Fabricación del Hummer eléctrico de General Motors en Detroit

Fabricación del Hummer eléctrico de General Motors en Detroit Dominick Sokotoff / ZUMA Press Wir / DPA

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El automóvil estadounidense asume más de 47.000 millones de euros en pérdidas por la transición al coche eléctrico

Stellantis, Ford y General Motors revisan sus planes ante unas previsiones optimistas y la falta de ayudas en el segundo mercado más grande del mundo.

Más información: Stellantis asume un coste de 22.000 millones de euros en el segundo semestre por la caída del vehículo eléctrico

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La transición al vehículo eléctrico está suponiendo más de un quebradero de cabeza a los fabricantes automovilísticos. Sobre todo, a aquellos que no son chinos.

En las últimas siete semanas, grupos como Ford, General Motors y Stellantis asumieron pérdidas por valor de 47.062 millones de euros. Una cifra a tener en cuenta, más aún cuando el segundo mercado más grande del mundo no cuenta con incentivos a la compra.

Y todo por el mismo motivo: la reorganización del negocio hacia un menor enfoque en los vehículos eléctricos.

Por poner un ejemplo, el precio medio de un vehículo eléctrico en EEUU al cierre de diciembre se situaba en los 50.326 dólares (42.642 euros).

Así, en EEUU se necesitaba una media de 36,2 semanas para comprar un vehículo nuevo. Una cifra que equivale a unas semanas más a las registradas en la pandemia de Covid-19, cuando se paralizó la actividad.

Pero también hay que tener en cuenta que estos consorcios automovilísticos han tenido que hacer importantes inversiones en su mercado doméstico con el objetivo de evitar los aranceles impuestos a las importaciones de vehículos por parte de la Administración Trump.

La falta de ayudas ha provocado que consorcios como Ford, General Motors y Stellantis revisen su estrategia. Ahora se dejarán de destinar tantos recursos al coche eléctrico y las inversiones irán a parar a los vehículos híbridos.

Las pérdidas más elevadas por esta revisión de la estrategia las asumirá Stellantis. El consorcio francoitaloamericano ha reconocido unos costes extraordinarios de 22.200 millones de euros debido a una revisión de su estrategia.

Todo ello motivado por una profunda revisión de sus operaciones debido a los altos costes y las caídas en ventas de vehículos eléctricos.

Que las expectativas fueron demasiado altas sobre este tipo de negocio ya nadie lo pone en duda. Ahora bien, si a eso se suma la falta de incentivos a la compra de eléctricos en EEUU, el resultado es devastador para las compañías automovilísticas.

Esta situación también le ha llevado a suspender los dividendos de cara a 2026. Todo ello ha redundado en una caída del valor de los títulos de la compañía en la bolsa de Milán. Al cierre de la sesión, las acciones de Stellantis se depreciaron un 25,17%, hasta los 6,11 euros.

Un descenso que se agudiza en lo que va de año, pues el valor de los títulos cae un 37,1%, y, sobre todo, en el último año, con descensos del 51,7%.

De hecho, la capitalización del grupo automovilístico francoitaloamericano se ha reducido en 21.460 millones de euros desde su debut bursátil, a mediados de enero de 2021.

Antonio Filosa, consejero delegado del grupo desde mediados del año pasado, destacó que "los cargos anunciados reflejan en gran medida el coste de sobrestimar el ritmo de la transición energética, lo que nos distanció de las necesidades, los recursos y los deseos reales de muchos compradores de automóviles".

"También reflejan el impacto de una ejecución operativa deficiente previa, cuyos efectos están siendo abordados progresivamente por nuestro nuevo equipo", apostilló el directivo cuyo nuevo plan estratégico se dará a conocer el próximo 21 de mayo. Con todo, Filosa se mostró optimista en una reunión con analistas de cara a 2026 y a los próximos años.

Sale de la gigafactoría

Esta situación le llevó a registrar unos costes de 14.700 millones de euros en el reajuste de los planes de producto, alineado con las preferencias de los clientes y las nuevas regulaciones de EEUU.

Esto implica "expectativas significativamente reducidas para los modelos eléctricos", destacó el grupo.

De este monto, 2.900 millones de euros son amortizaciones relacionadas con la cancelación de productos, otros 6.000 millones corresponden a deterioros de determinadas plataformas.

Además, otros 5.800 millones de euros equivalen a pagos previstos para los próximos cuatro años relacionados con productos cancelados y con otros modelos eléctricos en curso cuyos volúmenes se prevé que sean ahora más bajos.

A la hora de redimensionar ahora la cadena de suministro, Stellantis cuenta con otros 2.100 millones en amortizaciones. Todo ello está relacionado con la racionalización de la capacidad de fabricación de baterías en Norteamérica.

