físico entre países; puede iniciarse con un mensaje privado, una promesa de trabajo en el extranjero o una relación afectiva manipulada.

Voces en primera línea

La primera mesa redonda, moderada por Guisasola, reunió a profesionales que trabajan directamente con esta realidad. La fiscal especializada Carolina Lluch subrayó la brecha entre la creciente complejidad de las organizaciones criminales y los recursos disponibles para investigarlas.

Las redes operan con estructuras flexibles, utilizan identidades falsas y se sirven de plataformas digitales que dificultan el rastreo. “La respuesta penal necesita adaptarse a esa mutación constante”, vino a señalar.

Desde la intervención social, Rocío Mora, directora de APRAMP, defendió la importancia de los equipos especializados para detectar víctimas invisibles y acompañarlas en procesos de salida que son largos y frágiles. La recuperación no se limita a una actuación policial: requiere apoyo psicológico, asesoramiento jurídico, alternativas laborales y protección frente a posibles represalias.

La profesora María Jesús Navarro, de la Universidad Miguel Hernández, amplió el foco hacia la demanda. Sin consumidores de servicios sexuales o de productos obtenidos en condiciones de explotación, recordó, el negocio pierde rentabilidad.

El abordaje, por tanto, no puede limitarse a la persecución penal; debe incluir una transformación cultural que cuestione las conductas que sostienen el sistema de explotación.

El público.

El público. Cedida

A las pantallas

Uno de los bloques más alarmantes fue el dedicado a la captación digital. Redes sociales, aplicaciones de mensajería y plataformas de anuncios se han convertido en espacios de reclutamiento. Las expertas alertaron de que adolescentes y jóvenes son objetivos prioritarios de redes que ya no necesitan fronteras físicas para operar. Basta con una conexión a internet.

Las dinámicas de seducción y manipulación emocional, conocidas como grooming, se combinan con falsas ofertas laborales o promesas de oportunidades en otros países. El resultado es un entramado difícil de detectar en sus fases iniciales. De ahí la insistencia en reforzar la educación digital, formar a docentes y familias, y dotar a las fuerzas de seguridad de herramientas tecnológicas adecuadas.

Explotación laboral

La jornada incluyó una conferencia de la catedrática Carolina Villacampa, de la Universidad de Lleida, centrada en la trata con fines de explotación laboral. Aunque menos visible mediáticamente que la explotación sexual, esta modalidad está en crecimiento.

Sectores como la agricultura, el trabajo doméstico o la hostelería concentran casos en los que las víctimas soportan jornadas extenuantes, salarios ínfimos y condiciones de vida indignas.

La identificación de estos casos suele ser más lenta. A menudo se confunden con meras infracciones laborales, cuando en realidad existe coacción, abuso de vulnerabilidad o retención de documentación. La falta de reconocimiento social dificulta la denuncia y prolonga la situación de sometimiento.

Prevención y respuesta

La segunda mesa redonda reforzó la idea de que la prevención es la herramienta más eficaz. Con
la participación de representantes del tercer sector, la administración y las fuerzas de seguridad
—Carolina Sánchez (Amar Dragoste), Mar Saborit (Programa Alba de la Generalitat Valenciana) y el sargento Antonio M. Asensio, de la Guardia Civil— el debate giró en torno a la necesidad de coordinación institucional.

Carolina Sánchez, el sargento Antonio M. Asensio y Mar Saborit.

Carolina Sánchez, el sargento Antonio M. Asensio y Mar Saborit. Cedida

Moderados por el abogado y criminólogo Juan Molpeceres, los ponentes coincidieron en que la respuesta debe ser integral: detección temprana, protección efectiva, persecución penal y políticas sociales que reduzcan la vulnerabilidad.

Los estudiantes presentes fueron interpelados directamente. La trata fue definida como “el medio para llegar a la explotación, considerada la esclavitud del siglo XXI”, una expresión que, lejos de la retórica, apunta a un negocio global que obtiene beneficios millonarios a costa del control y la cosificación de personas.

Preocupación y horizonte

La clausura dejó una sensación ambivalente. Por un lado, la magnitud del problema resulta abrumadora. Las formas de captación evolucionan, la digitalización amplía el alcance de las redes y la victimización oculta sigue siendo elevada. Por otro, el compromiso de quienes trabajan en primera línea ofrece un horizonte de acción.

Vicenta Cervelló, catedrática y directora del ICCP en la Universitat de València, y José María Tomás, presidente de Fundación por la Justicia, cerraron el encuentro con un mensaje de realismo y esperanza.

La trata no desaparecerá sin un esfuerzo sostenido, pero la cooperación entre universidad, judicatura, fuerzas de seguridad y entidades sociales demuestra que existe una red de respuesta cada vez más sólida.

La jornada concluyó con una idea compartida: mirar hacia otro lado ya no es una opción. No es un fenómeno ajeno ni excepcional. Está más cerca de lo que se piensa, adopta nuevas formas y exige una vigilancia constante. En La Nau, durante unas horas, esa realidad dejó de ser invisible.