Casco antiguo de Santillana de Mar.

Casco antiguo de Santillana de Mar. iStock

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El pueblo medieval mejor conservado, del siglo VIII y con una 'Capilla Sixtina': perfecto para una escapada de fin de semana

Considerado uno de los pueblos más bonitos de España, aquí cada calle cuenta una historia y el pasado sigue vivo.

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En España abundan los pueblos medievales con encanto. Localidades como Aínsa (Huesca), Sigüenza (Guadalajara) o Albarracín (Teruel) suelen aparecer en las listas de los más bonitos del país.

Sin embargo, en el norte existe una villa que reúne historia, arquitectura y arte prehistórico en un mismo lugar y que, a pesar de que para muchos viajeros supera a todas las anteriores, no siempre se tiene en cuenta.

Se trata de Santillana del Mar, Cantabria, cuyos orígenes se remontan al siglo VIII. Aunque su nombre sugiera lo contrario, este pueblo no tiene mar ni es especialmente llano, pero sí conserva uno de los conjuntos históricos más espectaculares de España.

A apenas media hora de Santander y muy cerca de la costa cantábrica, esta pequeña localidad se ha convertido en una parada imprescindible para quienes recorren el norte del país.

Su casco histórico parece detenido en el tiempo y caminar por sus calles es como viajar directamente a la Edad Media.

Calles empedradas, casonas de piedra con escudos nobiliarios, torres defensivas y edificios religiosos convierten a Santillana del Mar en uno de los pueblos mejor conservados del norte de España.

Un viaje a la Edad Media

El origen de Santillana del Mar está ligado a la figura de Santa Juliana, una mártir del siglo III cuyas reliquias, según la tradición, fueron trasladadas hasta este lugar siglos después. Alrededor del templo dedicado a la santa comenzó a crecer el núcleo urbano que daría forma a la villa.

El edificio más emblemático del pueblo es la Colegiata de Santa Juliana, considerada uno de los ejemplos más importantes del románico en Cantabria. Su claustro, uno de los rincones más fotografiados, está decorado con capiteles esculpidos que representan escenas bíblicas y motivos medievales.

Durante los siglos XII al XVI, Santillana del Mar vivió una etapa de gran prosperidad. La presencia de influyentes familias nobiliarias dejó una huella visible en su arquitectura.

Hoy todavía se pueden admirar construcciones como el Palacio de Velarde, la Casa de los Hombrones o las torres del Merino y de Don Borja. Estos edificios reflejan el poder económico y social que tuvo la villa durante siglos.

Uno de los aspectos que más sorprende a los visitantes es el buen estado de conservación del conjunto urbano. No es casualidad que Santillana del Mar fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1889, una de las primeras localidades españolas en recibir esta protección patrimonial.

Actualmente, gran parte del casco histórico tiene acceso restringido al tráfico durante el día. Por eso, lo más recomendable es dejar el coche en los aparcamientos habilitados en las entradas del municipio y recorrer la villa caminando.

El paseo, aunque tiene algunas pendientes y pavimento irregular, permite disfrutar con calma de cada rincón, desde sus plazas hasta las pequeñas tiendas de artesanía que salpican las calles.

Tesoro prehistórico a unos minutos

Pero si hay algo que convierte a Santillana del Mar en un destino único es la cercanía de uno de los mayores tesoros arqueológicos del mundo.

A menos de dos kilómetros del pueblo se encuentran las Cuevas de Altamira, consideradas la "Capilla Sixtina del arte rupestre". Fueron descubiertas en 1868 y estudiadas posteriormente por Marcelino Sanz de Sautuola, quien dio a conocer sus pinturas al mundo en 1879.

Las obras que decoran sus paredes pertenecen al Paleolítico Superior y tienen entre 36.000 y 13.000 años de antigüedad. Entre ellas destacan los famosos bisontes policromados que han convertido a Altamira en uno de los yacimientos más importantes del planeta.

En 1985 la cueva fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, lo que consolidó su relevancia internacional.

Para preservar las pinturas originales, el acceso a la cueva auténtica está muy restringido. Solo un número muy limitado de visitantes puede entrar cada año mediante un sistema de sorteo.

Sin embargo, la experiencia sigue siendo impresionante gracias al Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. Allí se encuentra la llamada "Neocueva", una reproducción extremadamente fiel de la cueva original que permite contemplar las pinturas tal y como las verían nuestros antepasados.

Esta recreación se ha convertido en una de las visitas culturales más interesantes del norte de España y permite entender mejor cómo vivían los humanos hace miles de años.

Perfecto para perderse sin prisa

Santillana del Mar recibe visitantes durante todo el año, aunque los meses de verano y los puentes festivos concentran la mayor afluencia turística.

Por eso, quienes buscan una experiencia más tranquila suelen elegir la primavera o el otoño. En esas épocas es posible pasear por sus calles con más calma y disfrutar del ambiente medieval sin aglomeraciones.

Además, la visita no estaría completa sin probar algunos de los platos más representativos de Cantabria.

El cocido montañés, los quesos artesanos de la región o las famosas anchoas del Cantábrico forman parte de la oferta gastronómica que muchos viajeros aprovechan para degustar o llevarse a casa.