Así, el consorcio francoitaloamericano amortiza otros 700 millones de euros en efectivo previstos para los próximos cuatro años.

Así las cosas, Stellantis venderá a LG Energy Solutions su participación del 49% en NextStar Energy, la joint venture que tenía con el fabricante surcoreano para la producción de baterías en Canadá.

En dicha instalación Stellantis ha invertido más de 5.000 millones de dólares canadienses (3.098,5 millones de euros) desde 2022. La planta emplea a más de 1.300 trabajadores y la idea es alcanzar una plantilla de 2.500 empleados en el largo plazo.

Eso sí, el consorcio automovilístico se ha comprometido a continuar comprando las baterías a NextStar Energy.

Ahora bien, las amortizaciones que Stellantis llevó a cabo en el segundo semestre de 2025 no terminan aquí. El grupo asumió otros 5.400 millones de euros en otros cargos operativos. De ellos, 4.100 millones corresponden al cambio en la estimación de las garantías contractuales, mientras que otros 1.300 millones incluyen el coste de reestructuración relacionada con reducciones de plantilla.

Ford se pasa al híbrido

Lo cierto es que toda esta revisión estratégica llevada a cabo por los grupos automovilísticos estadounidenses se ha producido en las últimas siete semanas. El primero en dar marcha atrás fue Ford.

El consorcio con sede en Dearborn (Míchigan) reconoció unos costes extraordinarios de 19.500 millones de dólares (16.534 millones de euros) por el hecho de virar su estrategia hacia los modelos híbridos.

Una transformación que se acometerá en varias factorías estadounidenses con el objetivo de producir modelos híbridos en vez de los eléctricos. La primera medida que tomó el grupo del óvalo fue dejar de fabricar la F-150 Lightning eléctrica, uno de sus modelos insignia entre los modelos de batería.

Además de los modelos híbridos, Ford lanzará un nuevo negocio basado en el almacenamiento de baterías.

Ford también reconoció que este viraje obedece a una demanda menor de lo esperado, elevados costes de producción, así como a los "cambios normativos".

De hecho, el grupo prevé que su unidad de negocio dedicada al vehículo eléctrico, denominada Model e, sea rentable en 2029.

Un año después, Ford estima que la mitad de su producción a nivel mundial corresponda a modelos híbridos, eléctricos y eléctricos de autonomía extendida (REEV, por sus siglas en inglés).

Esta tecnología cuenta con varios años de recorrido y su uso es muy popular en China. No así en Europa, dado que los fabricantes han preferido apostar por la tecnología eléctrica.

GM eleva un 51% los ajustes

General Motors reconoció unos cargos extraordinarios por valor de 9.839 millones de dólares (8.329 millones de euros) al cierre del año por diversos ajustes estratégicos. Una cifra que supuso un 51,5% más frente a las amortizaciones del año anterior.

La partida que supuso los mayores ajustes fue la relacionada con la estrategia eléctrica, con un coste extraordinario de 7.914 millones de dólares (6.700 millones de euros). Y tres cuartas partes de estas pérdidas se produjeron en el último trimestre, cuando ya no existían incentivos a la compra de eléctricos en EEUU.

Unos cargos extraordinarios que estuvieron motivados por una reestructuración de la capacidad de producción de vehículos eléctricos y ajustes en las inversiones para adaptarse a una previsible disminución de la demanda de vehículos eléctricos por parte de los consumidores.

Pero el grupo automovilístico también reconoció que dichos cargos son en respuesta a cambios en las políticas del Gobierno de Estados Unidos, incluidos la eliminación de incentivos para los consumidores y la reducción de la rigurosidad de las normativas sobre emisiones. En román paladino, porque se prevé una mayor venta de modelos de combustión.

Mary Barra, presidenta y consejera delegada de General Motors, apuntó en la presentación de resultados que “con la eliminación de ciertos incentivos fiscales al consumidor y la reducción del rigor de las regulaciones sobre emisiones, la demanda de vehículos eléctricos en toda la industria norteamericana comenzó a disminuir en 2025”.

Por todo ello, Barra añadió que "General Motors redujo proactivamente la capacidad de producción de vehículos eléctricos”.

De esta manera, la transición en EEUU hacia el vehículo eléctrico tendrá que esperar. Situación muy distinta a la que maneja la Unión Europea. Pese a la relajación de las normativas, Bruselas quiere una gran penetración del vehículo eléctrico.

Y buena parte de los Estados miembros han desarrollado planes de incentivo a la compra de este tipo de vehículos, incluido España. Pese a ello, el liderazgo mundial lo seguirá manteniendo China, la cual domina toda la cadena de valor del vehículo eléctrico.