Jávea, Alicante.

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El pueblo pesquero que enamoró a Sorolla: aguas cristalinas, tradición marinera y un casco antiguo de piedra

La intensidad de la luz y la transparencia del mar convirtieron este rincón alicantino en uno de los grandes refugios creativos del pintor.

Más información: El pueblo ideal para recorrer a pie y comer pescado fresco: patrimonio industrial y un dique romano del siglo II a.C.

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La fascinación que despertó Joaquín Sorolla por la luz mediterránea marcó buena parte de su trayectoria y lo convirtió en uno de los pintores españoles más reconocidos internacionalmente. Considerado el gran maestro del luminismo, el artista valenciano revolucionó la pintura de finales del siglo XIX gracias a su capacidad para captar la atmósfera, el movimiento y los efectos cambiantes de la luz natural.

A diferencia de muchos creadores de su época, Sorolla prefería pintar al aire libre y trasladarse hasta los lugares que deseaba retratar. Sus viajes por distintos puntos del litoral español le permitieron observar de primera mano la vida cotidiana de pescadores y marineros, unas escenas que acabarían protagonizando algunas de sus obras más célebres.

Fue precisamente durante uno de esos viajes cuando descubrió Jávea, un pequeño pueblo alicantino que lo dejó profundamente impresionado. El pintor quedó tan cautivado por la intensidad de sus colores, la transparencia de sus aguas y la espectacularidad de su paisaje que llegó a escribir a su esposa una frase que ha pasado a la historia: "Jávea sublime, inmensa, lo mejor que conozco para pintar... Supera a todo".

Jávea, Alicante

Situada en el extremo norte de la provincia de Alicante, Jávea —o Xàbia, en valenciano— es uno de los destinos más singulares del Mediterráneo español.

Protegida por el imponente macizo del Montgó y rodeada por algunos de los acantilados más espectaculares de la costa levantina, la localidad ha conseguido preservar su identidad pese al auge turístico de las últimas décadas.

Uno de los aspectos que más sorprende al visitante es su casco histórico, alejado unos dos kilómetros del mar. Durante siglos, los habitantes decidieron establecer el núcleo urbano tierra adentro para protegerse de los continuos ataques de piratas y corsarios que asolaban la costa mediterránea.

Hoy, recorrer sus calles supone viajar al pasado a través de un entramado de callejuelas estrechas, plazas tranquilas y fachadas encaladas que conservan intacta la esencia medieval.

Buena parte del encanto arquitectónico de Jávea reside en la llamada piedra tosca, una arenisca calcárea de tonalidad dorada extraída tradicionalmente de las canteras situadas junto al litoral.

Este material, característico de la localidad, puede contemplarse en portales, ventanas, arcos y numerosos edificios históricos, otorgando al municipio una personalidad única.

@tonigonzalzz 📍Cala Portitxol, Jávea. Es una de las calas más famosas de Alicante y sus aguas cristalinas y las casitas blancas con puertas azules te recordarán a los paisajes de Grecia. 💙 Dispone de un parking justo al lado pero se llena muy pronto en los meses de verano,así que llega temprano o visítalo en fechas menos frecuentadas. 🚙 🙏🏼 No olvides cuidar de este lugar y respetar la tranquilidad del resto de personas. #cala #españa #parati #verano #fyp ♬ sonido original - victor puro♥️ sentimiento

También está presente en los tradicionales riuraus, construcciones agrícolas levantadas durante el auge de la producción de pasa en el siglo XIX y que forman parte del patrimonio cultural de la comarca.

En el corazón del casco antiguo se alza la iglesia-fortaleza de San Bartolomé, uno de los monumentos más representativos del municipio. Construida en estilo gótico isabelino, esta edificación cumplía una doble función: servir como lugar de culto y actuar como elemento defensivo frente a las incursiones piratas.

Sus gruesos muros y sus aspilleras recuerdan todavía aquel pasado marcado por la necesidad de proteger a la población.

Las playas de Jávea

Sin embargo, si hay algo que ha hecho célebre a Jávea dentro y fuera de España es la extraordinaria belleza de su costa. Sorolla encontró aquí una luz distinta a la de las playas valencianas que conocía desde niño.

La combinación de abruptos acantilados, aguas cristalinas y fondos marinos transparentes ofrecía unas condiciones excepcionales para pintar al aire libre. El artista regresó en varias ocasiones y realizó algunas de sus obras más conocidas inspirándose en estos paisajes, como Nadadores, Jávea o El bote blanco.

La huella del pintor sigue muy presente en la localidad y, de hecho, un paseo marítimo lleva su nombre y una estatua de bronce recuerda el estrecho vínculo que mantuvo con este enclave mediterráneo.

El mar continúa siendo además el gran protagonista de la vida cotidiana en Jávea. El barrio de Duanes de la Mar, surgido alrededor del puerto, conserva intacta la esencia marinera del municipio.

Rocas de Jávea y el bote blanco, obra de Joaquín Sorolla.

Rocas de Jávea y el bote blanco, obra de Joaquín Sorolla.

Lejos de limitarse a un puerto deportivo, esta zona mantiene una intensa actividad pesquera y permite descubrir una forma de vida ligada desde hace siglos al Mediterráneo.

Cada tarde, la llegada de las embarcaciones y la subasta de pescado en la lonja siguen constituyendo una de las escenas más auténticas de la localidad. A pocos metros se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, inaugurada en 1967 y considerada una de las obras más singulares de la arquitectura religiosa contemporánea española.

Su cubierta, diseñada para imitar el casco invertido de un barco pesquero, rinde homenaje a la estrecha relación del municipio con el mar.

La costa de Jávea ofrece además algunos de los paisajes más espectaculares de la Comunidad Valenciana. La playa del Arenal, la única gran playa de arena del municipio, destaca por sus aguas tranquilas y su ambiente familiar.

Joaquín Sorolla: 'Chicos nadando', Jávea, 1905

Joaquín Sorolla: 'Chicos nadando', Jávea, 1905

Más salvajes son enclaves como la Cala Granadella o la Cala Barraca, también conocida como Portitxol, famosa por sus antiguas casas de pescadores con puertas pintadas de un intenso color azul que se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de la localidad.

Quienes buscan panorámicas inolvidables encuentran en la Ruta de los Miradores una de las mejores formas de descubrir el territorio.

Los quince puntos panorámicos distribuidos a lo largo del litoral permiten contemplar el Mediterráneo desde impresionantes acantilados, observar el perfil de los cabos de Sant Antoni y de la Nau y disfrutar de unos atardeceres que tiñen el paisaje de tonos rojizos y anaranjados.